LA IRRUPCIÓN DE LA ALTERIDAD FRENTE A LA ONTOLOGÍA DEL DESCARTE:

LA IRRUPCIÓN DE LA ALTERIDAD FRENTE A LA ONTOLOGÍA DEL DESCARTE:

Desafíos analécticos para una nueva generación de la filosofía de la liberación
Juan Manuel Rega.

Introducción: El diagnóstico de la Totalidad y la crisis de la Modernidad Tardía

El presente nos convoca a la tarea urgente, y quizás agónica, de repensar la Filosofía de la Liberación (FL) en un escenario de clausura sistémica global. El avance de las derechas liberales y neoconservadoras en nuestra región no debe ser interpretado meramente como un viraje electoral o un desajuste de las variables macroeconómicas. Estamos ante una crisis civilizatoria que Enrique Dussel definiría como la radicalización de la Modernidad en su etapa de «madurez senil». En este contexto, el sistema, al no poder expandirse más hacia fronteras geográficas o recursos naturales vírgenes, comienza a devorar sus propias bases humanas y ecológicas a través de un proceso de canibalismo ontológico.

La tesis central de este ensayo sostiene que el neoliberalismo radical contemporáneo no es solo un modelo de eficiencia de mercado, sino una ontología de la mismidad. Es una construcción metafísica que ha perfeccionado lo que el Papa Francisco denomina la «filosofía del descarte». Esta lógica no solo explota al sujeto en términos de plusvalía (como en la modernidad industrial), sino que lo expulsa de la esfera del «ser», convirtiéndolo en un residuo sistémico, en un «sobrante».

Para enfrentar este desafío, propongo una síntesis necesaria: la arquitectónica ética de Enrique Dussel, la fenomenología sapiencial de Juan Carlos Scannone y la ética educativa de Carlos Cullen. El desafío para la nueva generación de filósofos no es solo la denuncia profética, sino la construcción de una nueva «arquitectónica de la vida» que responda al nihilismo del capital y recupere la dignidad de la periferia.

I. El «Ego Conquiro» y la Fetichización de la Libertad: Crítica a la Razón Formal Para comprender la raíz del avance de las derechas liberales, debemos remontarnos a la arqueología del sujeto moderno. Enrique Dussel nos recordó incansablemente que el Ego Cogito («Yo pienso») cartesiano no fue un acto puro del espíritu, sino que estuvo precedido históricamente por el Ego Conquiro («Yo conquisto») que nace en 1492. La subjetividad moderna se fundó sobre la negación y dominación del «Otro» periférico. Hoy, ese ego se ha metamorfoseado en el «individuo meritocrático», un sujeto que se cree auto-fundado y que desprecia cualquier vínculo de interdependencia.

En este paradigma, la libertad ha sido reducida a una categoría abstracta: la capacidad de elección en el mercado. Sin embargo, es imperativo retomar el debate que Dussel mantuvo con la ética del discurso europea de Karl-Otto Apel y Jürgen Habermas. La crítica dusseliana sostiene que la razón comunicativa es una «formalidad vacía» si no presupone la materialidad de la vida. El liberalismo actual propone una democracia de procedimientos donde «todos somos iguales ante la ley», pero ignora deliberadamente que el sujeto que no tiene sus necesidades básicas satisfechas no puede participar en la comunidad de comunicación.

Dussel introduce aquí el Principio Material Ético: la obligación absoluta de producir, reproducir y desarrollar la vida humana en comunidad. Desde esta perspectiva, la justicia social no es un «ideal» opcional o un «robo» a la propiedad privada, sino la condición de posibilidad de la verdad y de la validez de cualquier norma. Si una ley permite el hambre o el desamparo de las mayorías, esa ley es éticamente falsa y ontológicamente nula, aunque haya sido votada por mayorías circunstanciales. Esta es la respuesta técnica al liberalismo: no hay validez procedimental que pueda sostenerse sobre la muerte del sujeto. La libertad del mercado es una libertad para «seres abstractos»; la Filosofía de la Liberación es una ética para seres de carne y hueso que sufren la vulnerabilidad constitutiva de la existencia.

La «filosofía del descarte» es, por tanto, el resultado lógico de una libertad que se ha des-ligado de la responsabilidad por el rostro del pobre. Cuando el fetiche del mercado se vuelve el centro, la vida humana se vuelve periférica.

II. El «Nosotros» Sapiencial y la Fenomenología de la Cultura en Juan Carlos Scannone

Frente a la atomización individualista que propone la derecha liberal, la figura de Juan Carlos Scannone emerge con una potencia renovada. Scannone nos ofrece una respuesta desde la fenomenología de la alteridad. Mientras que el liberalismo intenta convencernos de que la sociedad es un contrato entre extraños en competencia, Scannone rescata la categoría del «Nosotros» ético-histórico.

