Padre Carlos Mugica, 50 años de presencia eterna en el Pueblo. Continuando su legado.

Padre Carlos Mugica, 50 años de presencia eterna en el Pueblo. Continuando su legado.

Entrar en los pasillos de las villas siempre es toda una vivencia. Últimamente varios de los de la 21-24 en Barracas incluso cuentan con presencia policial, porque El Barrio se ha puesto, como dicen los vecinos, muy picante. Y extreman todas las medidas de cuidado, porque ellos mismos, son los primeros damnificados.
Esa atención es más dedicada aún, cuando vamos los docentes. Hace 10 años que recorro todos y cada uno de los pasillos de la 21-24 y quince años antes recorría los de la 1-11-14, El Bajo Flores, como Catequista en “Santa María Madre del Pueblo”, la parroquia villera del legendario Padre Rodolfo Richardelli, (uno de los mejores amigos de Carlos Mugica); y el patrón es el mismo: los vecinos siempre te acompañan y cuando el tema está difícil (con aumento de delincuencia, enfrentamiento de bandas o llegada de nuevas drogas, cómo la cocaína rosa o Tusi), te ayudan a esquivar los lugares más peligrosos, te acompañan hasta las avenidas a tomar el colectivo y hasta te aconsejan salir más temprano, antes de la profundidad de la noche. Te brindan todo su amor.
En ese momento vuelven una y otra vez, las palabras de la oración del Padre Carlos Mugica: “yo me puedo ir y ellos no”… y 50 años después de su martirio, esas palabras nos interpelan una y otra vez. En la época de Carlos, las villas tenían mucha más casillas de chapa que hoy, y había otras problemáticas sociales, pero el cuidado y el amor del Pueblo Villero era absolutamente el mismo. Carlos se hizo profundamente Peronista gracias al amor de ese Pueblo, y en mi caso fue….igual. Hace dos semanas estuvimos con algunos profesores y un cura, en el cumpleaños de un pequeño alumno de tercer grado de nuestro colegio (muy cercano a la 21-24 y al que asiste un 70% de niños de ella) que vive en un pasillo que da a la calle Luna, y el amor que nos brindó toda esa familia fue increíble. Nos ofrecieron casi imperativamente, hasta lo que no tenían y comimos hasta el cansancio, entre juegos, abrazos e historias de vida muy duras, figuritas de la Copa América 2024 y bendiciones a su hogar; y el pequeñín quería que nos quedáramos ¡a dormir!
El Padre Mugica sintió ese inexplicable amor, y decidió actuar en consecuencia. Hace años, hablando con el Padre Richard (Rodolfo Richardelli), me decía que el sueño de Carlos era que las villas fueran auténticos barrios obreros, y que el 95% de sus vecinos eran gente maravillosa que lo daba todo por los demás. Richard y otros curas motorizaron ese sueño en la construcción de barrios obreros en la zona de Virrey del Pino, La Matanza, luego del regreso de la Democracia, en 1983.
En el caso de Carlos Mugica, se convirtió en la voz del Pueblo villero, llegando a llevar famosos y a mucha juventud a la Villa 31. Siempre expuso las problemáticas de los vecinos, en tiempos muy difíciles en los que el Peronismo llevaba más de 15 años de proscripción electoral. Varios de esos jóvenes, luego se unieron a los grupos armados de la época, especialmente a Montoneros, conocida popularmente como la guerrilla peronista, pese a que anteriormente habían existido las FAP, las Fuerzas Armadas Peronistas.

