Manuel Ortiz Pereyra (1883-1941)
Dentro del nacionalismo argentino del siglo XX se han manifestado dos tendencias. La primera de ellas encarna una visión aristocratizante del país. Su autor paradigmático es Leopoldo Lugones (1874-1938). En el Discurso de Ayacucho tenemos la pieza de oratoria que encierra su mirada histórica y su perspectiva hacia el futuro. Lugones ve en el ejército tanto al reservorio de tradiciones homéricas como a la institución preparada para educar a una juventud incontaminada por la política. Cuando a finales de la década del 20 e inicios de los 30 se hablaba de política, nos referimos al radicalismo yrigoyenista. La figura de don Hipólito Yrigoyen (1852-1933), líder del primer movimiento histórico de los argentinos, fue anatemizada como representante de la corrupción y el despilfarro estatal.
La oligarquía golpista del 30 propone en primera instancia un gobierno de tipo corporativista que fracasa en todos los frentes. Uriburu es consumido por el mismo grupo de poder que lo lleva al poder. El gobierno de Justo, constituido desde el fraude, manifiesta una larga serie de hechos de corrupción que crispan al docto poeta cordobés. En la soledad del Tigre, acosado por cuestiones amorosas que no vienen al caso o por la certeza de que el ejército de un país colonial no posee la preminencia de la épica soñada, el gran autor de la Oda a los ganados y las mieses decide terminar con su vida.
Sin salir todavía del nacionalismo aristócrata, la otra gran figura intelectual es la del novelista e historiador Manuel Gálvez (1882-1962). En su obra ya empieza a plantearse la cuestión social. Sus novelas son un estudio de las clases bajas sometidas al escarnio de una vida malograda por las condiciones sociales. Gálvez mira el fenómeno, lo cual ya es elogiable, pero opta por una visión naturalista de la literatura. Da por sentado que ciertos sectores sociales quedan relegados dentro de la estructura nacional. La solución es casi siempre evangélica o salvífica y viene desde arriba. No hay reforma social; mucho menos revolución social. La función del Estado y de la Iglesia es amparar a la prostituta, al enfermo y al desvalido; jamás cambiar los modos de distribución del ingreso. Otro rasgo notorio en la escritura de Gálvez es lo que podríamos llamar un proto-revisionismo histórico. La imagen de Rosas que sale de su pluma es la del primer caudillo nacional que se levantó en defensa de los intereses autóctonos. Visión algo romántica la de nuestro novelista, eso es cierto, pero al menos su idea le permite romper el viejo molde binario que se inicia con Echeverría y pasa por Sarmiento: unitarismo-liberalismo-ilustración-europeísmo versus federalismo-proteccionismo-tradicionalismo- americanismo. El gran mérito de Gálvez, además de su excelente prosa, consiste es encontrar un modo de escapar a un estereotipo historicista que lamentablemente ha regresado con toda su carga de parcialidad mal intencionada. Insistimos en el carácter romántico de hombre providencial con que pretende erigir a Juan Manuel de Rosas[1].
La segunda corriente del moderno pensamiento nacional surge en plena Década Infame (1930-1943). Su figura central será Manuel Ortiz Pereyra (1883-1941), cuya obra sentará los cimientos de FORJA.
En 1934 firma, junto a Luis Dellepiane, Homero Manzione (Manzi) y Gabriel del Mazo el Manifiesto de los radicales fuertes. En aquel texto que busca redimensionar al Radicalismo, estos jóvenes plantean: 1) “Promover la reconquista de la soberanía económica de la nación argentina y de todas las naciones latinoamericanas mediante la anulación inmediata de todos los tratados, contratos, leyes o sentencias por las cuales se han dado o reconocido concesiones a empresas mercantiles.”; 2) “Promover la reconquista de la soberanía política de la nación argentina y de todas las naciones latinoamericanas por la anulación absoluta de todas las facultades dadas o reconocidas a toda institución educacional que no se inspire en los principios de la revolución americana.”: 3) “Abolir todos los privilegios.”; 4) “Establecer las nuevas instituciones, basadas en la colaboración continental y en la seguridad económica y cultural de todos y cada uno de los habitantes.”; 5) Restituir al ejército la integridad de la misión que le asignara San Martín, de defender la soberanía nacional y cumplir los mandatos legítimos conducentes a asegurar la libertad y voluntad del pueblo.”
