
Capítulo 1:
Nuestra historia tiene múltiples comienzos y escasos consensos sobre su punto de partida. Aquí optamos por un recorte arbitrario: las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807. En ese contexto, la burguesía comercial-industrial británica enfrentaba serias dificultades para distribuir sus excedentes de producción debido al bloqueo continental impuesto por Napoleón Bonaparte. Ante esta coyuntura, Gran Bretaña consideró oportuno ocupar territorios coloniales españoles como forma de abrir nuevos mercados para sus mercancías (Halperín Donghi, 2002).
Sin embargo, la imposición del comercio por la fuerza no fue bien recibida. Las milicias criollas, organizadas por sectores urbanos y rurales ante la ausencia y la huida de las autoridades virreinales, lograron rechazar ambas invasiones. El protagonismo militar de estos grupos no se disolvió luego de la victoria; por el contrario, marcó el inicio de su participación activa en el poder político. Estas milicias representaban a un patriciado criollo enriquecido previamente por el contrabando y marginado de las decisiones políticas del virreinato (Chiaramonte, 1997).
Dentro de este grupo surgieron figuras como Mariano Moreno, Juan José Castelli y Manuel Belgrano, influenciados por las ideas ilustradas y el contractualismo rousseauniano. Su proyecto trascendía la mera sustitución de élites: proponían una transformación profunda del orden colonial (Goldman, 2004).
La invasión napoleónica a España en 1808, con la consecuente captura de Fernando VII, abrió un vacío de poder que los criollos aprovecharon para conformar la Primera Junta de Gobierno en 1810. Este organismo nació en tensión entre sectores conservadores, vinculados al comercio con Gran Bretaña, y sectores revolucionarios con aspiraciones más radicales. Con el tiempo, los primeros fueron desplazando a los segundos (Luna, 1993).
A partir de allí estalló una guerra prolongada: por la independencia y por el modelo de país. La fragmentación del antiguo Virreinato del Río de la Plata derivó en la formación de nuevas repúblicas en América del Sur y, en el territorio del futuro Estado argentino, en conflictos civiles entre provincias federales y un poder centralista porteño.
En ese proceso se consolidaron tres grandes bloques económicos en pugna. Por un lado, el patriciado comercial portuario de Buenos Aires, de orientación librecambista y pro-británica, representado por figuras como Bernardino Rivadavia, buscaba imponer sus intereses al conjunto del territorio. En segundo lugar, los estancieros del litoral que prosperaban gracias a la exportación de cueros y productos primarios a Europa. Por último, los caudillos provinciales, que defendían economías locales basadas en la producción artesanal y manufacturera, amenazadas por la introducción masiva de productos industriales británicos (Romero, 1959; Ternavasio, 2007).
Estas tensiones darían origen a una guerra prolongada por la organización nacional que duraría más de medio siglo.
Bibliografía sugerida:
Chiaramonte, J. C. (1997). Nación y Estado en Iberoamérica: el lenguaje político en tiempos de las independencias. FCE.
Goldman, N. (2004). Revolución y Guerra: formación de una élite dirigente en la Argentina criolla. Siglo XXI.
Halperín Donghi, T. (2002). Revolución y guerra: formación de una élite dirigente en la Argentina criolla. Siglo XXI.
Luna, F. (1993). Grandes protagonistas de la historia argentina: Mariano Moreno. Planeta.
Romero, J. L. (1959). Las ideas políticas en Argentina. FCE.
Ternavasio, M. (2007). Gobernar la Revolución: Poder y constitución en el Río de la Plata, 1810-1816. Siglo XXI.