17 de octubre

17 de octubre

El Día que el Pueblo se levantó, y Argentina cambió para siempre

Por Juan Manuel Duarte

El camino hacia el 17: el héroe individual vs. Colectivo.

Todavía se recuerda en los círculos intelectuales, el relato de cómo los iniciadores de la historiografía argentina, se distanciaron casi para siempre-

Corrían los tiempos de la Generación del ’80, y Bartolomé Mitre, uno de los apellidos en cuestión,  había decidido crear el panteón de los héroes nacionales,  con los personajes que a él le resultaban más afines. Casi siempre, líderes unitarios. Mientras que aquellos que habían estado en el bando federal durante la época de las guerras civiles, quedaron excluidos, con Juan Manuel de Rosas a la cabeza, hasta Don José de San Martín parece haber sido puesto en duda por legarle su más preciado sable, al “Restaurador de las Leyes”.

Se buscaba mirar hacia el mundo liberal europeo de fines del siglo XIX, y todo lo que tuviera que ver con lo popular, gauchesco, y venido de las entrañas de la tierra, era mal visto, pues no servía a los intereses de la clase dominante de aquel entonces;  la misma que Mitre integraba.  Lo que se buscaba era  básicamente, traer inmigración del norte europeo, (considerados más letrados y con mayor capacidad laboral que sus vecinos del sur), para consolidar la conformación del estado agroexportador argentino. Todo esto ante la mirada atentada de la potencia dominante de la época, el imperio británico, por lo que nuestro país  poco menos que debía ser una colonia más de esa entidad, tal como aseveraría tiempo después, Pascualito Roca, el hijo del mismísimo  Hombre Fuerte de la Generación del ’80, Julio Argentino Roca.

Para eso, era necesario consolidar un panteón de héroes amigos, los Grandes Hombres; en un modelo historiográfico donde se bajaba línea desde el poder, buscando decirle decirle al Pueblo, quien era bueno y quien era malo; y  para marcarle que eran justamente que eran esos Hombres Fuertes, los que poco menos que en soledad, habían obtenido los tan mentados logros que se les adjudicaban.

Al lado de Mitre, estaba Vicente Fidel López, quien al realizar su propia historiografía, comenzó a notar grietas del modelo, así que decidió emparcharlo.  Fue obvio que la inmigración querida no era exactamente la que estaba llegando por cientos de miles, sino que era ampliamente superada por las masas pobres que arribaban escapando de las guerras y el hambre, especialmente en  Italia y España. Al finalizar  La Gran Migración de fines del siglo XIX y principio del siglo XX, serían más de 4 millones las personas que arribarían a nuestro país de forma definitiva. Ante esa carrada de gente, era necesario aglutinarlos, darles una noción mínima de los que era las tradiciones y cultura de nuestro país e ir forjando una especie de proto ser nacional. A tal fin,  la idea fue recurrir an reciente poema escrito en forma seriado por alguien a quien conocía: José Hernández, y la obra, el mundialmente conocido Martín Fierro. No fue lo que más le gustaba a quienes estban en línea con Vicente F. López, pero era lo que había mano.  Eso sí, la imagen del gaucho debía ser pasteurizada, para que pasara a ser casi un sumiso peón de estancia.

Además, tanto López como sus más afines , veían  como el mismísimo Mitre era relegado de las esperas de poder, ante una oligarquía cada vez más reducido, y que incluso durante el gobierno del yerno de Roca, Juárez Celman (puesto a dedo por su suegro), tomó el nombre de Unicato. Difícil encontrar un término más excluyente.

Y no sólo eso, sino que un enésimo yerro, el creador del Diario La Nación, creyó que podía volver al ruedo y cambiar una figurita (la de Roca) por otra (la de él mismo), y la Unión Cívica que trató de crear tras la Revolución del Parque de 1890  (contra el despotismo de Juárez Celman), fue quedando  cómo un sello de goma vacío, ante el otro partido que surgió durante aquel cataclismo político: La Unión Cívica Radical.

Así que entre la visión de Mitre, la de una oligarquía dominante  que debía imponer a héroes y próceres, y la un poco más remozada de Vicente Fidel López, la Historia Nacional siguió su recorrido casi en paralelo;  y cuando surgieron los revisionistas  con Antonio Saldias (que reivindicaban al Bando federal, con Rosas a la cabeza), fueron dejados al margen de la historia, seguramente por riesgo de a oponer el pensamiento de que “nadie se salva solo”, a ese héroe individualista.  Y también por plantear que Juan Manuel de Rosas, Güemes, Peñaloza, Facundo, etc. llegaron a ser lo que fueron, gracias a l Pueblo que los colocó en el lugar histórico que ocuparon.