La crisis financiera del 29 fue el catalizador que demostró lo que la corriente más combativa del radicalismo venía pensando y denunciando: en un país dominado por los pools y los trust extranjeros, las ganancias fluyen de la producción a las casas matrices. Los grandes frigoríficos que gobernaron el país hasta el 43 no hacían más que generar una distorsión interna de los precios de las materias exportadas por la Argentina, ya que esas mismas empresas las vendían en el mercado interno a precios internacionales mucho más elevados que lo que nuestro propio mercado interno podía consumir.
“Fuera del alumnado de la Facultad de Derecho y de la de Ciencias Económicas, nadie cree en la Ley de la Oferta y la Demanda. El alumnado no tiene más remedio que creer porque se la enseñan a la fuerza los profesores, que repiten los textos usuales en Londres, Nueva York o París. Desde que hicimos concesiones y autorizamos monopolios hasta que entraron a funcionar los pools y los trust quedó abolida en nuestro país la famosa ley. Si alguien la cita, hay que desconfiar de él, sin excepción”.
El texto que acabamos de citar es un compendio de mitos sociales y económicos que las clases medias han acatado como verdades absolutas. Es una prefiguración de las célebres zonceras de Jauretche (1901-1974). Desde un punto de vista retórico, esos pensamientos fosilizados forman parte de la tópica que Aristóteles ya había entendido como procedimiento de búsqueda de argumentos para elaborar una persuasión discursiva. Una de las tareas pedagógicas de Ortiz Pereyra fue analizar, en su propio contexto histórico, esas tópica recurrentes. En una de sus más agudas reflexiones sobre el concepto de “libertad”, tan bastardeado hoy por la nueva dirigencia, el falso periodismo y las redes[2], postula una serie de ideas que se han actualizado más que nunca luego de haber sido publicadas en 1926 en El S.O.S de mi pueblo:
“Es axiomático, cuando se carece de independencia económica, todas las demás libertades son un mito[3]: en la Argentina hemos llegado a la carencia completa de libertades por falta de independencia económica. No obstante, los tucanes paraguayos, de mucho pico y poca cabeza, que hacen como si fueran políticos, siguen declamando sobre las excelencias de nuestro sistema constitucional, colmado de libertades para nosotros, para nuestros hijos, para nuestros nietos, para nuestros biznietos y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino… ¡Oh, los ilustres tucanes argentinos!
Si enfrentamos una por una las libertades que nos acuerda nuestra libérrima Carta Magna, con las correlativas realidades de nuestras pobres vidas, comprobaremos este saldo: ¡aquí sólo tenemos libertad para morirnos de hambre!
La libertad de prensa, de emitir ideas. Este precepto constitucional, conquista de la civilización y de la cultura humana, ¿qué significa cuando se sabe que la suerte de los diarios depende del gerente de la empresa extranjera solicitado para dar avisos? ¿Qué le acontecería a La Nación y la Prensa si llegaran a meterse contra los únicos que dan avisos en este país… esos empresarios ingleses y yanquis, únicos capaces de darlos porque no existen argentinos dedicados al comercio ni a negocios de ningún género?[4] ¿Y qué hace un hombre, rebosante de ideas, patrióticamente inspirado, con esa libertad de pensar y de publicar ideas, si no tiene millones de pesos para quemarlos editando un diario o una revista destinados a fracasar si combaten al capitalismo malsano?[5] ¿No v usted, señor mío, que la libertad de prensa y la de publicar son un mito en este país? Pruebe y verá. Le negarán a usted hasta el papel y la tinta si se mete a zonzo contra esas firmas todopoderosas.[6]
Libertad de Comerciar. Empiece usted por saber que no puede comerciar en patatas, ni en frutas, ni en artículos de granja, porque todos esos rubros están acaparados por monopolios[7]. Y termina por saber, muy señor mío, que tampoco es libre para negociar en lino, en cereales o en carnes porque los respectivos trust de esos productos le reventarán a usted, sin más trámites y le quitarán de la cabeza la estupidez de creer que el comercio es libre en este país.