Para Scannone, el punto de partida de la filosofía en América Latina no es el «Yo» solitario, sino el Pueblo. Es crucial distinguir aquí: el pueblo para Scannone no es la «masa» manipulable ni una categoría populista vacía; es una «unidad pluriforme» gestada en un ethos de solidaridad. Scannone profundiza en lo que él denomina la «sabiduría del pueblo fiel». Contra las lecturas sociológicas o marxistas ortodoxas que ven en la religiosidad popular una forma de alienación, Scannone descubre en ella una reserva de identidad ética y un núcleo de resistencia.

El «Nosotros» popular se expresa en el rito, la fiesta y la religiosidad como una negación de la lógica utilitaria. En el contexto de las derechas liberales, que promueven un secularismo mercantilista donde solo cuenta lo productivo, la fe y la cultura del pueblo actúan como un «muro de contención» ontológico. Esta sabiduría afirma que la vida es un don y no una mercancía, y que la tierra tiene un destino común.

La justicia social encuentra aquí su raíz en una trascendencia situada: el reconocimiento de que hay algo sagrado en el Pobre que el mercado no puede comprar ni descartar. Es esta «mística del nosotros» la que el Papa Francisco traduce hoy como la base de la fraternidad universal. El desafío para nuestra generación es elevar este ethos a categoría de pensamiento crítico, demostrando que la solidaridad no es un sentimiento romántico, sino la infraestructura ética que permite que una nación no se desintegre bajo la presión del egoísmo liberal.

III. De la Dialéctica de la Dominación a la Analéctica de la Liberación

El núcleo metodológico que debemos heredar y profundizar es el paso de la dialéctica a la Analéctica. La racionalidad de las nuevas derechas es puramente instrumental y dialéctica: identifica lo real con lo que es funcional al sistema de acumulación. Es lo que podemos llamar una «dialéctica de la mismidad», donde el sistema absorbe al otro solo para convertirlo en recurso.

Es necesario realizar una precisión metafísica: la dialéctica hegeliana asume que el conflicto se resuelve en una síntesis donde el «Otro» es integrado por el «Mismo». En la dialéctica del capital, el trabajador es absorbido como mercancía. Sin embargo, la Analéctica dusseliana (del griego ana: más allá) propone que el Otro nunca es totalmente absorbible. El Otro habita en la Exterioridad, un ámbito metafísico que el sistema no puede colonizar del todo.

Mientras la dialéctica es el movimiento de la Totalidad que se despliega sobre sí misma, la analéctica es la irrupción de una palabra nueva que viene desde el «más allá» del sistema. Cuando el excluido reclama justicia social, no está pidiendo simplemente «entrar» al sistema de consumo; está pidiendo la transformación del sistema desde la lógica de la vida.

Esta «epistemología de la escucha» es la gran propuesta de la FL para el siglo XXI. La crisis democrática actual es, en el fondo, una crisis de audición: el sistema solo escucha sus propios ecos financieros. La FL propone que la verdad de un sistema se mide por la interpelación del rostro del pobre. Si el sistema produce víctimas, el sistema es injusto y debe ser liberado. La justicia social es el nombre político del paso de la identidad cerrada a la alteridad abierta. Es la disposición de la Totalidad a ser interrumpida por el grito del oprimido.

IV. Desafíos Propositivos: Arquitectónica de la Vida y Soberanía Tecnológica

¿Cuál es la tarea propositiva de la nueva generación? No basta con la exégesis de nuestros maestros; debemos proponer una nueva arquitectura institucional. Propongo cuatro ejes de acción:

  1. Reconceptualizar el Estado desde la «Potentia»: Frente al discurso que busca desmantelar lo público, debemos recordar con Dussel que el poder real reside en la comunidad (potentia). El Estado es solo potestas (poder delegado). Debemos proponer un Estado que sea la «institucionalización del cuidado», garante de los derechos de los que no tienen voz en el mercado.
  2. La Ética de la Hospitalidad (Carlos Cullen): En un mundo de muros y algoritmos, la educación debe ser un espacio de hospitalidad. Debemos formar sujetos que entiendan que su libertad es proporcional a su responsabilidad por el Otro. La justicia social comienza en el reconocimiento del compañero como un «otro» con igual derecho a la existencia.
  3. Inculturación y Economía de la Gratuidad: Debemos fomentar modelos que reconozcan las economías populares y solidarias. No son «atraso», sino formas de resistencia que priorizan el vínculo sobre el lucro. La justicia social debe proteger la «Casa Común» frente al extractivismo desbocado que trata a la naturaleza como otra «exterioridad» a ser saqueada.
  4. Enfrentar la Tecnocracia Digital: Las nuevas derechas utilizan el algoritmo como una nueva «Totalidad» que descarta sujetos según su rentabilidad de datos. Proponemos una Soberanía Tecnológica desde la Periferia. La justicia social hoy incluye el derecho a la desconexión y la humanización de la técnica. La tecnología debe estar al servicio de la comunidad, no de la vigilancia y el descarte algorítmico.