Tras la era del Fraude Electoral, y el acaparamiento de las riquezas en pocas manos de La Generación del ’80, llegó en 1916  la UCR (los radicales) al poder junto un cierto sector medio y popular urbano, tras la lucha que junto a los Socialistas dieron por conseguir el voto universal. Que en realidad fue semi universal…hasta 1947, con la Ley de Voto Femenino, del Gobierno Justicialista.

Durante los mandatos radicales, la matriz económica no cambio, ni tampoco quienes acaparaban las riquezas, siempre en manos de la oligarquía; y si bien derramó un poco más hacia esos sectores medio y populares urbanos que los condujeron al poder; fue hasta ese pequeñísimo cambio,  uno de los motivos del golpe de estado que padecieron 1930, y que sufrió todo el país, y en el que se le dio fin a la vida política al respetable líder radical, Don Hipólito Yrigoyen.

Tras el golpe, retornó al poder más de lo mismo de antes: lo peor del fraude electoral, lo peor de la concentración de riquezas, la prohibición del radicalismo Yrigoyenista, nuevas divisiones en ese partido, t el poder real…se mantuvo siempre en las mismas manos.

Mientras tanto, las ciudades crecían cada vez más, y desde los años ’30 comenzó a arribar una fortísima migración interna, que fue conformando los conos urbanos de las ciudades con El Conurbano Bonaerense cómo el más grande de ellos.

Trece largos años duró La Década Infame Pero todo esto empezó amostrar signos de cambio en 1943, con el único levantamiento nacionalista e industrialista que tuvo  nuestra Patria: La Revolución Militar Nacionalista del G.O.U, o Grupo de Oficiales Unidos.

 Los militares llegados al poder, arribaron con las ideas y proyectos de otros uniformados fuertemente industrialistas, con apellidos como Savio, Iribarren, Pistarini, San Martín, etc. entre los principales. Todos continuadores de las ideas de inversión mixta (pública y privada) con preponderancia y gestión del Estado, del difunto General Mosconi, ideólogo y primer director de YPF.  Dentro de ese grupo de  militares que tomó el poder, llego un joven coronel que se convertiría en el líder más trascendental del siglo XX: Juan Domingo Perón.

Perón y El G.O.U

Por la acción del G.O.U, entre 1943 y 1945 se  generaron empresas fundamentales para el desarrollo de la Nación, se intervino en el mercado de granos (condición imprescindible para la posterior creación Instituto Argentino de Promoción del Intercambio -IAPI-), se tomó el control del sistema financiero;  se democratizó profundamente la enseñanza educativa; y se crearon los Altos Hornos Zapla (en Jujuy),  las Industrias Químicas Nacionales; La Sociedad Mixta de Industrialización del Cromo, y se transformó ATANOR en una sociedad mixta, con participación estatal.

Y se reconoció de manera sin precedente  la labor de los sindicatos, con la creación de la Justicia Laboral, la indemnización por despido, los convenidos colectivos de trabajo, el Estatuto del Peón, la jubilación para los empleados de comercio, la atención médica gratuita en las fábricas, y el Estatuto del Periodista Profesional. Desde el ignoto Departamento de Trabajo, creado también por el GOU, y con Perón a la cabeza se comenzó a nuclear a cada más gremios y sindicalistas, y las mejoras para la Clase Obrera,  tanto a nivel salarial como en la mejora de las condiciones de vida de millones obreros, fueron cada vez más notorias. El Departamento, luego fue ascendido Secretaria, y ambos fueron el antecedente del posterior Ministerio de Trabajo.

También enero de 1944,  durante el evento de recaudación de fondos en el Luna Park promovido por el Coronel Perón para recaudar fondo para ayudar a los damnificados por el terremoto en San Juan,  Juan Domingo conoció a quien sería su gran compañera de vida: María Eva Duarte de Perón, Evita, y juntos se convertirían en la pareja política más importante en la historia de Latinoamérica.

La dignidad había llegado definitivamente a la sociedad argentina. Pero los cambio promovidos por Perón no gustaron a todos, especialmente a quienes añoraban los tiempos del fraude y el acaparamiento en pocas manos. A mediados de 1945, la Bolsa de Comercio puso el grito en el cielo, junto con más de 300 asociaciones patronales, y contra esto la CGT organizó una multitudinaria marcha donde por primera vez, el Pueblo marchante comenzó a autodenominarse “Peronista”.

Ni lerdos ni perezosos, los opositores al Coronel generaron un rejunte variopinto de expresiones tan diferentes como la enésima división de los radicales junto a los conservadores, pasando por filocomunistas y demócratas progresistas. Mientras tanto el naciente Peronismo, tomaba las banderas dela Justicia Social, provenientes de la Doctrina Social de la Iglesia (D.S.I) para afirmar aún más su identidad.

