
Aquí y allá, un prólogo a nadie.
Un colimba que se rehúsa a disparar contra sus propios compatriotas. Un tintorero de barrio entregando poemas debajo de las faldas de un país que le quieren quitar la alegría. Un justo periodista escribiendo sobre san justo. Un concejal de carácter fuerte que no se queda callado. Almafuerte es el poeta que lo antecede y La Matanza es el desprendimiento de un cordón fabril que se resiste a ser mancillado. Aquí, las pausas, los pasos y las palabras. Allá, la esperanza de un mundo mejor. Allá, Delfor arrastrado al infierno, acá, la memoria late por las calles que lo vieron fatigarse de bronca y de impotencia. Allá, Delfor. Acá Soto. Allá, poesía, acá nostalgia y abandono. Acá Delfor camina por Almafuerte y gira por la calle Salta hasta Entre Ríos. Se detiene, prende un cigarro y arroba una bocanada de humo a la noche que lo cubre para que nadie lo vea. Sigue un eclipse eterno y se sigue preguntando si entendimos que era el amor.
»No, no lo has mirado. Ni te has detenido siquiera a la vera del camino para verlo abajo destrozado, lo has dejado sin luz”
No se fue Delfor, se lo llevaron. Allá, se lo llevaron. Aquí, en reposo.
«Tiempo de quebrar el murmullo que hastía y poder internarme en la caverna hueca, invisible y silenciosa, inconmensurable azul e indefinible de mis sueños»
Aquí en reposo pero nostálgico. Delfor late cuando hablamos y recordamos, nos dice, se lamenta, se disgrega, no entiende, que va a entender si ya lo había entendido todo.
» Dormita la aldea, meditan los muros…el sol es la luna noctámbula, precisa surcando el cosmos tras nubes de plomo que disfiguránse en la marcha sin pausa».
Allá Soto empuñando rabia, acá Delfor convertido en memoria y poesía.
«Bajo mis pasos como si quemaran de pronto las aceras de la villa se van encendiendo, es gris, hoy está marcada por banderas de fuego. Ya no quedan esquinas sin fantasmas ni recuerdos, ya no puedes escapar, el camino de ida es el regreso”
Anda Delfor por nuestras calles y nos anda diciendo, porque ya sabía lo que se venía y lo escribió para el recuerdo.
«La gente me mira como si se burlara en el silencio y los arboles callan sus rumores cuando me les acerco”
Delfor es Delfor, pero también es Soto y escribió para el futuro sin saber lo que iba a suceder
» No sé si estoy cansado y tal vez tenga miedo, pero tengo que andar borrando huellas desterrando la sangre grisando las paredes y los cercos»
Delfor nos escribió y le escribió al futuro, a sus captores, a sus entregadores, a sus marañosos vértices oscuros que detrás del oído de la parca silbaron la pericia de un secuestro.
«Como quiero reír y lo he olvidado
Como quiero correr y no recuerdo
Como quiero gritar, pero ya es tarde
Como quiero vivir y me detengo»
Aquí y allá son escritos que Delfor Soto pasó en limpio en un cuaderno anillado marca avonne. Según el testimonio de la familia el cuaderno fue escrito en la década del 50 y por distintas referencias culturales que aparecen en los versos se conjetura que los poemas fueron compuestos entre 1953 y 1956 antes que el poeta realizara el servicio militar en campo de mayo. Allí se le ordenó participar del pelotón de fusilamiento del general Juan José Valle, como se negó estuvo prisionero varios meses en esa dependencia del ejército 20 años después luego de su secuestro fue trasladado al centro clandestino de tensión el campito que funcionaba en el mismo lugar. Fue periodista, deportista, militante de la Juventud Peronista y concejal del partido entre 1973 y 1975. Tuvo 3 hijos: María Eva, Laura y Julián y entre sus obras más reconocidas se encuentran los libros “Carta abierta al intendente electo” (1972), “Chito y otros silencios” (1973) y “El despojo y otros cuentos fantásticos” (1976). Delfor Santos Soto fue secuestrado el 21 de agosto de 1976 y fue visto por última vez en el centro clandestino de detención «El Campito«