Libertad para trasladarse de un punto a otro. He ahí una libertad bien asegurada en el papel… Pero si usted quiere cambiar de lugar, trasladarse libremente de un punto a otro de su país, es mejor que ejercite sus piernas y luego se traslade a pie, como los linyeras. Porque si usted quiere tomar el ten y tiene familia y algunos muebles, su libertad dependerá del ventanillero de la estación de embarque, quien le esgrimirá una tarifa más larga y más pesada que un palo de amasar tallarines. Y ahí nomás, quedará usted en libertad para viajar y morirse de hambre inmediatamente.
Libertad para elegir carrera, oficio, arte o profesión. El Estado argentino maneja un régimen de instrucción, idéntico a una máquina de embutir pavaditas en la cabeza de los niños y forzosamente elabora hombres con carrera, arte, oficio o profesión que se distinguirán en la vida por su cabeza de chorlito y su gran pico de tucán paraguayo. Por eso todo el mundo rebuzna las mismas zonceras y nadie sabe lo que conviene hacer cuando se trata de parar la olla en casa.
Libertad de enseñar y aprender. Este par de libertades esenciales me recuerda las del pobre Gobernador de la ínsula Barataria cuando, hambriento y sediento, sentábase a la mesa para beber y comer todo lo que quisiera… su médico oficial, el doctor Irteafuera.
Gozaremos de la libertad de enseñar siempre que el gobierno quiera darnos un nombramiento de maestro o catedrático, y siempre que acatemos el plan y los programas oficiales. Es la libertad de los presos: hacer todo lo que quieren los guardianes.
La enseñanza oficial, con planes y enseñanzas oficiales con títulos otorgados por el Estado, con Directores, Inspectores y Consejeros Escolares, creados para enseñar y aprender lo que el gobierno manda, he ahí el valor real, efectivo de ese par de libertades esenciales consignadas en nuestra Constitución, ¡la más liberal del mundo![8]
Libertad para elegir gobernantes. Esta es la libertad mejor estatuida en la Constitución y la única no cumplida, jamás, ni antes ni después de la Ley Sáenz Peña. Sí señor, aunque los tucanes argentinos crean en ella como el agua bendita. En primer lugar, es preciso saber que una cosa es elegir y otra muy distinta, votar. En segundo lugar, hay que saber quiénes, cuántos y cómo eligen los candidatos a gobernantes y cómo vota después el soberano, el pueblo.
La Ley Sáenz Peña asegura el voto libre para la masa popular en los comicios oficiales, pero no le da el derecho a elegir en el seno de los Partidos. Votar no es elegir gobernantes sino obedecer la orden de un partido pastelero que prepara un pastel de candidatos, a espaldas del pueblo, por medio de una convención y de una trenza dentro de ella.
Mientras la Ley Sáenz Peña no sea completada con la Ley de Organización y Funcionamiento de los Partidos Políticos asegurando la libertad de elegir, antes de votar en el comicio oficial, la famosa libertad constitucional de elegir gobernantes continuará siendo una trampa en mano de media docena de profesionales de la política. ¿A quién elige el ciudadano de un partido cuando vota por los candidatos surgidos de una combinación de dirigentes?
Antes de la Ley Sáenz peña se decía al ciudadano: tiene usted toda la libertad que quiera para votar, siempre que vote por el Gobierno. Después de la Ley Sáenz peña se dice: vote compañero, correligionario, con entera libertad, por esos candidatos proclamados en la pastelería de nuestro viejo y glorioso Partido.”