Un año clave en la Historia Argentina, 1973
Cuando en 1973 se levantó la proscripción contra el Partido Justicialista y volvió la Democracia plena al país tras 18 años, el entusiasmo de Carlos fue increíble. Participó plenamente de la campaña del “Luche y vuelve” que llevó al Presidente Cámpora al poder, e incluso le hablaba a grupos de amigos, familiares y jóvenes con una alegría inusitada para que fueran a votar a la fórmula Peronista, el 11 de marzo de 1973.
Es en ese contexto que comienza mi libro “Entregado por nosotros, Montoneros y el asesinato del Padre Mugica”, que habla de ese sinuoso 1973 hasta su muerte en 1974, y su legado. En todo momento, Carlos luchó por unir al Movimiento Nacional Justicialista, creía en el diálogo y la Democracia, pero para muchos otros, tras 18 años de prohibición electoral, esa palabra no tenía mucho sentido o era algo desconocida.
Tras el triunfo de Cámpora, los nubarrones internos asolaron al país y llegaron los ajustes de cuenta, la toma de edificios públicos, los pases de facturas, y la búsqueda de traidores burócratas que habrían tenido supuesta connivencia con la dictadura anterior, incluso dentro del mismo Movimiento Nacional Justicialista. Los Montoneros, a tres años de su nacimiento, habían recibido un poder inconmensurable dentro del gobierno, que incluía a los gobiernos de 3 de las 4 provincias más grandes del país (Buenos Aires, Córdoba, y Mendoza) además de las provincias de Salta y Santa Cruz; más de una veintena de diputados propios, miles de cargos en la administración pública, y decenas de cargos en el gobierno. Era un triunfo total, llave para el diálogo y el encuadre siguiendo al líder, al General Perón. Pero no pareció ser suficiente para su conducción nacional.
El anciano líder se dio cuenta de ello ya desde el vamos, cuando prácticamente sus militantes echaron al desfile militar de la asunción presidencial del 25 de mayo de 1973 (al grito de “¡se van, se van, no vuelven nunca más!”), y más aún cuando dos horas después miles de personas fueron a tirar abajo la cárcel de Devoto abajo para liberar a los presos políticos, saliendo además todo tipo de criminales. El presidente no había terminado aún de atender a todas las delegaciones e invitados a la asunción. Días después, Rodolfo Galimberti, líder de La Orga llamaba a formar milicias populares.
Todo esto fue llevando a un enfrentamiento interno incluso anterior al regreso definitivo del General en Ezeiza, cuando en una acto para conmemorar a Evita, los Montoneros y la Juventud Sindical se enfrentaron, dejando un muerto por el lado de los sindicalistas. Todos los caminos condujeron al día del retorno definitivo de Perón, y su intento fallido de descender en Ezeiza, el 20 de junio de 1973. Cómo dato para la posteridad, en el avión que lo traía, junto a actores, deportistas, y personalidades peronistas, iba el Padre Richard, en representación del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo.
Pero no, lo que debía ser fiesta fue una matanza entre sectores del movimiento. Los millones de personas que fueron a recibir a Perón, debieron guarecerse de los disparos y ajustes de cuenta. Esta vez los grupos de la llamada Derecha Peronista (más bien la ultra derecha), fueron los que primeriaron a sus oponentes. El enojo y dolor del anciano líder ante toda esta hecatombe, filmada en vivo para la televisión, derivó en la renuncia del gobierno el 13 de julio, a 49 días de haber asumido.
Los sectores ultra derechistas habían ido encontrando cobijo en el Ministerio de Bienestar Social, que dirigía el secretario de Perón, el ex policía esotérico, José López Rega, nefasto personaje siempre reconocido como “El Brujo”, por su afición al ocultismo. Pese a este personaje, la balanza de distribución de poder había estado netamente inclinada hacia el lado montonero, hasta Ezeiza. Tras la renuncia del presidente, y en un verdadero movimiento de ajedrez político, llegó al poder Raúl Lastiri, el yerno de López Rega, más conocido por su ropero con 300 corbatas que por cualquier acción de gobierno. En seguida se programaron otras elecciones presidenciales para el 23 de septiembre de ese mismo año.
Mientras tanto Carlos Mugica, tuvo un muy fugaz paso como asesor en Bienestar Social, cargo al que había accedido para ayudar a los vecinos villeros consiguiéndoles materiales construcción, facilitando la mejora en la calidad de vida, y hasta proyectando futuras viviendas, autoconstruidas por los villeros. Los choques con el fatídico Brujo no se hicieron esperar, llegando a sugerir el ministro que el Padre Mugica no tenía control sobre los fondos utilizados en su área, a lo que Carlos respondió mostrando públicamente cada una de las facturas por hasta el último de los ladrillos comprados, en su afán de que las villas pudieran convertirse en auténticos barrios obreros. Y tras eso, renunció, sin que eso hiciera menguar un ápice su total lealtad al General Perón.

