LA IGNORANCIA COMO PRÁCTICA COTIDIANA: entre la omisión y la estrategia

LA IGNORANCIA COMO PRÁCTICA COTIDIANA: entre la omisión y la estrategia

Vivimos en una época caracterizada por una paradoja: nunca antes hubo tanto acceso a la información y, sin embargo, proliferan prácticas sociales marcadas por la ignorancia, la desinformación y la apatía crítica. Este fenómeno no puede entenderse únicamente como un déficit educativo o un problema individual, sino como un entramado social, político y cultural que convierte a la ignorancia en una herramienta funcional. La ignorancia estratégica —concepto desarrollado por autores como Noam Chomsky y Daniel Innerarity— remite a formas de producción, distribución y consumo de información que, lejos de ser neutras, buscan preservar estructuras de poder.

Este texto propone analizar e invitar a debatir cómo la ignorancia opera cotidianamente en nuestras sociedades como una práctica normalizada, muchas veces legitimada, y en ocasiones incluso deseada.

Ignorancia involuntaria e ignorancia estratégica

En primer lugar, es necesario distinguir entre la ignorancia involuntaria y la estratégica. La primera puede entenderse como una carencia de conocimiento derivada de condiciones materiales o históricas; la segunda, en cambio, supone una decisión deliberada —individual o estructural— de no saber, no informar o no enseñar algo. Según Innerarity (2009), “la ignorancia no es simplemente un vacío de conocimiento, sino una construcción política y cultural que condiciona lo que se considera relevante o irrelevante, visible o invisible” (p. 47). Este enfoque invita a repensar el papel de las instituciones que, en apariencia, promueven el saber, pero que muchas veces jerarquizan ciertos conocimientos, omitiendo sistemáticamente aquello que podría generar conflicto o crítica.

El rol de los medios de comunicación

Los medios de comunicación son actores fundamentales en esta dinámica. Noam Chomsky, en su teoría sobre la manipulación mediática, sostiene que el control del discurso público se ejerce más por omisión que por censura directa. La “fabricación del consenso”, tal como la desarrolla junto a Edward S. Herman (1988), se basa en seleccionar qué temas merecen atención y cuáles deben ser silenciados. Así, la ignorancia se vuelve una herramienta para moldear la opinión pública, simplificando la complejidad, repitiendo consignas y evitando debates profundos. En lugar de promover el pensamiento crítico, los medios frecuentemente refuerzan estereotipos, distraen con escándalos y contribuyen a una cultura de la superficialidad.

Ignorancia y sistema educativo

Otro ámbito en el que la ignorancia se reproduce como práctica cotidiana es la educación. Pierre Bourdieu (1970) advirtió que los sistemas escolares tienden a reproducir las desigualdades sociales mediante la imposición de una cultura dominante disfrazada de neutralidad. En este contexto, el desconocimiento de las clases populares no es accidental, sino funcional al sostenimiento de una estructura social jerarquizada. El currículo oculto, la selectividad de los contenidos y la desvalorización del saber científico son mecanismos mediante los cuales se perpetúan ignorancias útiles al orden establecido.

Ignorancia digital y algoritmos

En la sociedad digital contemporánea, la ignorancia adopta nuevas formas: intoxicación, fragmentación y algoritmos. La sobrecarga de datos no implica necesariamente acceso al conocimiento; por el contrario, puede generar desorientación y pasividad. Las redes sociales, regidas por algoritmos opacos, personalizan la información que consumimos y crean burbujas ideológicas. Así, el sujeto moderno no solo ignora lo que sucede fuera de su campo de interés, sino que muchas veces ni siquiera sabe que lo ignora. Michel Foucault (1977) advertía que el poder moderno no necesita reprimir: le basta con dirigir la atención, organizar la mirada y definir lo que puede decirse y lo que debe callarse.

El caso argentino y el periodismo como campo de batalla

Es fundamental incorporar la teoría del newsmaking, según la cual el periodismo selecciona y jerarquiza hechos para construir una versión de la realidad (Tuchman, 1978). Esta práctica actúa como un filtro frente a los miles de eventos diarios, haciendo visibles algunos y ocultando otros.

