Manuel Ugarte y los antecedentes de una patria Hispanoamericana.

Manuel Ugarte y los antecedentes de una patria Hispanoamericana.

Manuel Ugarte (1875-1951)

Ugarte fue uno de los grandes pensadores socialistas que a comienzos del siglo XX comprendió la amenaza de la Doctrina Monroe para las naciones de América latina. El joven Perón, que con tanta precisión había leído la doctrina kantiana, vio en Ugarte a un autor en quien renacía la idea de un destino común que fuera desde México hasta la Tierra del Fuego. Muchos años más tarde incorporaría a este pensador en el cuerpo diplomático de nuestra nación en Cuba.

Como explicó Jorge Abelardo Ramos: “Ugarte retomaba el pensamiento de los libertadores, en particular de San Martín y Bolívar, y planteaba en términos modernos la necesidad de una nueva unión de Estados que no sólo hiciese frente al imperialismo yanqui o a cualquier otro imperialismo, sino que permitiese al continente ingresar a la historia moderna como gran nación, desarrollar su industria, elevar el nivel de vida de sus habitantes y forjar las bases de una cultura nacional. Por su mismo carácter de precursor intelectual del problema, no pudo prever de qué manera la evolución y la crisis del imperialismo planteaban a América latina la exigencia de su unificación nacional”.

Dentro de la evolución capitalista, tenemos momentos bisagras que marcan la irrupción de la crisis del sistema. Uno de esos momentos sucede cuando el mercado interno de una potencia ya ha sido colmado por la evolución de las fuerzas productivas. La frontera del consumo nacional ya no satisface la creciente ola de productividad. Entonces el imperialismo surge como la necesidad de abrir otros mercados en los que colocar el excedente. Este proceso se dio primero en Inglaterra, luego Francia y en los Estados Unidos para ser completado un siglo más tarde por las burguesías de Alemania e Italia del norte.

En América latina, los autores marxistas que luego se habrían de volcarse a los movimientos nacionales entendieron que nuestro subdesarrollo provenía en una debilidad endémica. Habíamos nacido a la independencia formal como parte de un sistema de contrapesos por el cual las economías inglesa y francesa necesitaban balcanizar a nuestro subcontinente con la idea de colocar allí parte de los excedentes del capital productivo y financiero. Nuestra guerra de liberación obtuvo grandes resultados en el plano político por la acción firme de nuestros padres fundadores. Como ya lo había anticipado ese brillante economista que fue Manuel Belgrano, no teníamos gravitación en la esfera económica. Faltaba una parte esencial para el logro de un crecimiento armónico de nuestras sociales: nos referimos a las burguesías nacionales, sector determinante en la puja por el control y el dominio del sistema productivo. América latina pasó de la dependencia de la metrópoli a una nueva forma de colonización interna. Las oligarquías patricias que tomaron el control del Estado se acomodaron, en sus distintas etapas, a una división internacional del trabajo cuya plusvalía se generaba a partir del subdesarrollo de vastas regiones del planeta. Desde hace dos siglos las naciones latinoamericanas poseen un doble frente de conflictividad, ya que están amenazadas por el poderío internacional (vía militar, vía financiera) y por el apéndice interno de ese poderío (los sectores concentrados que han hecho del Estado su dominio privado).

En su lectura dialéctica, Ugarte traza una argumentación clara: Estados Unidos debe ser mirado como un modelo de desarrollo industrial, porque esto implica superar la idea de la feracidad y la enjundia de la tierra como una especie de bendición natural con que podemos crear a nuestros países. Ese tópico, propio del liberalismo dependiente de la primera generación oligárquica[1], es el que debía ser desterrado. Sin embargo, había que agregar un elemento revolucionario: la creación de partidos clasistas que incorporaran a los distintos sectores de la pequeña producción y del proletariado. Allí se tiende ese puente que va a comunicar a la izquierda con el primer justicialismo. La historia del Socialismo (y acaso la del primer radicalismo que habría de conformar el pensamiento de FORJA) estará marcada por la tensión entre el republicanismo social europeizante y la conformación heterogénea de los distintos frentes nacionales.

