¿ES LA MISMA DEMOCRACIA?

¿ES LA MISMA DEMOCRACIA?

A más de cuatro décadas del retorno de la democracia en Argentina, una serie de acontecimientos recientes han puesto en cuestión los principios que sostienen el pacto fundacional del sistema político instaurado en 1983. Este artículo intenta argumentar que, si bien las formas institucionales se mantienen en funcionamiento, el contenido sustantivo de la democracia ha sido profundamente alterado. Lo que está en juego no es solo un modelo de gobernabilidad, sino el propio concepto de democracia como forma de vida colectiva. He aquí un problema o un dilema por resolver.

Transición y Sentido de la Democracia

La transición democrática argentina no fue producto de un pacto formal entre élites, como en otros países de la región, sino el resultado de la erosión del régimen militar ante la crisis económica, la derrota en la Guerra de Malvinas y la presión de una sociedad movilizada. Esa transición abrió paso a un nuevo orden político basado en elecciones libres, pluralismo y garantías constitucionales. Pero también implicó una apuesta cultural y simbólica por el debate público y la inclusión de voces históricamente excluidas.

Autores como Adam Przeworski (2010) señalan que la democracia no se reduce al acto electoral, sino que debe funcionar como un mecanismo de resolución pacífica de conflictos, con un acceso mínimo garantizado a derechos y oportunidades. La democracia es, en esencia, una forma de procesar el conflicto social sin recurrir a la violencia o la exclusión.

Capitalismo y Democracia: Una Relación Tensa

La relación entre capitalismo y democracia ha sido siempre ambivalente. Mientras la democracia exige ampliación de derechos y participación igualitaria, el capitalismo tiende a concentrar poder y riqueza. Jorge Majfud advierte que el capitalismo, por definición, es antidemocrático, ya que su objetivo es la acumulación, mientras que la democracia implica distribución y control ciudadano.

El actual gobierno argentino, encabezado por Javier Milei desde diciembre de 2023, ha impulsado un programa de reforma estructural del Estado que trasciende una simple orientación liberal. El vaciamiento de instituciones, la reducción del gasto público en salud, educación y derechos humanos, y la criminalización creciente de la protesta social, se inscriben en una lógica de repliegue autoritario que amenaza los fundamentos democráticos.

Indicadores de Retroceso Democrático

Varios hechos recientes constituyen alertas severas sobre el estado del régimen democrático. La represión de manifestaciones en junio de 2024 y marzo de 2025, que incluyeron heridos graves y detenciones arbitrarias, ha sido denunciada por organismos como Human Rights Watch, Amnistía Internacional y el CELS. Estos organismos coincidieron en caracterizar dichas acciones como «planificadas y desproporcionadas».

Asimismo, la desarticulación de instituciones claves como el INADI, el Instituto Nacional del Cáncer o el Museo Sitio de Memoria ESMA, representa no solo un retroceso en la política pública, sino un vaciamiento simbólico del pacto civilizatorio alcanzado en la posdictadura.

¿Es la Misma Democracia?

Formalmente, Argentina mantiene procesos electorales y estructuras institucionales que responden a una república representativa. Sin embargo, como advierte Guillermo O’Donnell (1991), las democracias pueden degenerar en formas «delegativas», donde el poder se concentra en el Ejecutivo y se debilitan los mecanismos de control y participación popular.

El vaciamiento del debate político, la estigmatización del disenso, la despolitización ciudadana y el uso del miedo como instrumento de gobierno configuran una transformación que excede lo coyuntural. La democracia sigue existiendo como procedimiento, pero se ha erosionado como cultura política.

Conclusión

La democracia argentina está atravesando una encrucijada crítica. La pregunta ya no es solo qué tipo de políticas se implementan, sino con qué legitimidad se lo hace y qué grado de aceptabilidad tiene el uso del poder. Defender la democracia hoy no implica solo invocar elecciones libres, sino exigir la restauración del espíritu deliberativo, inclusivo y solidario que la justificó desde 1983.

Queda por delante un debate impostergable: redefinir qué democracia queremos, con qué reglas y para quiénes. Y sobre todo, recuperar la dimensión comunitaria que permita volver a concebir lo público como un proyecto colectivo y no como botín del mercado.

Referencias

  • Przeworski, A. (2010). ¿Qué esperar de la democracia? Siglo XXI.
  • O’Donnell, G. (1991). «Democracia delegativa».
  • O’Donnell, G. y Schmitter, P. (2010). Transiciones desde un gobierno autoritario. Prometeo.
  • Human Rights Watch, CELS, Amnistía Internacional (2024-2025).
  • Majfud, J. (varios textos).
Politólogo, docente de educación de adultos Investigador del pasado reciente y de las resistencias locales

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