En Argentina, cuando algunos periodistas admiten ejercer un «periodismo de guerra», donde lo primero que muere es la verdad, las rutinas productivas y los códigos éticos se diluyen. El resultado es una narrativa mediática sesgada, que privilegia a las élites, los políticos y las celebridades, construyendo una realidad distorsionada que, al ser amplificada por los grandes medios, se impone como verdad incuestionable.

La realidad política argentina, históricamente conflictiva, ha convertido al periodismo en un actor protagónico. Desde principios del siglo XXI, algunas empresas mediáticas hegemónicas han desplegado dispositivos comunicacionales que cumplen funciones ideológicas activas, alineadas con una batalla cultural, donde los medios se convierten en frentes de combate simbólico.

Fake news, agnotología y estrategia de la ignorancia

Las fake news representan una amenaza crítica para los cimientos de la democracia. Su capacidad para difundir desinformación de manera masiva y veloz permite manipular la opinión pública, distorsionar el debate electoral y socavar la confianza en las instituciones. Durante campañas electorales, bulos sobre candidatos —como acusaciones falsas o promesas ficticias— pueden alterar las preferencias de voto, especialmente cuando apelan al miedo o al resentimiento.

La agnotología, término acuñado por Robert N. Proctor, estudia cómo se fabrica la ignorancia de forma intencionada. En este marco, las fake news son herramientas para generar incertidumbre, deslegitimar consensos y erosionar el pensamiento crítico. Se trata de campañas diseñadas para saturar el espacio público con falsedades, paralizando la capacidad social de distinguir verdad y mentira (Proctor & Schiebinger, 2008).

Detrás de este fenómeno se esconde una estrategia coordinada de ignorancia: actores políticos y económicos transforman el caos informativo en renta de poder. Esta estrategia opera en tres niveles: negacionismo (como en el caso del cambio climático), sobrecarga cognitiva (o infoxicación) y relativismo tóxico (“todo es opinión”). El objetivo es neutralizar la acción colectiva. Ciudadanos confundidos o polarizados son más fácilmente gobernables.

La ignorancia ya no debe entenderse como una simple carencia, sino como una práctica social cargada de intencionalidad. La ignorancia estratégica no alude a lo que se ignora, sino a lo que se impide conocer. En tiempos donde el exceso de información convive con el vaciamiento del pensamiento crítico, urge revalorizar el conocimiento como herramienta de emancipación. Como advierte Paulo Freire (1970), “la educación auténtica no se da desde quien transmite saber, sino desde quienes lo construyen dialógicamente para transformar el mundo”.

Frente a este escenario, es imperativo establecer políticas públicas transversales que impulsen la ética periodística, la alfabetización mediática y la democratización del acceso al conocimiento. El desafío es enorme, pero ineludible: sin una ciudadanía informada, no hay democracia posible.


Bibliografía

  • Bourdieu, P. (1970). La reproducción: Elementos para una teoría del sistema de enseñanza. Barcelona: Laia.
  • Chomsky, N. & Herman, E. S. (1988). Manufacturing Consent: The Political Economy of the Mass Media. New York: Pantheon Books.
  • Foucault, M. (1977). Vigilar y castigar. Buenos Aires: Siglo XXI.
  • Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. Montevideo: Tierra Nueva.
  • Innerarity, D. (2009). La sociedad invisible. Barcelona: Paidós.
  • Proctor, R. N. & Schiebinger, L. (Eds.) (2008). Agnotology: The Making and Unmaking of Ignorance. Stanford: Stanford University Press.
  • Tuchman, G. (1978). Making News: A Study in the Construction of Reality. New York: Free Press.

2 comentarios

  1. PAULA DIAZ BREE

    Los medios de información, hoy ya serviles a los intereses económicos y políticos de una oligarquía enquistada, narcotizan y polarizan a su público objetivo, donde las ideas de deconstrucción de los derechos, se naturaliza a pasos agigantados. Junto a esto generan en la sociedad un sentimiento de despolitización desde lo discursivo, para desmoralizar y reprimir el pensamiento político que construye comunidad Organizada. Excelente nota!

    • Gracias Paula por tus conceptos, considero fundamental dar el debate y contextualizar cada análisis para organizar las formas comunicaciones que permitan desarmar las estructuras de producción de noticias falsas, entre otras…

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