En medio de esta nueva dicotomía planteada, la oposición, autodenominada luego Unión Democrática organizó una masiva marcha  en septiembre apoyada por el embajador de Estados Unidos, Spruille Braden, y que finalizo en el Barrio de Recoleta. Aquello impactó  fuerte entre varios miembros del gobierno del Presidente Edelmiro Farrel, tanto por su número, como por el lugar de finalización, pero aún más por el apoyo foráneo recibido.

Así, el 12 de octubre de 1945 Juan Domingo Perón fue apresado y llevado a la Isla Martín García. Cansado y agotado, trató de calmar a una afligida y nerviosa Evita, hablándole de irse a Chubut cuando lo liberaran,  y de casarse y publicar sus memorias. Parecía el final, mientras sus opositores se regodeaban en su aparente victoria…

…Pero no, no fue el fin de la Historia, sino más bien, su inicio…

 EL 17 de octubre de 1945, el Pueblo de pie-

Cómo en aquellas viejos cuentos populares donde hay momentos en lo que todo parecía estar perdido, y donde muchos se decían a sí mismo “es ya no puedo luchar más” o  “¿Por qué vamos a seguir luchando”; fue  ahí, en las puertas del abismo, donde emergió el Laos griego, el Pueblo levantado,  en modo fin del mundo. Cómo dirían los viejos paisanos de antaño “¡En la cancha se ven los pingos!”.¡Y vaya si se vieron!…

Adolfo Bioy Casares contaría muchos años después que se encontraba en las inmediaciones de Plaza de Mayo aquel histórico día, cuando comenzó a ver masas humanas de gente que ni siquiera sabía se imaginaba que existían. Eran los que estaban afuera, los expulsados del sistema, y que el Peronismo había levantado  y que ahora se habían alzado para defender lo que era suyo.

El Pueblo se negó a que el encarcelamiento de Perón fuera el final de la historia. Si fue Cipriano reyes,  Ángel Perelman (U.O.M.),  Víctor Mercante, Isabel Ernest (Secretaria de Mercante) o la mismísima Evita  quien dio el primer paso; o si fueron todos a la vez, eso hoy ya queda en segundo plano.

El Pueblo, unido, jamás será vencido, y fue ese mismo Pueblo el que se dimensionó a sí mismo, y cómo nunca antes en nuestra Patria, dio vuelta la taba, cambio La Historia de  Argentina para siempre.

Desde la madrugada de aquel miércoles  17 de octubre de 1945, comenzó la movilización de los trabajadores en La BocaBarracasParque Patricios y de los barrios Mataderos, Lugano y Liniers, También en La Matanza y las zonas industriales de sus alrededores. En Tucumán la FOTIA se declaró en huelga, al igual que los gremios de Rosario.

De Ensenada y Berisso miles de trabajadores salieron rumbo a La Plata, donde decenas de miles más se les unieron rumbo a la Ciudad de Buenos Aires. El movimiento estaba apenas coordinado por algunos dirigentes gremiales que agitaban pedidos de libertad para Perón desde días anteriores y la principal fuerza de impulso provenía de esas mismas columnas que mientras marchaban  hacia la capital iban uniendo a cada vez más trabajadores.

Miles atiborraron los medios de transporte,  mientras miles más se subían a camiones o a donde pudieran para ir hasta la Plaza de Mayo, y decenas de miles se fueron uniendo a pie. Una multitud salió de Quilmes, y el número de quintuplicó  cuando llegaron a Avellaneda. En Lanús y Lomas de Zamora pasaba lo mismo. Al igual que en Merlo y Moreno. La policía tenía la orden de levantar los puentes sobre el Riachuelo, pero gran número de sus integrantes se terminó uniendo a las filas de los marchantes. Sus rostros, curtidos por el trabajo y el sol, denotaban cansancio, transpiración y agotamiento, junto a mucha, muchísima dignidad. Se miraban y se alentaban mutuamente. Y al llegar a la capital, muchos incrédulos vecinos los observaron anonadados cómo si llegaran de otro planeta, mientras muchos otros se les unieron.