Meses que fueron años: de septiembre de 1973 al 1°de mayo de 1974
Septiembre fue el mes clave de ese año. A principios de ese mes en una homilía, Carlos llamó a “Dejar las armas y tomar los arados”, mientras en El Movimiento Nacional, aún se recordaban los cantos de Montoneros contra el líder de la CGT, José Ignacio Rucci (“Rucci, traidor a vos te va a pasar, lo mismo que a Vandor”) Mientras tanto, el proceso electoral siguió adelante y el 23 de septiembre Perón ganó las elecciones con el 62% de los votos, un resultado jamás conseguido por presidente alguno, desde la Ley Sáenz Peña. La contundencia del triunfo y la felicidad del Pueblo parecían vaticinar lo mejor, pero no…dos días después Montoneros decidió asesinar al líder de la CGT, y todo fue en caída libre.
Para peor, Carlos se enteró de primera mano que habían sido los Montoneros, y su tristeza y desazón fueron aún más grandes. El MSTM y Mugica fueron muy críticos de ese crimen, pese a que Carlos no tenía demasiada simpatía por Rucci; pero eso no le privó ver el terrible horror cometido por La Orga, al ver a Perón quebrado…
…Todavía recuerdo la primera vez que escuche los audios de la entrevista que le hicieran en un programa de radio en Chivilcoy a Carlos en noviembre de 1973, y que fueran facilitados por el querido Jorge Rulli, uno de los fundadores de la Resistencia Peronista, en 1955, tras el golpe de estado contra El General. Se notaba la gran lucidez, y todo el dolor de Carlos Mugica, en cada respuesta. Incluso se sentía gran presencia de jóvenes militantes queriendo repreguntarle y él contestándoles casi al instante cómo sabiendo de ante mano lo que le iban a decir. El Padre Mugica fue muy contundente: “le sacaron la inmensa alegría al Pueblo de disfrutar a Perón presidente dos días después de haber sido elegido presidente (…) fueron los Montoneros, ellos mismos me lo dijeron (…) un error gravísimo de los Montoneros, la nueva burocracia (…) muchos montoneros tampoco son Pueblo, son pequeños burgueses que descubrieron la revolución en los libros, y juegan con el Pueblo, juegan con el Pueblo” dijo entre otras afirmaciones lapidarias más; entrevista que reproduje en su totalidad en mi libro, así como todos los artículos del Padre Mugica de este período de su vida.
Tras el asesinato de Rucci, todo fue una vorágine que no hizo otra cosa que deteriorar más la situación del país. Las bandas del Brujo, infinitamente menores a Montoneros, se envalentonaron y llamaron a “defender a Perón con todos los calibres”, mientras el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) la guerrilla izquierdista, atacaba al regimiento militar de Azul a inicios del´74, y al General le llegaba información que había sido con inteligencia brindada por algunos montos; Carlos Mugica criticó durísimamente ese hecho diciendo que “el que ataca un regimiento militar durante la Democracia, con Perón cómo presidente, es el anti Pueblo”. El presidente, reunió y expulsó a los diputados de La Orga que no se encuadraron; y se fue gestando una fuerte disidencia dentro de Montoneros, la JP Lealtad apoyada por los curas del tercer mundo, promovida por Carlos, y que tenía cómo dirigente de una de sus columnas a otro sacerdote, el padre Jorge Galli.
En el medio de todos estos hechos, no faltó el profundo espacio para la espiritualidad de Carlos Mugica. En cada misa, en cada homilía, en las Comuniones en la villa a fines del ‘73 o cuando en diciembre de ese año se hizo el primer Lujan de la Villas en democracia, para llevar a los pibes y pibas a hacer la segunda Comunión a los pies de la Virgen de Luján, costumbre que en las villas, se sigue ininterrumpidamente hasta el día de hoy.
Y también tuvo tiempo para defender a la iglesia, cuando el autodenominado obispo casado Jerónimo Podestá quiso incorporarse, junto a un grupo de curas casados al MSTM y Carlos se interpuso a ese pedido. Podestá le dijo: “tenés una teología retrograda Carlos” y Mugica le respondió: “Y vos tenés una teología pelotuda, nadie te amenazó con un arma para ser sacerdote, ni para dejar de serlo”
Siempre comprometido, nunca inocente, las amenazas comenzaron a llegarle tanto por izquierda como por derecha. Fueron momentos de profunda reflexión. Obviamente tenía miedo, pero más grande era su dolor por los ataques y las vueltas de cara de muchos jóvenes que habían conocido las villas y a los pobres gracias él, incorporándose luego a La Orga. Aunque su máximo temor era que lo echaran de la Iglesia Católica. Es hartamente conocida su frase: “la Iglesia es santa y prostituta, pero es mi Madre, y la amo” Así y todo siguió adelante. Ya desde unos meses había, tenido el gesto fuerte de comenzar a colaborar con artículos para el diario de la ortodoxia peronista, Mayoría; aunque nunca se apartó de sus contactos con el centroizquierdista La Opinión.