Conclusión: La Civilización de la Vida

La Filosofía de la Liberación no es un resto arqueológico de los años 70; es el pensamiento más vigente para enfrentar el nihilismo del mercado. Las nuevas derechas nos venden una libertad de cementerio, donde cada individuo es libre de morir solo.

Nosotros, herederos de Dussel, Scannone y Cullen, afirmamos que la única libertad verdadera es la que se comparte en la justicia. El desafío es pasar de la resistencia a la construcción de una Civilización de la Vida. Nuestra tarea es que la dignidad del «Nosotros» se convierta en ley, en cultura y en realidad. La última palabra no la tiene el cinismo del capital, sino la inquebrantable esperanza de un pueblo que se sabe hermano.

Glosario de Categorías para una Filosofía de la Liberación del Siglo XXI

I. Núcleo Dusseliano: La Arquitectónica Ética

  • Totalidad: Categoría ontológica que designa al sistema vigente (político, económico o filosófico) cuando este se cierra sobre sí mismo y se autoproclama como el único horizonte de sentido. En el contexto actual, la Totalidad es el mercado globalizado que niega cualquier realidad fuera de la lógica del capital.
  • Exterioridad: Aquello que está «más allá» del horizonte de la Totalidad. No es solo un espacio geográfico (periferia), sino una categoría metafísica que designa al «Otro» (el pobre, el excluido) en tanto que no es funcional al sistema. Es el lugar desde donde surge la interpelación ética.
  • Analéctica (Método Analéctico): A diferencia de la dialéctica hegeliana, que absorbe la alteridad en una síntesis superior de la «Mismidad», la analéctica es el método que permite la irrupción de la palabra del Otro desde su libertad y exterioridad. Es una apertura metafísica al rostro del oprimido.
  • Fetichismo: Proceso de inversión ontológica donde los productos del trabajo humano (el dinero, el capital) adquieren una supuesta vida propia y divina, mientras que los seres humanos son reducidos a meras cosas o instrumentos. La «mano invisible del mercado» es la expresión máxima del fetichismo contemporáneo.
  • Potentia y Potestas: La Potentia es el poder político en estado de capacidad, inherente al pueblo como comunidad de vida. La Potestas es el ejercicio delegado de ese poder en instituciones. La corrupción política consiste en el «fetiche del poder», donde el gobernante cree que la Potestas es suya y no una delegación de la Potentia.

II. Núcleo Scannoneano: La Fenomenología del «Nosotros»

  • Nosotros Ético-Histórico: Categoría que postula que la identidad del sujeto no nace del «Yo» aislado, sino de una comunidad pre-reflexiva de pertenencia. Es el sujeto colectivo que sostiene la resistencia cultural frente a la atomización liberal.
  • Ethos Sapiencial: El conjunto de valores, símbolos y prácticas que conforman la sabiduría de los pueblos. Se diferencia de la «racionalidad técnica» porque prioriza el vínculo, la gratuidad y el sentido de trascendencia sobre la eficiencia económica.
  • Lógica de la Gratuidad: Principio rector de la vida comunitaria que reconoce que lo esencial (la vida, el amor, la tierra) es un don recibido. Se contrapone a la «lógica de la equivalencia» mercantil, donde solo se da si se recibe algo igual a cambio.
  • Inculturación: Proceso de encarnar los conceptos universales (filosóficos o teológicos) en las categorías y símbolos propios de una cultura local. Una filosofía «inculturada» es aquella que piensa desde la situacionalidad de América Latina.

III. Categorías de Intersección: Cullen y Francisco

  • Filosofía del Descarte: Término del Papa Francisco que describe la fase actual del capitalismo donde el ser humano ya no es explotado, sino ignorado como «residuo». Es la exclusión de la participación en el banquete de la vida.
  • Ética de la Hospitalidad (Cullen): Propuesta educativa y política que entiende la relación con el otro no como un contrato de intereses, sino como un acto de recibir al extranjero, al diferente, reconociendo en su rostro una exigencia de justicia.
  • Racionalidad Tecnocrática: Paradigma que reduce la complejidad de la vida a problemas técnicos que deben ser resueltos por expertos, eliminando la deliberación ética y política del pueblo.
  • Amistad Social: Concepto de Fratelli Tutti que propone la fraternidad como una categoría política real, capaz de reorientar las estructuras económicas hacia el bien común.

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