El CINCUENTENARIO de MADRE del PUEBLO, 

El CINCUENTENARIO de MADRE del PUEBLO, 

La PRIMERA PARROQUIA VILLERA de toda América

 (Por Juan Manuel Duarte. Catequista Villero desde1995)

Buenos Aires, principios de noviembre de 2025. Días de lluvia y de calor estival, alternados por jornadas otoñales y hasta con frío. Inmerso en ese clima de locos, un periodista le hace preguntas del otro lado del teléfono a un viejo Catequista Villero. Es incisivo, directo, y dispara: ¿Por qué no hay un Comando Vermelho en Argentina? Las imágenes televisivas aún están latentes, y la conmoción de ver cientos de cadáveres y enfrentamientos tipo guerra en las favelas de Brasil. Del otro lado de la línea su interlocutor espera, reflexiona y responde, serena pero aplomadamente: “Por la acción dela Iglesia Católica en la Villas, por los curas, catequistas, colaboradores, capillas, colegios y clubes…y todo eso tuvo un comienzo; y fue en MADRE del PUEBLO, la primera PARROQUIA VILLERA, la primera en un barrio de emergencia de toda América, la misma que este año va a cumplir CINCUENTA AÑOS de estado parroquial”

Pero para comprender lo que representa Madre del Pueblo en la Historia Argentina, hay que conocer, entender, y empaparse de quién fuera su 1° Párroco, El Legendario Padre Rodolfo Ricciardelli, más conocido por todos como El Padre Richard, cuyo apellido desde hace años es el nombre con el que se conoce a la Villa 1-11-14.

Todavía queda en la memoria del viejo catequista, el recuerdo imborrable de aquel desayuno compartido en julio de 2008, tan sólo cuatro días antes de la muerte de Richard, en el lugar donde él vivía, que se llamaba El Rescate y era una especie de tinglado cerrado pegadito a Madre del Pueblo, que tenía algunas otras camas donde se quedaban a veces, personas en situación de calle. “Venite Juanma, vamos a desayunar juntos”. En aquellos últimos momentos, los signos del cáncer ya eran muy visibles en él, con su pelo cortito y su extrema delgadez; pero siempre con su sonrisa afable, su hablar pausado, su calma bonachona y la paz que solía transmitir.

Aunque también se enojaba, si sentía que se avasallaba a los vecinos, o a quienes iban a dar una mano. Como cuando fueron las Confirmaciones Diocesanas de 1998, en las que todas las parroquias de la Ciudad de Buenos Aires fuimos a hacerlas a la zona del Monumento de los Españoles, junto al Zoológico de Buenos Aires, y la organización había mandado a las Iglesias Villeras…atrás de todo, a varias cuadras del altar principal…y Richard salió cómo una locomotora para hablar enérgicamente…. ¡Con el mismísimo Cardenal Primado de la Argentina, Jorge Bergoglio! Conclusión: tras su intervención, con Madre del Pueblo y los chicos de toda la villa pasamos a estar en las primeras filas junto al altar. Y de yapa, El PadreErnesto Narcisi y otro cura más, sostuvieron toda la misa al lado del cardenal una bandera que pedía por Edith, una beba que había sido robada  días antes, de la Maternidad Sardá.

¡Soy de la Virgen Nomás!, El mítico Padre Ricciardelli

El Padre Richard, había nacido un 29 de mayo de 1939, y desde siempre tuvo una gran devoción por la Virgen de Luján y por el Negro Manuel, su custodio. De pibe había estudiado en la Casa Salesiana León XIII, el colegio que los curas de Don Bosco tienen en el Barrio de Colegiales, y que se encontraba muy cerca de la Villa 30,  erradicada para el Mundial ´78.

De muy joven entró al Seminario y fue ordenado en 1962. Tras ello trabajó en la Parroquias Santa Elena, San Francisco Solano, y en 1967 trajo a la Argentina el Manifiesto de los Obispos del Tercer Mundo junto a Miguel Ramondetti y Andrés Lanzón. Unos días después, en 1968, fundaron el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (MSTM), al que luego se unirían cientos de sacerdotes, entre ellos quienes serían algunos de sus grandes amigos: los padres Carlos Mugica, Jorge Vernazza, De la Sierra y Domingo Bresci entre otros tantos.