Primero lo amenazaron los esbirros de López Rega en su publicación El Caudillo, desde la ultraderecha en diciembre de 1973. Unos meses después, a fines de marzo de 1974, la ultraizquierda desde Militancia, publicación ligada Montoneros, lo enviaba a su sección Cárcel del Pueblo, completando el tenebroso tándem de intolerantes que lo atacaron. Cabe destacar que quienes iban a esa sección de la revista, solían ser asesinados.
A principios de ese mes de marzo de 1974, finalmente se había presentado la JP Lealtad, la ruptura interna más grande que jamás haya tenido Montoneros en su seno, y que motivó que casi el 40 % de sus miembros, y casi el 90% del Movimiento Villero Peronista ligado a esta, se pasaran a Los Leales.
Cuando escribí “Entregado por nosotros…”, todos los entrevistados, tanto on u off de record dieron cuenta de lo indispensable que fue el Padre Mugica en esa disidencia. Algunos lo ponían en un primer plano, y otro en uno más secundario de apoyo, pero tanto Jorge Rulli, como Alejandro Peyrú, Julio Bárbaro, los vecinos de las villas, las fuentes en off, etc; todos concordaban en el sentido apoyo de Carlos a la JP Lealtad, basado en su inquebrantable apoyo al General Perón, y así lo atestiguó el mismo sacerdote en dos gigantescos artículos salidos de su puño y letra, publicados en marzo y abril de 1974: “La encrucijada de la juventud: de la alienación ideologista al realismo cristiano”, y el aún más duro: “la ultraizquierda en las villas”
El 19 de marzo de ese año, Mayoría sacaba a la luz, más que un artículo, una autentico legado del Padre Carlos Mugica para todas las juventudes de todas las épocas: “La encrucijada la Juventud. De la alienación ideologista al realismo cristiano”. Todo su texto es increíble, y aconsejable de leerlo y releerlo todas las veces que haga falta. Desde el vamos, apoyaba la conformación de la JP Lealtad. La parte central, el núcleo del texto, expresaba que “la encrucijada de la juventud es dramática (…) si la juventud renuncia a buscar la revolución en los libros (…) y asciende al Pueblo, asumiendo sus problemas reales y su lucha por acabar con el gran pecado de nuestro tiempo, que es la explotación del hombre por el hombre, la revolución Justicialista quedará asegurada”. Para finalmente sentenciar que “empapémonos de Pueblo y Evangelio y serviremos a la reconstrucción moral del hombre argentino, que el anhelo más hondo del General Perón. Y seremos esos hombres nuevos, puros, que Cristo fecundó desde la cruz, hasta el final de los tiempos”
La respuesta atroz de Montoneros, llegaría desde la mencionada revista Militancia, como así también desde su medio oficial, el diario Noticias. Incluso trataron de mandarle gente a hablar mal de él en la villa. Pero no lo lograron. Un ex funcionario en off, hasta ubicaba a Rodolfo Walsh, entre esas personas, pero contrariamente a lo esperado Walsh vivió el formidable amor del Pueblo villero para con Carlos, y abandonó intempestivamente ese mandato empatizando con lo que vio, y aquello habría formado parte del camino que lo llevaría años después a una profunda crítica contra la conducción montonera.
Lejos de caerse, Carlos Mugica se levantó una y otra vez; y en “La ultraizquierda en la villa”, entrevista que le hicieran en Mayoría el 19 de abril de 1974, decía que “hay quienes quieren eternizar las villas, es decir eternizar la pobreza (…) no son los curas los que se alejan de La Tendencia -Montoneros-, sino La Tendencia la que se aleja de nosotros” En la nota el padre Mugica criticaba a La Orga por oponerse al Plan Alborada de viviendas populares hechas por el gobierno. Si bien Carlos era de la idea de los sistemas de autoconstrucción con la intervención comunitaria de los vecinos villeros, su amor por ellos lo llevó a reconocer, comprender y aceptar que los vecinos de su barrio se acogieran al plan y vivieran en mejores condiciones en los nuevos barrios.
Poco antes del 1° de mayo de 1974, dos publicaciones ligadas a Montoneros, Liberación y El Peronista, titularon: “No estamos conformes” refiriéndose a la marcha del gobierno nacional. Era claro que la organización perdía apoyo a diario, y que de aquel poder tenido durante el gobierno de Cámpora, cada vez era menos lo que quedaba. El enfrentamiento con el gobierno era cada vez más notorio. Ante eso, varias personalidades, entre las que se encontraban Landrú, Leguizamo, Silvio Marzolini, Nélida Roca, el Padre Quiles, Arturo Jauretche y el Padre Carlos Mugica, aceptaron salir en la revista Las Bases, dirigida por la hija de López Rega, Norma, que en su último número de abril, titulaba “Estamos conformes”.
Allí Carlos expresó que “El gobierno del General Perón ha manifestado una preocupación por los ancianos y los niños (…) con un profundo sentido cristiano: veamos las viviendas que se están haciendo y las que se han entregado y los aumentos a los jubilados” En el artículo también resaltaba, “la defensa (…) que hace el gobierno (…) de la expansión demográfica para que aumente el número de los hijos de argentinos, para que tengamos abiertas las fronteras a hermanos latinoamericanos y europeos (…) y la conciencia entre mayorías hacia la unidad. Todo indica claramente un criterio cristiano”