El Socialismo argentino hizo de Ugarte un extraño, ya que nuestro pensador no dudó en criticar a la socialdemocracia europea como parte del gran cadáver capitalista que se lanzaba a la barbarie de la primera gran guerra. Los empréstitos de guerra aprobados por la izquierda democrática europea fueron analizados por nuestro autor como parte de las estrategias de colonización que las naciones opresoras utilizan para el logro de sus empresas expansivas. El sector político parlamentario que debía representar a los trabajadores encontraba excusas para estar del lado de los dueños del capital militar. Como consecuencia de esta actitud intransigente frente al poder corporativo, en 1914 fue expulsado del Partido Socialista y de las primeras masas que de a poco iban formando el proletariado nacional. Faltaba que esas masas pasaran, treinta años más tarde, a la vida política como una auténtica expresión de la nación de los trabajadores argentinos. Si bien la obra de este escritor no es la de un revolucionario, cabe interpretarla como la del auténtico precursor de la izquierda nacional.

Su pensamiento industrialista fue un punto de convergencia para autores que empezaron a repensar la cuestión de la auténtica soberanía. En 1916 reseñó: “Lo que arguyen que con nuestra industria aumentará el precio de los artículos, se olvidan de que precisamente, desde el punto de vista obrero, la industria resulta más necesaria. Abaratar las cosas en detrimento de la producción nacional es ir contra una buena parte de aquellos a los que se trata de favorecer, puesto que se le quita el medio de ganar el pan en la fábrica. Disminuir el precio de los artículos y aumentar el de los desocupados resulta un contrasentido. Interroguemos a los millares y millares de hombres que pululan en las calles buscando empleo a causa de las malas direcciones de la política económica. Preguntémosles qué es lo que elegirían: vivir más barato a no tener con qué vivir. ¿De qué le sirve al obrero que baje el precio de los artículos si no tiene con qué comprarlos (…) No se trata de teorías de proteccionismo o de librecambio. Si queremos favorecer no sólo a los intereses de nuestros habitantes, sino a las exigencias superiores de la Patria, si deseamos trabajar para el presente y para el porvenir, tendremos que prestar atención a lo que descuidamos ahora. Se abre en el umbral del siglo un dilema: la Argentina será industrial o no cumplirá su destino”.[2]

En Ugarte se prefigura la acción de Alejandro Bunge, de Juan Domingo Perón, de Marcelo Diamand, de Aldo Ferrer, de José Ber Gelbard y de la actitud que intentó el kirchnerismo en sus doce años de gobierno. Por supuesto que la realidad de 1916 no es igual a la de 1973 y mucho menos a la de 2025. Los procesos del capitalismo no retroceden. Tampoco se explican con fórmulas de otras épocas. En la economía de la informática y el conocimiento hay que actualizar y redefinir los conceptos. No obstante, un Estado soberano debe cuidar todos los centros neurálgicos de la productividad para competir en el mundo globalizado que nos toca. Todo el litio argentino debe ser custodiado para desarrollar una industria nacional que utilice a este mineral como materia prima. Su extracción, ya sea por empresas chinas o norteamericanas nos saca la posibilidad de convertirlo en algo distinto. Pero además, se lo extrae sin cuidar la fuente esencial de la vida, que es el agua. Las poblaciones del norte del país asisten a la desertificación de su tierra. ¿De qué nos sirve que a las arcas de los estados provinciales les quede un tres por ciento de lo extraído, si esta política no genera empleo y destruye fuentes de empleo relacionadas con el agro familiar? ¿Cuántas cooperativas podríamos generar si el litio fuera extraído atendiendo al cuidado de los recursos hídricos? ¿Cuántos empleos surgirían si en vez de la mera extracción, nos convirtiéramos en productores de autos y locomotoras eléctricas? ¿Cuántos talleres ferroviarios podríamos instaurar en esas mismas provincias que reciben las migajas de una política diseñada para mantenernos sujetos? ¿Cómo es que no podemos tener una empresa de telefonía celular que sea estatal? ¿Cuántos miles de millones de dólares perdemos en la importación de una telefonía que para bien o mal se ha convertido en uno de los pilares de la economía actual?

El pensamiento productivo es concebido dentro del marco de una unión de países de América Latina. Tenemos una auténtica prefiguración de las dos grandes ideas de los siglos XX y XXI: el Mercosur y los Brics.

