El peronismo en su laberinto

El peronismo en su laberinto

17 de octubre

En vísperas a cumplirse un nuevo aniversario de uno de los eventos de mayor envergadura de nuestra corta historia como país y, por el sujeto político que lo protagonizó, amerita algunas consideraciones para pensar, no solamente en ese proceso histórico que nacía denominado peronismo, sino para entender su devenir en el tiempo, el presente y su proyección a futuro. 

Borges alguna vez definió al peronismo como “…no son ni buenos ni malos; son incorregibles”. Sobre esta frase utilizada es que nos queremos detener para lograr una aproximación a un movimiento popular y de masas que, a la fecha, se sigue discutiendo. Es en el concepto “incorregibles” lo que nos interesa indagar, la categoría esgrimida por su autor conlleva una carga de irracionalidad que nos interesa desarrollar. Podemos consensuar y aseverar que, si analizamos la frase describe a los componentes humanos que conforman el suceso (los peronistas) están atravesados por pensamientos que aparecen asociados a una emoción intensa y, debido a estos, actúan de forma impulsiva. Consideramos que esa descripción realizada por Borges, es un buen recurso para explicar y acercarnos, intentando comprender que significó el 17 de octubre de 1945. Para la elite porteña y los sectores medio/altos y altos de la sociedad: un aluvión de una muchedumbre que desconocían de su existencia. Para el sector popular compuesto por obreros/trabajadores y sectores medio/bajos y bajos: una identificación con el líder que había nacido debido con la conquista de derechos y reivindicaciones que había modificado (de manera sustantiva) la calidad de vida de las mayorías históricamente relegadas.

El 17 de octubre como hito fundacional del peronismo es lo que nos concierne en estas líneas, pero si analizamos en los términos que nos plantea Borges a dicho movimiento, podemos también analizar e intentar comprender diferentes sucesos históricos vinculados al peronismo donde la razón queda “al costado del camino” y aflora la pulsión de un pueblo que, sin mediar pensamiento racional, actúa de acuerdo al sentir que proviene de lo más profundo de su ser. Basta con citar dos ejemplos para sintetizar lo que venimos aseverando: el fallecimiento de Evita o, acercándonos más en el tiempo, la muerte de Néstor Kirchner. Dos hechos históricos que, sin ningún tipo de planificación ni organización, desbordó las calles de los barrios y las ciudades para despedir dos referentes políticos con una fuerte identificación en su pueblo, lo que los convierte en dos emblemas que trascienden su época.

Hoy el peronismo atraviesa una crisis de representación que se ve reflejada en un clima de época, la dirigencia política en general está siendo observada por una población que cada vez más descree de ella. Esta coyuntura que estamos atravesando y, para quienes vivimos y participamos de las movilizaciones del 2001, nos invita a proyectar un futuro para nada alentador. Quizás, desde nuestro humilde lugar y pertenecientes de los sectores populares, llamamos a que el peronismo vuelva a representar, vuelva a colocar el oído en lo que necesita el pueblo para llevar adelante un proyecto de país que incluya a las mayorías, vuelva a enamorar y construir épica porque, si el peronismo carece de algunas de estas características que acabamos de mencionar, difícilmente Borges (si continuase con vida) lo volviese a definir de la forma que lo hizo.

Lic.: Nahuel Sarac

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