Del 1° de Mayo a su martirio. La pasión según Mugica
“El que me ha entregado a ti es mucho más culpable que tú” (Juan 19,11 – palabras de Jesús a Poncio Pilatos)

Era el primer Día del Trabajador, con Perón presidente de 1955, y a la postre su último, y fue uno de los más tristes que se recuerde. El General venía de una mañana agotadora ante el Congreso Nacional, y al llegar a La Plaza el quiebre con Montoneros fue absoluto. Los cantos hirientes entre La Orga, La Ortodoxia, los grupos sindicales, y los independientes fueron atroces. La JP Lealtad y el Movimiento Villero Peronista Lealtad, habían juntado entre ellos casi el mismo número de persona que La Orga, que fue la agrupación más nutrida, con 30.000 personas, los grupos sindicales, sólo habían llegado a unas 10.000 personas, la JPRA o Jotaperra ligada al Brujo, 6 o 7000 personas; y en total en Plaza de Mayo, con los independientes se contabilizaban unas 100.000 personas.

De un lado a otro el enfrentamiento coral fue in crescendo, al son de “¿Qué pasa, qué pasa General, está lleno de gorilas el gobierno popular? O el “¡Perón Evita, la Patria socialista!” por el lado montonero; respondidos con cantos como “¡Perón, Evita, la Patria Peronista!” y hasta un ¡Presente, presente General, Presente La Lealtad!” de la JP Lealtad. Fue el 1° de Mayo donde El General, visiblemente enojado con los ataque les dijo a los montos “estúpidos”, “imberbes” y que todavía no había “tronado el escarmiento” a lo que ellos le respondieron ya en retirada, con el que más le dolió al Presidente, “¡Boludos, imberbes y boludos, seguimos a una puta (Isabel) a una muerta (Evita) y a un cornudo (Perón)!”. Casi la totalidad de los montoneros se fueron de la Plaza de Mayo, mientras el resto les cantaba “¡Aserrín, aserrán, el Pueblo se queda acá!”

Incluso cuando se estaban yendo de La Plaza, el Padre Mugica trató de convencerlos de que se quedaran, y fue duramente increpado por varios de ellos, lo que quedó registrado en los escritos del Padre “Pichi” Meissegier: “1° de Mayo de 1974. El Padre Mugica se queda en la Plaza con Perón tras la salida de Montoneros. Duras discusiones con dirigentes de la JP La Tendencia”. Entre quienes se quedaron con Perón, había dos jóvenes militantes que llegarían a ser presidentes de la Argentina: “con Néstor nos quedamos con Perón” dijo Cristina Fernández de Kirchner en 2022.

En esa primera semana de mayo de 1974, la salida de gente de La Orga fue más precipitada que nunca, y las amenazas volvieron a arreciar. Pero no sólo de Montoneros, porque mientras más gente se unía a Los Leales, había más chances para la paz, algo que también molestaba a los esbirros de López Rega, que tenía un diminuto sector juvenil aliado, la Jota perra, muchos pistoleros afilados, y que había hecho volver a la policía a lo más duro del aparato represivo de Lanusse: los comisarios “tubito” Villar y Margaride.