Compartió junto a Carlos Mugica el profundo amor por el Movimiento Nacional Justicialista,  entendiéndolo cómo el depositario de la Justicia Social, emanada de la Doctrina Social de la Iglesia; y con el Padre Héctor Botán y decenas de figuras del quehacer nacional, estuvieron en el vuelo que trajo al General Juan Domingo Perón en su regreso definitivo a la Argentina en junio de 1973. Todavía puede verse en las fotos de la época, su cara de feliz cumpleaños en un encuentro que El General tuvo con los sacerdotes tercermundistas en Gaspar Campos, la residencia de Perón en Vicente López tras su regreso.

Años antes, en 1970, también había participado junto al Padre Vernazza, el Padre Mugica y otros curas en el sepelio de Fernando Abal Medina y Carlos Ramus, durante los duros tiempos de la Resistencia Peronista. Y  para eso, con Vernazza habían prestado la Iglesia donde estaban destinados (San Francisco Solano), pese a la oposición de Monseñor Caggiano.

Y junto a toda la Seccional Buenos Aires del MSTM se mantuvieron siempre fieles al General hasta el final, incluso luego de las disidencias internas del Justicialismo, al que trataron de unirlo.

Rodolfo había llegado a la Villa 1-11-14 un tiempito antes, en 1972, y desde ese 1973 vivía allí junto al Padre Jorge Vernazza que había llegado en 1968. Para ese entonces, ya había capillas en las villas, pero ambos junto a los vecinos levantaron Madre del Pueblo con sus manos. Las botellas de vidrio de principios de los ´70, amuradas a modo de vitrales, siguen siendo uno de sus rasgos más salientes, junto con el mural que se encuentra atrás del altar y la Cruz de Cristo. A ambos costados del mismo, los vecinos dibujaron de un lado al Padre Rodolfo y después al Padre Ernesto, entre la multitud de personas que allí se ven allí. Para entonces también habían otros  curas viviendo en la mayoría de los barrios de emergencia, y a fines de ese año, organizaron el primer “Lujan de las Villas”, organizados con el Padre Mugica y Richard a la cabeza. Hacia allí fueron miles de vecinos de todas las villas de Buenos Aires junto a sus niños, para hacer la Segunda Comunión a los pies de la Virgen de Luján. Hasta hoy, se continúa haciendo.

Menos de un año después, en mayo de 1974 Carlos Mugica era asesinado, tras ser amenazado desde todos los extremos políticos del país, y la violencia política no hizo más que crecer. Richard nuevamente estuvo allí, junto al Pueblo dolido, y acompañando la despedida de quien fuera uno de sus grandes amigos. Más el sufrimiento no se detuvo, y poco más de un mes después, moría también el mayor líder argentino del siglo XX, el General Juan Domingo Perón, y la tristeza popular no hizo más que crecer, al igual que el dolor del Padre Rodolfo.

Pero había que seguir adelante, y para fines de 1975, más exactamente, el 12 de noviembre de ese año, Madre del Pueblo fue consagrada como Parroquia, la primera de todo el continente americano ubicada en una Villa de Emergencia.

Gustavo Carrara, sacerdote de Madre del Pueblo durante varios años tras el fallecimiento de Richard, y actual Arzobispo de La Plata; así le explicaba a un medio de comunicación, la  importancia de esa consagración: “Eso significó reconocer la existencia de vecinos, de una comunidad, y a la Iglesia en medio de esas casas. Antes de que la villa aparezca en los planos, la iglesia ya reconocía vecinos con derechos” (Agencia Paco Urondo)

Hubo dicha y felicidad, aunque duró muy  poco. Tan sólo un tiempo después llegó la sangrienta  Dictadura del ’76, el llamado Proceso de Reorganización Nacional, y con él las desapariciones de miles de personas. Algunos de Los Desaparecidos que colaboraban en la zona del Bajo Flores, fueron: Mónica Mignone, María Esther Lorusso, María Marta Vásquez y Cesar Lugones, Beatriz Carbonell, Salvador Jorge Gullo, Angela María Aieta de Gullo, Jorge Julio Villar, Emilio De Lorenzo, Manuel Hugo Evequoz Fraga, Daniel Vázquez, Silvia Dameri, Mario Bonino, María Marta Vázquez Ocampo, Horacio Pérez Weiss, Mónica Quinteiro, Norberto Morresi, Orlando Ruizlos, Oscar Saavedra  y los Padres Yorio y Jalics, entre otros tantos. La gran mayoría aún continúan desaparecidos.