En una de sus cartas, Ugarte reflexiona: “Si la América Latina se encuentra en la situación que comprobamos, es debido a los que entregaron a las compañías extranjeras, minas, ferrocarriles, monopolios, concesiones y empréstitos que tienen que dar lugar fatalmente, más tarde, a reclamaciones, conflictos, tutelas y desembarcos […] Hay que renovar los sistemas, hay que propiciar una ideología revolucionaria capaz de sanear y hacer revivir cuanto fue anemiado por el parasitismo y la politiquería. Contra el imperialismo invasor, muy bien. Pero también contra nuestros gobiernos impopulares. Vamos hacia el porvenir con el pueblo, con la juventud, con las fuerzas futuras. Sólo podrá detener el avance del imperialismo, una América nueva». «Debemos gritar y obrar contra los oligarcas, contra los presidentes inconstitucionales y contra los partidos políticos para quienes los más grandes problemas sociales son esas pequeñeces que salen del egoísmo y del comercio ilegal […] Nada debemos esperar de los hombres que desde nuestros gobiernos han metido a la América Latina en las fauces del dragón imperialista. Necesitamos hombres y fórmulas nuevos y esto solo lo encontraremos entre los hombres jóvenes, en los partidos avanzados que son los verdaderos y únicos defensores de la nacionalidad”.

Cabe aclarar que esos partidos oligárquicos no pertenecen exclusivamente a las derechas capaces de comprar espacios electorales. En el caso de nuestra historia tanto el radicalismo como el peronismo se convirtieron en lacras al servicio del subdesarrollo. Y cuando los partidos populares se prostituyen con toda su inmunda corruptela, se deja el campo abierto a los experimentos feroces efectuados con militares o con gobiernos parademocráticos[3] cuyos intereses, concordantes con los fondos buitre y los organismos de crédito, pasan por el desguace final de la nación americana.

A un año del primer golpe de Estado, Ugarte reflexiona: “«Después de la Independencia, nuestra organización económica siguió siendo colonial, colonial de este o de aquel país, pero siempre orientada hacia el mar. Nadie previó las consecuencias de los abandonos. Nadie trazó un plan de explotación conjunta. Tomando las apariencias por realidades, se consideró como nuestra la riqueza que los extraños movilizaban dentro del territorio argentino. Por el camino de las concesiones, hemos ido llegando así a un punto en que cuanto anuncia prosperidad se halla regulado o servido por organismos que absorben desde fuera el beneficio principal. Cada movimiento de nuestra vida suele ser un diezmo pagado a otras colectividades. Nuestros mismos productos básicos se hallan dominados por industrias de transformación o acaparadores. Si a esto añadimos el desgaste de los seguros, los bancos, los transportes, cabe preguntarse qué nos deja la riqueza que se va. Cuando subimos a un tranvía, entramos a un cine, cablegrafiamos, oímos un disco, descolgamos el teléfono o nos embarcamos para Europa, pagamos al extranjero contribuciones más elevadas que las que nos impone nuestro propio Estado. El ausentismo absorbe las mejores rentas. Los empréstitos que nunca se emplearon en valorizar el territorio, nos doblan bajo influencias asfixiantes […] No trato de justificar al régimen derrocado. Pero digo que todo esto no es obra de un hombre ni de un partido: es obra de una oligarquía, es obra de una clase dirigente que no siempre supo dirigir y es contra ese desorden que tendremos que reaccionar si queremos salvarnos […] Es el Estado el que tiene que coordinar la producción, la riqueza y el trabajo, esgrimiendo a la nación en su eficiencia global para equilibrar y defender la vida colectiva en la etapa de loca competencia que es como el sobresalto agónico de la concepción que se va. Sólo un gobierno que pueda hablar realmente en nombre del pueblo tendrá fuerza para intentar esta obra. Sólo él estará interesado en realizarla también […] Sólo él se sentirá con la energía suficiente para remover intereses poderosos, porque su esperanza misma se hallará ligada a la elevación del conjunto, dado que no hay reforma social sin un plan nacional que la soporte”.