El 5 de mayo, Carlos se encontró con Antonio Cafiero, a quien le aseguró estar preocupado por las amenazas de Montoneros, según aseveró varias veces el ex gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Un día después, con Jacobo Timmerman, a quién le dejó un artículo que sería póstumo, y a quién también le manifestó que “las amenazas que recibía no eran ajenas a Montoneros”. El 8 de mayo día su última entrevista, en la que lejos de tratar temas de la política habló mucho de espiritualidad y hasta de la misa villera que estaba preparando con el Grupo Vocal Argentino.. El 11 de mayo, tras dar una misa en la calle Zelada, fue baleado en la calle. Y falleció tras llegar al hospital Salaberry gravemente herido.
Las cartas manchadas con sangre había sido echadas: dos días después, mientras se llevaba a cabo el sepelio, la conducción montonera expulsaba definitivamente a toda la JP Lealtad, y en breve, todas las regionales de la JP le daban el poder a los mandamases de La Orga. Mientras tanto, un muy dolido General Perón, hablaba de “microbios” y “gérmenes patógenos” en clara referencia a ellos. Visiblemente deteriorado en su salud y en su ánimo, no fue al sepelio. Todo esto fue aprovechado también del otro lado, en el extremo derecho de la pantalla, y unos días después, el Consejo del Partido Justicialista, le daba todo el poder…al Brujo López Rega.
Los extremos sacaban lustre a sus armas, el sacerdote que había luchado para alcanzar la paz, y unificar al movimiento, había sido quitado del camino. Pero no lograron ser los herederos. El anciano líder en su última aparición pública, casi un mes después, diría: “mi único heredero es el Pueblo”.

Si el autor material fue el de la versión oficial (que en una causa con demasiadas idas y vueltas, fabuladores detenidos por mentir, libros escritos en base de esos dichos descalificados por la propia Justicia, y con un jue como Oyarvide), que dictaminó que fue uno de los pistoleros asesinos de la Triple A, el nefasto ex policía Almirón. O si fue el Pelado Diego, alias de Antonio Latorre, otro pistolero pero esta vez miembro de la Columna Norte de Montoneros, liderada por El Loco Galimberti, (quién públicamente aseguró que uno de sus pocos errores había sido “lo del Padre Mugica”). O si cómo dijo una de las fuentes centrales de mi libro, a quien denominamos X (porque quiso mantenerse en off), fue algo en conjunto; versión que dejó picando Jorge Rulli al hablar sobre la funcionalidad de la Triple A, cuando contó que atentaron contra su propia vida y que mataron al comisario Troxler luego de que ambos se pelearan con la conducción montonera; todo esto pese a ser importante, no es ni por asomo lo trascendental que nos deja su vida, cómo si lo es el legado del querido Padre Mugica.

Su legado

Cuando año tras año vamos al Luján de las Villas a fin de año con los chicos y chicas, cómo lo hiciese el mismo Padre Carlos, ahí está Mugica. Cada vez que un vecino villero tiene un logro en su vida, o sus hijos se gradúan, o puede acceder a mejores condiciones de vida o los departamentos o casas del IVC, FONAVI, etc; ahí está Mugica, porque buscó siempre lo mejor para los vecinos villeros. Y ni que hablar cuando el Padre Richard y otros tantos levantaron las viviendas autoconstruidas por los vecinos villeros en Virrey del Pino, ahí estaba Carlos Mugica.
Pero también está en cada fiesta popular, en cada misa en las villas, en cada canto, en cada oración. Él hablaba con mucho entusiasmo y respeto de cada costumbre, cada comida, cada historia de los vecinos, y admiraba esa identidad cultural. En cada una de esas cosas, está el Padre Mugica. Y también en el acompañamiento en el dolor de los vecinos, porque él los acompañaba y estaba a su lado

Además, está en cada cura, cada religiosa, religioso, catequista, cada docente, enfermero, voluntario, etc., que alguna vez leyó o sintió en su corazón, aquel poster que tenía el Padre Richardelli, en El Rescate de Santa María Madre del Pueblo, en la Villa 1-11-14 (que era un tinglado cerrado, donde dormían algunos vecinos sin hogar, además de él mismo), un poster con la cara del Padre Mugica que decía: “Un sacerdote ha muerto, ¿quién se anima a seguirlo?”