Hubo quienes cómo Yorio, Jalics, y Don Oscar Saavedra, lograron sobrevivir, pero aquellas profundas heridas, duraron por siempre. Don Oscar, contaba muy de vez en cuando, como lo tuvieron colgado durante semanas, atado y mojado con agua helada, mientras le pegaban con pedazos de gruesas mangueras, hasta que finalmente, tras ese suplicio, lo liberaron desnudo en medio de la noche en algún lugar del conurbano bonaerense. Oscar, colaboró en Madre del Pueblo, cómo Maestro de Catequistas hasta su muerte hace unos años.

El Padre Richard sufrió balaceras y salvó su vida de milagro, pero pese a las amenazas y los ataques, fue uno de los primeros en acompañar a Emilio Mignone y al Canca Dante Gullo, por cuanta dependencia estatal fuera, pidiendo por el paradero y regreso sus familiares, durante aquellos tenebrosos años de la dictadura. A ellos pudimos conocer a finales de los ´90, en las Misas en memoria de sus seres queridos, que Richard hacía en la villa.

Por aquel entonces, también alzó las banderas pidiendo por los desaparecidos, en cualquier ceremonia religiosa masiva a la que fuese, incluso cuando aquello significaba jugarse la vida. Pero todavía había espacio para más vivencias siniestras…

Para el Mundial ’78, las topadoras de la Municipalidad de Buenos Aires con el Brigadier Cacciatore a la cabeza, derribaron las Villas de Emergencia del Bajo Belgrano y la de Colegiales, porque afeaban la imagen que los militares querían dar de país. De la primera, sólo quedó la canchita que estaba dentro de la misma, la del Club Excursionistas, única sobreviviente de las topadoras. Aún hoy, en un claro ejemplo de memoria activa, el club se sigue apodando El Villero, en recuerdo de aquellos duros tiempos..

La gente de esos asentamientos, fue literalmente levantada y luego arrojada de los camiones de la municipalidad en el Bajo Flores, y muchos dormían a la intemperie. Tras esto, la dictadura fue lanzando a otros vecinos en el conurbano bonaerense, en zonas despobladas de González Catán, Pontevedra y hasta Florencio Varela. Y si bien, el Bajo Flores estaba lejos de las sedes mundialistas (la más cercana era Vélez Sarsfield en Liniers), después le llegó el turno de la erradicación a la Villa 1-11-14.

Fue un período durísimo,  según cuentan los vecinos más antiguos del Bajo Flores; en los que el Padre Richard debía cuidar su vida, pero además acompañaba a los familiares a pedir por el regreso de sus seres queridos desaparecidos; y además, debía hacer frente a las topadoras.

El arrase de la dictadura fue total: de las 5600  casillas que había, quedaron 30 en torno a Madre del Pueblo. Hubo momentos dramáticos. Algunos vecinos, cómo Olga, Daniela y otros más, incluso junto con algunos militantes del Partido Comunista (que no apoyaron a la dictadura), se unieron a los curas para parar las topadoras. La imagen de los vecinos y el  Padre Richard conteniendo a aquel Leviatán debió haber sido increíble y escalofriante a la vez. Finalmente, las máquinas tuvieron que detenerse. Madre del Pueblo y las pocas casillas que quedaban, estaban a salvo…momentáneamente.

Habían ganado tiempo, y eso ya era muchísimo para los tenebrosos tiempos que atravesaban el país, pero nadie sabía cuánto. Fue entonces cuando en medio de todo aquel dramatismo, y en un giro casi heroico, Vernazza y Ricciardelli, pasaron al frente, pusieron manos a la obra y la dictadura, no lo vio venir. Una vieja nota publicada hace años, da cuenta de ello:

A fines del ‘78, Vernazza y Ricciardelli convocaron a laicos católicos para conformar la comunidad de apoyo Madre del Pueblo. Necesitaban ingenieros, arquitectos, trabajadores sociales y contadores o economistas. Unas monjas amigas de Ricciardelli les vendieron un terreno en San Justo a la tercera parte de su valor comercial. Pidieron plata, hicieron colectas y festivales hasta que pudieron comprarlo y empezaron a buscar el segundo. No era fácil, los problemas surgían cuando decían que se proponían

hacer barrios para la gente de las villas.