Hay en el pensamiento de nuestro autor un intento de democratización dentro de lo que sería la primera corriente de socialismo nacional. Execra públicamente al fascismo en el momento en que esta corriente se hace fuerte en los años 20 y 30. Hoy mismo, que tenemos un resurgimiento de gobiernos que ha hecho de la violencia contra los sectores más vulnerables su carta de presentación en la sociedad, nos conviene revisar lo que otros hombres pensaron: Respecto del famoso discurso de Lugones en Ayacucho, en el cual se exalta la hora de la espada, Ugarte escribe: «La afirmación del Sr. Leopoldo Lugones, según la cual “ha llegado la hora de la espada» no puede ser más inexacta. Si algo ha pesado duramente sobre nuestra América desde la independencia ha sido la espada. Si de algo aspiran a libertarse nuestros pueblos es de la espada. Esa expresión simboliza precisamente para nosotros el atraso, la guerra civil, el sometimiento a las influencias extrañas”. Se ha hablado incontables veces del fascismo dentro del primer movimiento peronista. Pero el fascismo ha buscado un régimen corporativista que depusiera a los partidos políticos y anulara la acción sindical. Basta mirar la historia para ver que el peronismo, como todo movimiento latinoamericano de liberación, posee una orientación democrática mucho más constitucionalista y liberal que todas las tendencias católicas, conservadoras y neoliberales que lo derrocaron o que tomaron el poder con un auténtico contubernio de fuerzas antinacionales.[4] Por eso tomará una posición sorprendente en 1930. Mientras que la derecha y la izquierda liberal celebran la caída del yrigoyenismo, el pensamiento de Ugarte comprende el inicio de un retroceso que será fatal para el país. Pero hay otro aspecto fundamental: nunca creyó que la Argentina de la belle époque había sido un país pujante caído en desgracia por la llegada del primer movimiento histórico. En pleno 2025, todavía escuchamos la misma simplificación acerca de nuestra dialéctica histórica cuando se dice que el peronismo derribó a la Argentina destinada a ser potencia. Nunca fuimos potencia ni mucho menos. Las potencias poseen un corazón industrial para expandir sus procesos de acumulación. Las vacas y el trigo pueden generar una buena factoría, jamás una nación soberana. Lo mismo ocurre con la soja, la especulación financiera y los delirios de las cripto-monedas. Nada de eso conforma un país serio. Son apenas procesos de financiación y drenaje de divisas destinados una y otra vez al fracaso.

Analiza Ugarte: “Dentro de la clasificación un poco incierta de los partidos políticos argentinos, el radicalismo expresa a la burguesía democrática. El gobierno de Yrigoyen respetó el sufragio universal y significó un progreso esencialmente civil. Las fuerzas militares que lo han abatido, inspiradas en una ideología fascista, representan, por el contrario, la tendencia autoritaria […] Los conservadores argentinos, minoría electoral compuesta principalmente por los propietarios del suelo erigidos en clase dominante, con pretensiones aristocráticas, se impusieron durante largos años. Sus dirigentes, dedicados a los grandes negocios y siempre dispuestos a entenderse con las compañías norteamericanas e inglesas y a hacerles concesiones imprudentes, son los representantes en política interior de la preeminencia oligárquica y en política exterior de las influencias extranjeras. Ellos retardaron varias décadas la evolución política y social de la Argentina, justamente hasta el advenimiento del radicalismo”.

La idea de una Confederación Latinoamericana en la que todas las naciones se unan y dinamicen un proceso de industrialización y de mutuas protecciones contra el intervencionismo del imperialismo aparecerá como la cuestión esencial para llegar a la verdadera libertad.

“En realidad, la grandeza de los Estados Unidos no se ha hecho solamente con el esfuerzo de sus nacionales. Son las muchedumbres que han alimentado con el sudor de su frente las plantaciones de la América Central, los cafetales de las Antillas, las minas de Bolivia y de Perú, multitudes que no trabajaron para sí puesto que nada quedó en esos territorios. Son ellas las que han creado la verdadera riqueza y el esplendor de la nación del norte, de tal suerte que se puede decir que el oro americano se ha acuñado con la miseria y con el dolor, cuando no con la sangre, de todo un continente sometido”.

Quisiéramos cerrar este parágrafo con una reflexión que nuestro autor hace sobre el falso republicanismo. Sabido es que un político utilizó el término casta para defenestrar la política. Apelando a una verborragia mediocre, se atacó a todo el sistema político para minarlo desde adentro. Don Manuel Ugarte ya había entrevisto que la suma de instituciones civiles no conforma necesariamente una democracia. De hecho, los que hoy critican a la casta son parte de esa misma casta. Pero estos habladores tienen una nueva misión: reforzar el contubernio con el que se finge una lucha que mantiene la verdadera concordancia de los elementos oligárquicos que han destruido al país. Ugarte ya los intuía y por eso escribió:

La democracia esencial

Pero hay que operar sobre bases sólidas. Por encima del verbalismo se impone, para empezar un estricto aforo de la que contiene la palabra democracia, visiblemente desviada de su significación cabal. El uso y el abuso que de ella se ha hecho obliga a expurgarla de escoria y parásitos, para restablecerla en su severa dignidad.

… No hay que identificarla con las instituciones creadas en determinados momentos para servirla. Estas son auxiliares o representativas, y como tales pueden ser temporales y ocasionales. Sería absurdo considerarlas como inamovibles.

Hay que ajustarse a la hora en que se vive y hacer la autopsia implacable de las realidades.