Las noticias no paraban de llegar a la Casa Rosada y comandancias militares. El almirante Vernengo Lima, contrario a Perón, pedía represión contra las masas, pero el Presidente Edelmiro Farrel no dio el brazo a torcer. El General Ávalos, nuevo Ministro de Guerra, también se dio cuenta de que aquella multitud casi auto movilizada,  había sobrepasado todas les previsiones posible, y abortó cualquier salida de Campo de Mayo de uniformados contra las multitudes auto convocadas

Allí estaban efectivamente, los denominados con desprecio como “Cabecitas Negras” “Morochos”, o “Los Negros”, metiendo sus pies en las fuentes de La Plaza de Mayo, al grito de ¡Perón, Perón, Perón!, un clamor que se repetía en todas las provincias. Las horas pasaban y con ellas, lejos de irse, los manifestantes se multiplicaban. Las cifras hablan de 500.000 en total o más sólo en Plaza de Mayo y alrededores. Perón ya había sido traslado por el gobierno, desde la Isla Martín García al Hospital Militar de Buenos Aires, en la Avenida Luis María Campos del Barrio de Palermo.

El General Farrell mantuvo una actitud expectante pero con el correr de las horas fueron aumentando el nerviosismo y la intensidad. Finalmente, ante la contundencia de la presión popular,  comprendieron que si no liberaban al Coronel Perón, aquello no iba a hacer otra cosa que crecer,  y pactaron las condiciones  de su liberación con el propio líder emergido del Pueblo: él hablaría a los manifestantes para tranquilizarlos, no haría referencia a su detención y logrería que volvieran a sus hogares.  El General Ávalos pasaría retiro; Perón también se retiraría y no volvería  ocupar ningún cargo, pero a cambio se convocarían  a elecciones libres para los primeros meses de 1946. Las primeras elecciones libres desde 1928.

A las 23:10  Juan Domingo Perón salió exultante y cansado al balcón de la Casa de Gobierno y habló a los trabajadores, mientras ellos, El Pueblo, celebraban extasiados y exhaustos, su gran triunfo. El Coronel  anunció su retiro, agradeció emocionado al Pueblo y antes de pedir que volvieran pacíficamente a sus casas, les dijo que desde ese día, iba a sentir el verdadero orgullo de ser Argentino, porque aquel movimiento colectivo que lo había liberado era el renacimiento de la conciencia de trabajadores, lo único que puede hacer grande e inmortal a la Patria.  Y  luego los llamó a unirse y a ser más hermanos que nunca; porque sobre esa  hermandad de los trabajadores iba a levantarse “nuestra hermosa Patria, en la unidad de todos los argentinos”.

Aquellos hombres y mujeres regresaron  felices a sus casas, con la dicha de haber conseguido aquello por lo que tanto habían luchado. Y no están dispuestos a abandonar a aquel que tanto había hecho por ellos.  Unos días después se Perón casó con Evita, y ambos mantuvieron un profundo agradecimiento hacia el Pueblo Trabajador.

Finalmente, tras vencer en los comicios de principios de 1946,  acrecentaron lo hecho durante el G.O.U, y  los logros sociales, y los Derechos del Trabajador no hicieron más que aumentar, siguiendo las tres banderas de la Soberanía Política, la Libertad Económica y la Justicia Social.

 Hoy como parte de aquel legado, todos los hombre y mujeres de Argentina (incluso los que no son Peronistas) cobramos el aguinaldo, tenemos vacaciones pagas, jornada limitada, salario mínimo vital y móvil,  protección contra el despido arbitrario, organización sindical, Obras Sociales, turismo social, jubilaciones y pensiones móviles, salario familiar; y el derecho a  huelga, a acceder a la seguridad social y la vivienda digna. Ellas, también pudieron votar gracias a la Ley Eva Perón de voto femenino, dejando atrás años de absurdo menosprecio, y finalmente el voto fue universal.

Las mujeres y hombres de aquel 17 de octubre de 1945, ganaron. Todos ganamos. Los que descendemos de ellos también. Ganó toda la Argentina, a excepción de algún grupúsculo  que quería perpetuar la indignidad y el despojo. Pero lejos de quedar en los libros de historia o en decenas de notas u artículos periodísticos, la LEALTAD debe continuar  renovándose día a  día. Lealtad el legado de Perón y Evita, y hacia todos los que lucharon por mantenerlo y engrandecerlo. Porque no faltan, ni faltarán nunca, aquellos que traten de minar todo lo logrado, atacando también a quienes defiendan los Derechos emanados de aquel 17 de octubre.

Por eso nuestro deber es estar siempre atentos ante ello, como quienes nos precedieron  e hicieron aquel 17 de octubre, día fundamental día de nuestra Historia Nacional.  La jornada en la que se levantaron de  entre las cenizas de lo profundo de la Patria para parir a un líder venido de esas mismísimas entrañas de la tierra,  no a un hombre fuerte puesto a dedo desde arriba, sino aun líder al que  siempre sintieron suyo, parte de   ellos mismos, y que nosotros mismos hoy continuamos sintiendo así; miembros de ese Movimiento Nacional Justicalista, de esa Comunidad Organizada, que cambió a la Argentina para siempre.

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