Cuando esta semana hablábamos con los jóvenes, chicas y chicos sobre quién era Carlos Mugica, podía notarse el brillo en sus ojos. Una historia muy desconocida para muchos de ellos, o que alguna vez habían escuchado de algún bisabuelo o bisabuela. La del Cura Rubio, que dejó la comodidad de su familia rica para darlo todo por los más necesitados. Siempre con “un oído en el Pueblo y otro en el Evangelio”, frase que ya dijera Carlos y que fue inmortalizada por el Obispo Pelado Angelelli, otro mártir de nuestra Patria.

Y cuando hablábamos con la con la juventud militante pasaba lo mismo. Cuando escuchaban cómo trató de unir al Movimiento Justicialista, siempre fiel al General Perón, al Pueblo, al Peronismo, cómo expresión de la Justica Social y de la Doctrina Social de la Iglesia. Siempre muy comprometido.

Es imposible no vivir en carne propia muchas de las experiencias que él vivió, cuando casa semana se recorren los pasillos de las villas. En alguno de ellos en la 21-24, por mi tamaño, tengo que pasar de costado porque no entro, y los jóvenes que siempre salen a acompañar te dicen “dale Profe, yo te acompaño por esa manzana, no te preocupes”, y te dan ese amor inquebrantable que también recibió el Padre Carlos. Amor que da cada familia que te recibe, te saluda, te abraza y te comparte un mate o una torta frita. O incluso cuando hay que meterse rápidamente en una casa porque hay algún transa o se oye algún disparo, es imposible no rememorar aquel “yo me puedo ir, y ellos no” de su oración
O las críticas del afuera de la villas, jamás de los vecinos, mis hermanos villeros, sino de los que alguna vez cayeron sobre mi procedencia (en mi caso la clase media) como lo hiciesen mucho más duramente con Carlos (López Rega y la intelectualidad montonera) por provenir de la clase alta.

Cada comida compartida, cada sonrisa, cada Rosario entregado, útiles, figuritas de La Copa América, cada beca gestionada, es incomparable ante tanto amor recibido tan intensamente. Recuerdo una oportunidad en la 1-11-14 empapado en el medio de una terrible tormenta, con el agua casi en la cintura en la Avenida Perito Moreno, y unas Doñitas me hicieron pasar a su hogar y a los 15 minutos ya estaba bañado, comido, y.. ¡vestido con ropa seca que me fueron consiguiendo! El Padre Mugica sintió también ese profundo amor y lucho con uñas y dientes por ellos. Nunca sólo, siempre acompañado por los curas del MSTM, por amigos, y por el Pueblo Villero. Hoy más que nunca Carlos Mugica vive en su Pueblo.

Por todo esto es que su mayor legado está más que vivo, en todos los que intentamos tomar su posta desde nuestra vida cotidiana, siguiendo su mensaje, su vida, y que tiene como resumen su oración, su “Meditación en la Villa” que posee una dolorosa actualidad diaria, y que no deja de ser nuestra hoja de ruta a la hora de seguir al Padre Mugica, para poder transformarla

«Señor, perdóname por haberme acostumbrado a ver que los chicos, que parecen tener ocho años; tengan trece; Señor, perdóname por haberme acostumbrado a chapotear por el barro; yo me puedo ir, ellos no:
Señor, perdóname por haberme aprendido a soportar el olor de las aguas servidas de las que me puedo ir y ellos no; Señor, perdóname por encender la luz y olvidarme de que ellos no pueden hacerlo; Señor, yo puedo hacer huelga de hambre y ellos no: porque nadie hace huelga con su hambre; Señor, perdóname por decirles no solo del pan vive el hombre, y no luchar con todo para que rescaten su pan; Señor, quiero quererlos por ellos y no por mí. Ayúdame.
Señor, sueño con morir por ellos: ayúdame a vivir para ellos.
Señor, quiero estar con ellos a la hora de la luz. Ayúdame”

Juan Manuel Duarte
Profesor de Historia (JVG)
Especialista en Educación (UdeSA)
Catequista Villero (desde 1995)

(Todas las citas del texto, se encuentran en mi libro “Entregado por nosotros. Montoneros y el asesinato del Padre Mugica”, publicado por la Editorial Pengüin Random House en 2014, y re editado en 2024)

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