Empezaron a construir en septiembre del ‘79. Los militares les habían dado diez meses de plazo, pero recién terminaron en diciembre del ‘81. Esos dos barrios se levantaron con autoconstrucción, todos hacían las casas de todos. “Trabajábamos los fines de semana y los días feriados, sin descanso –recuerda Martín Alberna, poblador del barrio Madre del Pueblo, de Merlo–, pero no lo hacíamos solamente porque teníamos la punta de las bayonetas empujándonos, todos teníamos el sueño de la casita de material. El que más trabajaba, tenía derecho a elegir primero.” (Venían topadoras y nació un barrio, Página 12, 2006)

Miles de viviendas fueron levantadas, miles de familias tuvieron acceso a una casa de material, gracias a ese impresionante arrojo. Tras ese primer gran esfuerzo los barrios populares siguieron levantándose por todos lados: entre ellos Nuestra Señora de Luján, en San Justo; Madre del Pueblo, en Merlo; San José Obrero, en Laferrere; San Cayetano 1 y San Cayetano 2, en Rafael Castillo, y  por último, el barrio Padre Jorge Vernazza, en Virrey del Pino.  Para entonces, a los Padres, se les había unido un jovencísimo sacerdote que también estaría mucho tiempo en Madre del Pueblo, el Padre Ernesto Narcisi.

Varios de esos barrios continuaron levantándose durante el regreso de la Democracia. Porque las necesidades de los villeros, seguían siendo apremiantes. Es que en todo el mundo se había instalado el modelo económico neoliberal, y Argentina iba también hacia ese lugar.

Los gurúes económicos sacaban libros y explicaban por todos lados los supuestos beneficios de “la teoría del derrame”: darle más a los más ricos porque estos iban a ir derramando prosperidad hacia los demás niveles sociales. No eran más que falacias que finalmente decantaron en…más pobreza y necesidades para el Pueblo.Y como consecuencia,los barrios de emergencia, se fueron multiplicando en todo el mundo. En Argentina, el modelo neoliberal terminó instalándose a fines del siglo XX. Y la cantidad de habitantes de las villas volvió a crecer rapidamente.

El Padre Vernazza falleció en 1995. Quien escribe estas líneas llegó a conocerlo muy poco, ya que tras comenzar a ser catequista en Madre del Pueblo durante ese año, el Padre Jorge enseguida fue internado. Poco después de su partida, Richard ya estaba de nuevo manifestándose por el Pueblo, esta vez junto a muchos de los nuevos Curitas de las Villas que tomaron la posta del MSTM,  acampando en la Villa 31 contra otras topadoras, las del menemismo.

Esta vez, se enfrentaron al último intendente porteño elegido a dedo por la Casa Rosada: Jorge Topadora Domínguez. Y hacia allí fueron, contra de la violencia y erradicación de los vecinos, por la construcción de parte de la autopista junto a la Villa 31. A los veteranos Padre Richard, Héctor Botán y Enrique Evangelista, se unieron los jóvenes Ernesto Narcisi, Raúl Nun, Jorge Tomé, Raúl Varela, Juan Gutiérrez, Omar Massa y Jorge Díaz.

Hubo huelga de hambre por dos semanas. Un funcionario intentó persuadiros de que levantaran la medida. Ellos aceptaron, pero con la condición de que las autoridades anunciaran por televisión que no habría violencia y que se suspendería el decreto de las erradicaciones. No estaban en contra de la nueva traza, sino del maltrato a los vecinos y que nuevamente fueran dejados a la buena de Dios. Porque todo en Richard y en aquellos pastores, emanaba del Evangelio y de las obras de la misericordia.

Para mediados de los ´90,  la Villa 1-11-14 se había vuelto a repoblar con aún más viviendas que en los tiempos previos a la dictadura. El azote del neoliberalismo menemista fue el que lo consiguió, sumiendo a millones de personas en la pobreza, y acrecentando exponencialmente  el número de habitantes . Tras el derrumbe de 2001, llegó La Década Ganada, y las condiciones de vida de los vecinos mejoraron ostensiblemente, pero los vaivenes de los países vecinos hicieron que continuara  acrecentándose el número de pobladores.

Inmersos en esa realidad, Richard y Ernesto, y luego junto al Padre Adolfo Benassi, los catequistas y otros colaboradores, fueron recibiendo a cada nuevo vecino con los brazos abiertos y tratando de ayudarlos en todo lo que fuera posible.  A todos hicieron sentir como una gran familia. Así fue por ejemplo, cuando llegaron nuestras amadas ahijaditas Marianita y Romi junto a su mamá Carmen, y así también fue con miles de nuevos vecinos más. Y en Madre del pueblo, todos aprendimos de la profunda religiosidad de la gran mayoría de los vecinos que fueron llegando y adoptando a la 1-11-14 como su hogar.

