¿Porqué aumenta la delincuencia entre los Jóvenes?

¿Porqué aumenta la delincuencia entre los Jóvenes?

El presente articulo tratará  de analizar los motivos que llevaron a la profundización de los delitos cometidos por adolescentes, en un entorno social donde el creciente prejuicio y discriminación, la influencia ejercida por los medios de comunicación y redes sociales, los comentarios de personas que opinan, sin ningún tipo análisis serio u academico, que con los militares no sufriríamos tal inseguridad  y los que sostienen que hay que decretar la pena de muerte contra estos jóvenes  que han perdido los valores de antaño. Esta realidad forma el telón de fondo de un fenómeno complejo, para el cual no podemos quedarnos con respuestas o soluciones que minimicen la complejidad del fenómeno.   

Como es bien sabido, las transformaciones sociales ocurren de acuerdo a una multiplicidad de causas. En estas pocas lineas se intentará, de una forma somera, describir y analizar alguno de estos posibles factores y cómo contribuyeron  al desarrollo de este fenómeno de delincuencia cada vez más marcada entre los más jóvenes, que tanto aqueja a nuestra sociedad.

 Sabemos que la delincuencia no es un fenómeno que afecta solamente a las sociedades actuales, sino que existió en todas las sociedades y en distintas épocas. En la actualidad, con frecuencia, relacionamos la delincuencia con las villas; en nuestro país estas surgieron como consecuencia de la falta de políticas de construcción de viviendas ante el aumento de población en las grandes ciudades como Buenos Aires, Rosario y Córdoba. Este aumento poblacional, poco controlado y sin planificación alguna, provocó asentamientos en zonas precarizadas, fundamentalmente en el conurbano bonaerense. Ahora, si la delincuencia no es un fenómeno actual,  las villas miseria existen desde hace aproximadamente, cinco o seis décadas y sus habitantes eran anteriormente personas respetuosas y trabajadoras. Nuestra hipótesis es que una de las causas principales por lo cual aumentó la delincuencia fue por un modelo económico que se instala en nuestro país y en otras partes del mundo a mediados de los 70.

Economía neoliberal

Comenzaremos por analizar la idea de aquellas personas que creen que con los militares estaríamos más seguros y que cuando ellos estaban en el gobierno no existía este tipo de delincuencia. Tiempo atrás, el dueño de una fábrica  metalúrgicas  donde trabajaba, hablando de la delincuencia me dijo: 

Si hay algo que no podemos criticarles a los militares es el tema de la seguridad, uno podía caminar tranquilo por la calle, si te paraban te pedían los documentos y si no andabas metido en “nada raro” te dejaban ir sin molestarte…”

 Para el tiempo en que escuché este comentario mi nivel de conocimiento y análisis político era extremadamente pobre, y por consiguiente estaba, en parte, de acuerdo con la opinión de esta persona. Años después una  vecina me pregunto: 

“Vos que estudias historia, que pensás ¿Con los militares estaríamos mejor? ¿Estaríamos más seguros contra la delincuencia?”.

 Para responder a estas preguntas, primero tenemos que formularnos otras  de no menor importancia; ¿A quienes perseguían los militares? ¿A los jóvenes delincuentes?; definitivamente no, ya que este fenómeno no existía en la magnitud que hoy en día, sin mencionar que fueron ellos (los militares), uno de los principales responsables económicos de la destrucción de nuestras fabricas, instaurando una economía de corte neoliberal. Podemos decir que este fenómeno es, en parte, producto de una economía que generó destruccion de trabajo y poder adquisitivo. Ezequiel Adamovsky en su obra “Historia de la clase media Argentina” nos brinda datos y fuentes de la perdida de la fenomenal transferencia de riqueza de los sectores mas pobres a los mas ricos producto de las politicas economicas del ministrio de economia José Alfredo Martinez de Hoz