Este texto tiene noventa y nueve años. Denuncia las situaciones que habrían de agravarse con la llegada de la Década Infame. No obstante, desde 1983, los argentinos hemos visto otra forma de fraude: el candidato obtiene el voto de una manera absolutamente limpia desde el punto de vista electoral… Pero antes ha fraguado un desastre que le permite llegar a la magistratura de un modo vergonzante. En el 89 el menemismo logra hacerse del poder mediante un ataque a la gobernabilidad. La famosa frase: “el dólar no estará alto, sino recontra-alto”, fue la deliberada creación de un proceso inflacionario destinado a erosionar no sólo a la mediocre administración alfonsinista, sino a crear pánico social y corrida cambiaria con el fin de justificar otra maxidevaluación de la moneda y un plan de ajuste y privatización que endeudó y destruyó a la República. Años más tarde, con el cruel cinismo que lo caracterizó, el ex presidente riojano dijo que si hubiera dicho lo que pensaba, nadie lo hubiese votado. Por una vez no mintió. La única verdad de los miserables es la exhibición de su crapulencia. Cuarenta años después otro candidato hablaba de la “casta” política. Apenas asumió, le dio el gobierno a los sectores más concentrados y especuladores del país, a los que poco antes había criticado como la demostración de la inoperancia…
Los argentinos nos debemos llegar a la verdadera democracia. Hasta que no democraticemos la economía, la producción y la ganancia (de eso hablaremos más adelante) y el verdadero acceso a la información pública, sólo viviremos este triste engaño que ya habían vislumbrado y sufrido los forjistas.
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Sobre la cuestión del rosismo y la creación de la primera oligarquía ganadera, véase el prólogo de El matadero, publicado en esta misma editorial. ↑
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Hemos salido de la etapa clásica de control analizada por Michel Foucault. Acaso ya no se trata de un panóptico externo que vigila las corporalidades. Con la red y el algoritmo, se ha logrado destruir al ciudadano y convertirlo en un consumidor de falsedades. Una vez convertido en un consumidor pasivo de estructuras ajenas de pensamiento, no hace más que repetir y vomitar el odio que circula a través de los circuitos digitales. Cualquier dislate es posible: vampirizar vacunas necesarias; burlar la diferencia; aniquilar las ideas de bien común; destruir morales y proyectos comunitarios. Esta basura es introyectada en el aparato psíquico y la libertad consiste en repetir lo que una red de trolls bien pagos propone. En esta estafa prostibularia ha caído la palabra “Libertad”. ↑
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En el momento en que hacemos esta reseña sobre Ortiz Pereyra, algunos festejan el nuevo endeudamiento por veinte mil millones de dólares con el FMI. Triste historia la de un pueblo que a pesar de haber tenido hombres sabios y prudentes que aconsejaron y bien, se deja llevar por una banda de mercachifles que ha hecho de la especulación y la entrega su leitmotiv existencial. ↑
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Sobre el periodismo ensobrado y la falta de una burguesía nacional volveremos más adelante. Hemos vuelvo a una segunda Década Infame. ↑
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Las modernas redes de desinformación se constituyen en la versión posmoderna de lo que se ha vivido desde hace más de un siglo. ↑
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¿Por qué no pensar que el autor anticipa la necesidad de una verdadera Ley de Medios? ↑
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Cuando veamos la Estructura Inflacionaria Argentina, trabajaremos sobre los problemas de una economía cuya producción esencial está acaparada en un 59% por oligopolios que manejan la estructura de precios. ↑
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Ahora tenemos un nuevo organismo de control que multiplica el panóptico foucaultiano ad infinitum: el chat de mamis y de papis. Auténtico Ojo Cancerbero que, ante la mínima sospecha de pensamiento social por parte de un docente, expulsa sus iras con una consigna que posee el fervor del cruzado: “¡Con nuestros hijos no!”, nueva versión del antiguo “Deus vult”. ↑