Muchos de ellos, pudieron compartir además, y la inmensa dimensión espiritual del Padre Richard, su amor por Jesús y la Virgen, que fueron únicos. Cada Misa con Richard era un momento especial, reconfortante para todo aquel que tenía la gracia de vivirla. Un rememorar el sacrificio de Cristo, incluso hasta con un cáliz  y una patena de madera, cómo seguramente lo fue en aquel primer Jueves Santo de la Historia.

Cuando junto a mi Señora nos eligieron para ser los primeros pasantes (custodios) de la Virgen de Copacabana que venían de afuera de la Villa en 2003, tardamos tres horas en llegar en procesión desde Madre del Pueblo hasta el salón de fiestas de Sánchez que distaba a sólo seis cuadras. Un Richard cansado y ya debilitado por su enfermedad (que en aquel momento muchos desconocíamos cual era realmente) se bancó alegre todo el recorrido, alegrado por la banda de música y las agrupaciones de baile bolivianas; y paró a rezar y a charlar con todos, en los casi treinta arcos decorados que fueron armando los vecinos. El rostro de Richard estaba más que feliz. Como también lo estuvo cuando semanas después bendijo nuestro compromiso, o cuando casi dos años después, bautizó a nuestro amado hijo. 

En cada sacramento, en cada Misa, en cada casa bendecida, en cada fiesta de la Virgen, en cada peregrinación, la felicidad de Richard era única, y a todos nos contagiaba  su  espiritualidad.

En los últimos años del Padre Richard, los curitas se juntaban todos los domingos a la noche en Madre del Pueblo, y Ricciardelli era una fuente de inspiración; y él siempre le abrió los brazos a todo aquel curita que por distintas razones venía a  pasar un tiempo en nuestra Parroquia, al igual que también lo hacía con cada nueva familia. Nadie quedaba a la intemperie. Así, se recuerda el paso del Padre Paco, Nicky, El Chueco, Enrique Evangelista, etc. Y siempre venía a bailar en todas las fiestas, el Cura Bailarín (El Padre Raúl Gabrielli), junto a la querida laica Lidia.

Madre del Pueblo después del Padre Richard

Finalmente en 2008, el cáncer se llevó al Padre Richard. El Cardenal Bergoglio, que ya había venido a hacer varias Confirmaciones a Madre del Pueblo, regreso nuevamente pero para hacer su Misa de Despedida. El autor de esta nota leyó la primera lectura entre lágrimas al igual que todos los que asistieron a acompañarlo hasta el cementerio. Una gran bandera Justicialista cubrió el cajón, y también había muchas remeras de su amado Boca Juniors.

En sus últimos años, ya no estaba el Padre Ernesto, pero si llegó otro Titán de las Villas, el Padre Adolfo Benassi, que actualmente está en la Parroquia Nuestra Señor del Rosario de San Nicolás del Barrio Costa Esperanza, un ex asentamiento del Partido de San Martín. Incluso un seminarista, Dieguito, llegó para darle una mano a Richard, durante sus últimos meses.

Un año antes de morir, Richard todavía encabezaba pedidos para que se respetara la cultura de las villas de emergencia, junto a algunos de sus antiguos compañeros y las nuevas camadas de curas villeros (“Reflexiones sobre la urbanización y el respeto por la Cultura Villera” del 11 de julio de 2007). Hasta el final hizo suyas las palabras del Padre Mugica de luchar por los pobres y su liberación.

Tras la muerte del Padre Ricciardelli hubo muchos cambios en Madre del Pueblo. Nuevos sacerdotes llegaron a la Parroquia y de a poco toda su fisonomía cambió, complementando la obra que ya se hacía, y multiplicando su acción barrial con muchas nuevas cosas y movimientos. Así fueron naciendo: el Patio de la Virgen, el Movimiento Infantil Madre del Pueblo, el Movimiento Misionero, Club Atlético Madre del Pueblo, el Tinkus Madre del Pueblo, el programa de la parroquia en la FM Comunitaria Bajo Flores, etc. Después llegaron la Escuela Primaria (en donde se encontraba “El Rescate”) y la Secundaria, campamentos, la Escuela de Música, el Apoyo Escolar, la atención a jóvenes con adicciones, el fútbol, Hockey, Ajedrez, Patinaje etc. Incluso hasta dependencias del Estado como la Defensoría del Pueblo se instalaron durante un tiempo largo en el predio de la Parroquia.

También se continuó con el Catecismo, con la profunda devoción de festejar las Fiestas religiosas, con los Comedores, con la atención de los abogados, el Luján de las Villas, la multitudinaria Fiesta de Nuestra Señora de Copacabana de Charrúa, etc.; y el taller de carpintería de Arturo, se mudó al Barrio  Charrúa, ya como todo un gran centro de oficios.