 ¿Perseguían a los ladrones en general? Es bien sabido que no era la intención. Existe buena cantidad de bibliografía que expone claramente quiénes eran los que estaban entre los objetivos de los militares. Podemos comprobar  que los perseguidos, torturados, exiliados y asesinados no eran solo personas involucradas en la guerrilla, (y sin mensionar que para el 24 de marzo de 1976 la guerrilla ya estaba derrotada militarmente y catorce provincias ya estaban intervenidas por los militares antes del golpe) sino también artistas, escritores, estudiantes, profesores de las universidades más importantes y obreros combativos, que luchaban por los derechos de los trabajadores, en fin, todo aquel  que entraba en la categoria de enemigo interno o subversivo. Si durante la dictadura militar, no podía haber más de dos personas en una esquina, no era porque estos fueran a ser delincuentes, sino para la defensa de la ideología de la doctrina de la seguridad nacional. Se perseguían ideas no personas. Por eso podemos asegurar que una de las causas a largo plazo de la imposición de este modelo económico, los desastres legados por la última dictadura militar y su relación con el surgimiento de varias generaciones que perdieron la cultura del trabajo debido a la destrucción paulatina de nuestra economía productiva, una pobreza y marginalidad que se profundiza en las décadas siguientes. 

Para exponer  brevemente el concepto de neoliberalismo, podemos decir que a mediados de los setenta la economía del mundo se ve sacudida por lo que se conoció como crisis del petróleo, en donde los países productores aumentaron los precios hasta estrangular a las economías de los países desarrollados que dependían de este producto. Esta crisis se vio acompañada por el desgaste de la economía Keynesiana, que había dado buenos resultados en las décadas de los cincuenta y sesenta; en donde los Estados intervenían para asegurar el pleno empleo, que sostenía una sociedad de consumo de masas cada vez más creciente, aseguraba una redistribución más equitativa de los ingresos a través de políticas fiscales que se utilizaban para sostener la asistencia social a través de escuelas y hospitales públicos de buena calidad y daban trabajo a cientos de miles de personas en las empresas estatales.

 El aumento de la tecnología, que requiere menor cantidad de mano de obra, era compensada con un aumento de la producción y el consumo. Pero este equilibrio llega bruscamente a su fin a mediados de los setenta y los nuevos círculos conservadores resurgen luego de décadas de estar agazapados como consecuencia del crack de Wall Street. El neoliberalismo como nuevo modelo económico comienza a instalarse en los círculos académicos. Esta política económica tenía como finalidad trasladar la pérdida de los márgenes de ganancia que provocó la suba del petróleo al sector trabajador, que tenía una organización, peso político y fuertes lazos de solidaridad. Esto era lo que había que destruir para avanzar con estas políticas económicas.  Los dos primeros países en aplicarse las doctrinas de la escuela de Chicago fueron de Argentina y Chile; y las dificultades de empleo comienzan a agudizar la discriminación social. Según Susana Bianchi:

“Los  más afectados por esta situación, fueron los jóvenes, mujeres, gente de color y extranjeros, que constituían el ochenta por ciento de los desempleados. Agrega que las dificultades mayores eran para los más jóvenes, para los que buscaban trabajo por primera vez, y que hacia 1979, constituían el veinticinco por ciento de los desempleados…”

Bianchi Susana, “Historia social del mundo occidental”, Argentina, Universidad Nacional de Quilmes, 2005.

 Dentro de este clima, reanudan sus actividades los círculos más conservadores. Los economistas neoliberales o neoconservadores, críticos del Estado Keynesiano, comienzan a exponer sus argumentos. Uno de estos era que el Estado comprometía al capital con el pleno empleo, con una distribución del ingreso que sostuviera el consumo, y con una política fiscal adecuada a las necesidades del Estado benefactor, que la ampliación de las funciones del Estado (en salud, educación, comunicación, seguros sociales, etc.) derivaba no solo en una crisis fiscal sino también en una crisis de credibilidad porque el Estado se mostraba ya incapaz de cumplir con todas las expectativas. Y proponen un paquete de medidas que incluyen, privatizaciones, desregulaciones, y desmantelamiento del Estado benefactor. exactamente lo mismo que quieren hacernos creer como nuevo en los últimos años de la mano de la nueva fuerza de derecha popular encarnada en el libertarismo en nuestro país. Según un boletín de estudios geográficos de la universidad de cuyo:

 “Con esta nueva economía de mercado, la producción se orienta cada vez más a la demanda de sectores de más altos ingresos; la economía ya no está dada por la producción creciente de bienes para un mercado también creciente de consumidores, sino por la producción de bienes de ciclo de vida corta, para un número limitado y estático de consumidores, con capacidad de adquirir una gran cantidad de bienes y de reemplazarlos rápidamente por otros, merced a la gran innovación tecnológica…”

A mediados de los setenta, los distintos golpes de estado en Latinoamérica tenían como objetivo implícito instaurar nuevamente los principios del libre comercio, impuesto desde los países centrales del bloque occidental, fundamentalmente Estados Unidos y Gran Bretaña. El principal obstáculo eran una sociedad altamente politizada que podía oponerse al modelo. Esto llevó a convertir el país en un gran campo de concentración para disciplinar a la sociedad. Perseguidos, exiliados, torturados y asesinados los cuadros más combativos de la sociedad; los artífices del neoliberalismo se ven con las manos libres para actuar, Este modelo va a ser profundizado y completado en la década del noventa, y va a ser plenamente instaurado en los Estados Latinoamericanos. Durante la década del noventa en nuestro país,  no solo la desregulación y las privatizaciones amenazaban con destruir las industrias nacionales, el plan de convertibilidad desalentaba la producción de las pequeñas y medianas industrias que presentaban quiebra o cerraban sus puertas para trasladarse a lugares más favorables para su producción, o les resultaba más rentable importar que fabricar en el país.

 Morina Jorge/Velázquez Guillermo, “Boletín de estudios Geográficos”, Argentina, Universidad Nacional de cuyo, 2003. 

En reiteradas  ocasiones he oído a trabajadores de fábrica, que tuvieron la suerte de no perder el empleo, hablar de los colectivos vacíos en la década neoliberal. Manuel Romero, compañero de una empresa metalúrgica de Ramos Mejía donde trabaje en el año 2006, nos comenta:

 “hoy vuelvo a viajar parado en el colectivo, me acuerdo hace algunos años atrás tomaba el 88 en el km  35 y viajaba sentado, el colectivo iba totalmente vacío y en ningún momento se llenaba…”  

No hace falta hacer un gran esfuerzo para darse cuenta qué relación tiene esta nueva economía de mercado y el retiro y abandono del Estado benefactor con la profundización  de la delincuencia adolescente. Es evidente que miles de niños crecieron viendo a sus padres, (que habían trabajado toda su vida en una fábrica o empresa) perder el empleo de la noche a la mañana y trabajando en empleos precarios, temporarios, o simplemente sin trabajar. Esta es una de las causas, tal vez la mas importante por las cuales se fue perdiendo la cultura del trabajo y las perspectivas de un futuro mejor dentro de los sectores más perjudicados de la sociedad. Esta en nosotros como sociedad volver a aceptar pasivamente el retiro del estado que hoy plantean los nuevos offsider de la política y seguir repitiendo el troleo que instaló que la culpa fue de los setenta años de peronismo, así como que hace cien años eramos potencia, basta con leer el informe de Bialet Masé, encargado por el segundo gobierno de Julio Argentino Roca sobre el estado de la clase obrera, para darse cuenta la paupérrima situación de los trabajadores de principio de siglo y echar por tierra la falacia de la argentina potencia. Tenemos que recuperar los lazos de solidaridad perdidos contra el individualismo meritocrático y volver a luchar por un país más justo y con igualdad de oportunidades para todos. 

      Por Martin Favale

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