El Parlamentarismo convirtió en personajes a muchos hombres desprovistos de valor que sin el título de diputados no hubieran sido nada… Detuvo en muchas ocasiones la evolución, haciendo residir la democracia en apariencias engañosasInstituyó una especie de mercado de la popularidad que hace residir el éxito en adular a la mayoría (idealmente representada, no siempre real).

En muchos países se ha creado así una suprema bolsa de influencias individuales, y el político más escuchado ha solido ser el que sabe decir en hora oportuna: “Tengo tantos vagones cargados de democracia, ¿a cuánto me los cotizan ustedes?

El primitivo postulado superior se corrompió hasta el punto de que cada vez que hoy se oye invocar una necesidad pública, uno se pregunta qué interés de partido o de círculo se trata servir.

No hay que confundir, pues, a la democracia con la especulación demagógicaLa verdadera democracia consiste en servir al pueblo y no en servirse de él. Reside en principios, no en los procedimientosLa intención fundamental debe sobreponerse a las fórmulas… En su encarnación presente esas fórmulas han engendrado dos rémoras: la corrupción administrativa y el político profesional, y en el peor de los casos siempre valdría más tener la realidad sin los símbolos, que los símbolos sin la realidad esencial. Lo esencial no es que el poder parezca de todos, sino que sea en realidad para todos. El primer imperativo es el destino permanente de la colectividad y la felicidad de los individuos.

El gobierno es un servidor de la Nación en su síntesis suprema de extensión y perdurabilidad. Nos hemos alejado tanto de las fuentes que hay que empezar por deletrear las ideas y definirlas, y evitar la confusión entre el continente y el contenido, entre el instrumento y la obra, entre el verso y la poesía, entre el rito y la fe.

Una tendencia superficial nos hizo suponer que la democracia reside en candidatos designados por la burocracia de cada partidoconsagrados en elecciones a menudo fraudulentas (o digitadas) y preocupados en todo momento por su reelección.

La esencia de la democracia radica en el compromiso de que, a igualdad de capacidades, todos los ciudadanos tendrán acceso a todas las situaciones, y de que siendo la finalidad perseguida el bien generalse ha de encarar la vida colectivamente para impedir que la nación pueda ser utilizada para provecho o capricho de un jefe o de un grupo.

  1. Lo peor es que hoy, en pleno 2025, volvemos a escuchar discursos que atrasan un siglo y medio por parte de los sectores de la derecha vernácula. Más adelante volveremos sobre el tópico.

  2. Diario La Patria. Número 1.

  3. Se insiste con el carácter fascista del gobierno surgido en la Argentina en 2023. Otro error conceptual. El fascismo es la expresión de las altas burguesías industriales que necesitan frenar la demanda obrera y buscar nuevos sitios de extracción de recursos naturales. A nuestro país no lo gobierna el fascismo, ya que sus autoridades no representan nada que tenga que ver con la expansión imperial del Estado. Por el contrario, el interés de los grupos neoliberales pasa por destruir definitivamente la producción nacional y encuadrar al país dentro de un orden económico que no se basa sobre el ahorro interno, sino sobre el endeudamiento y la pérdida del control de las variables económicas. Hay una enorme violencia en la acción gubernamental, eso es innegable. Pero no toda violencia es fascismo. La experiencia ecuatoriana, brasilera y la que cursa en la actualidad nuestra nación puede ser catalogada de “parademocrática”. Son gobiernos elegidos por el pueblo. Una vez logrado el triunfo electoral, la acción política se orienta a la destrucción del pacto civil democrático. Es una implosión de la democracia desde adentro. La preposición griega “para” significa “junto a”. Tanto el bolosnarismo como el macrimileísmo son expresiones que están “junto a la experiencia electoral de la democracia”, pero llegados al poder no pueden más que arrasar la verdadera convivencia social. El papel de las redes ha sido crucial para estas nuevas formas de violencia que operan en el plano informático y comunicacional para pasar luego a la acción concreta. El único gobierno fascista de la actualidad es el de Trump, ya que su proyecto político es imperial, expansivo y proteccionista. Utiliza la violencia también, pero con finalidades distintas. Sea como fuere, la palabra política ha entrado en un cono de sombras y hay que ver los nuevos modos de restaurarla.

  4. La imagen de un Ministro de Economía hablando con la estatua de la Virgen de Luján a un costado presenta un costado de siniestra comicidad. ¿Acaso la Virgen intercede ante Dios y ante el FMI para endeudarnos, quitarnos por generaciones toda posibilidad de soberanía y apalear jubilados?

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