Poco tiempo después, Richard volvió al Barrio, a descansar eternamente dentro de Madre del Pueblo. Nuevas camadas de curas villeros se fueron incorporando al seno de la iglesia siguiendo el ejemplo de Richard, Vernazza, Mugica y los curas de antaño. Algunos de ellos se nuclearon en la Vicaria de las Villas, otros en Los Curas de la Opción por los Pobres y otros en distintos Barrios de emergencia a lo largo y ancho del país, llevando a cabo inmensas obras, como “Los Matanceros del Padre Bachi” en la Diócesis de San Justo.

Todas estas obras tuvieron un espaldarazo gigante cuando Jorge Bergoglio pasó a ser el Papa Francisco en el año 2013. Enseguida en el Bajo Flores, todos lo que lo habíamos conocido cuando venía a la villa, adherimos profundamente a su mensaje y a su vida porque en muchas de sus obras y enseñanzas vimos la indudable impronta del Padre Ricciardelli. Incluso en aquellas que complementaban sus ideas, como la de “Las tres C: Colegio, Club y Capilla”  

Francisco fue para todos nosotros, el Papa Villero. Y tiempo después el mismísimo Papa destacó la obra de “Sacerdotes como los Padres Mugica, Vernazza y Ricciardelli como profundamente apostólica” (Papa Francisco, Entrevista con FM Bajo Flores 2014)

Por Madre del Pueblo, tras Richard, pasaron sacerdotes cómo Gustavo Carrara, el Padre Joaquín, Javier Morelli, El Padre Tano, el Padre Lucas, Cacho, Juan Isasmendi y Pedro Cannavo. De la mano del Papa Francisco el Padre Gustavo fue elegido cómo el 1° Obispo Villero, y tras su nombramiento cómo Arzobispo de La Plata, pasó a ocupar ese lugar Pedro Cannavo. Todos han dejado una profunda impronta en la 1-11-14, especialmente Gustavo, que estuvo por Madre del Pueblo por quince años.

Desde hace poquito, hay tres nuevos curas en Madre del Pueblo: Coco, Martín y Eduardo; y ojalá también puedan dejar su legado. La situación del Bajo Flores, como la del país no ha hecho más que degradarse, y complicarse pese a las distorsiones en la forma de medir la pobreza en el país, con una canasta alimentaria que enferma a quienes la consumen, y una canasta básica total…totalmente alejada de la realidad.

Los datos oficiales de la 1-11-14/ Barrio Ricciardelli, sitúan a su población, en torno a las 41.000 personas, aunque las estimaciones de las organizaciones barriales, duplican esos números hasta las 80.000. Sólo el invierno demográfico que vive gran parte del mundo, y especialmente  Argentina (con una caída de 40% de los nacimientos en 10 años), ha ido ralentizado el crecimiento de la población; sin que se vean soluciones concretas para los vecinos de parte del poder político, y proyectándose mayores problemas a futuro, debido a ese brutal descenso.

Como suele decirse verazmente, el 95% de los habitantes de las villas son gente de mucho laburo, pero también hay delincuentes que se esconden en ellas, como narcos, transas, chorros, etc. Y los primeros en sufrirlos son siempre los propios vecinos, al igual que siguen sufriendo la precariedad, la falta de acceso a bienes y servicios, el trabajo informal, la estigmatización, el desprecio y la discriminación de muchos de quienes integran otros estratos sociales, o que viven en otros barrios.

Ante esto, la Iglesia Católica en la Villas de Emergencia y todos los que la integramos, seguimos haciendo una labor totalmente apostólica y siguiendo los lineamientos de la Doctrina Social de la Iglesia, Madre de la Justica Social. Aprendiendo muchísimo de los propios vecinos (como decían los Padres Ernesto y Adolfo); y especialmente del Padre Rodolfo Ricciardelli, que tomó la posta del Negrito Manuel y vivió toda su vida amando a Jesús, la Virgen y los más necesitados de nuestra Patria.

Ojalá nosotros también podamos hacer nuestra su frase, y vivir en cada día diciendo “Soy de la Virgen nomás” cómo lo hizo Richard y lo sigue haciendo Madre del Pueblo ¡Feliz Cincuentenario! ¡Feliz cumple querida Parroquia Madre del Pueblo! Y que podamos seguir celebrando muchos aniversarios más.

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