Vivir el legado de la Iglesia que enfrentó a la dictadura.

Vivir el legado de la Iglesia que enfrentó a la dictadura.

A medio siglo del mal supremo

Los catequistas desaparecidos de la Escuelita Belén, Villa 1-11-14

Caminar por donde estaba la Escuelita Belén en el Bajo Flores, en la Villa 1-11-14, es un viaje no sólo a lo que fue, no sólo al dolor, sino a lo que pudo y debe ser. Allí compartían, y daban amor a los más necesitados, un grupo de catequistas, todos ellos militantes (políticos, sociales, pastorales) que el 14 de mayo de 1976 fueron desaparecidos, arrancados de sus propios hogares en plena madrugada por los esbirros de la dictadura.

Hoy, el paisaje es muy distinto. En los ´70, la Avenida Riestra estaba asfaltada poco más que hasta su cruce con Agustín de Vedia, y allí comenzaba a ser toda de tierra. Y lo que hoy una calzada con doble sentido y boulevard, a la altura de Bonorino y Riestra, con negocios, colectivos y edificios de hasta 4 pisos hechos por los vecinos; en aquel entonces era un paisaje abierto, con muchísimo espacio verde, lleno de casillas (muchas de ellas de chapa), con mucha urbanización, pero muy distinta a la actual, pues muy pocas tenían más de una planta. A unos metros de allí, se levantaba esa casita de madera llamada, La Escuelita Belén.

María Esther Lorusso Lammle, Beatriz Carbonell de Pérez Weiss, Horacio Pérez Weiss, César Lugones, María Marta Vásquez, Mónica Mignone y Marta Mónica Quinteiro, los catequistas, jamás pudieron volver a sus hogares y aún hoy se encuentran desaparecidos.

Poco más de una semana después, el 23 de mayo de 1976, los sanguinarios lacayos de la dictadura volvieron al Bajo Flores, y se llevaron a ocho catequistas más, y a los Padres Yorio y Jalics. La mediación de la esposa de un capitán de navío, hizo que liberaran a los jóvenes laicos. Pero para los sacerdotes, el suplicio terminó recién meses después, gracias a la gestión de gente como el Padre Ricciardelli y el papa Francisco (en ese entonces, Jorge Bergoglio) Así lo narra la causa 1387 de la CONADEP:

El domingo 23 de mayo (nueve días después de la desaparición de Mignone, Lorusso Lamle, Carbonell, Perez Weiss, Quinteiro, Vázquez Ocampo y Lugones), los padres Jalic y Yorio se encontraban en la misa que oficiaba al mediodía el presbítero Gabriel Bossini –Vicario Cooperador de la Parroquia Sagrada Eucaristía de Santa Fe 4320-. En ese momento se desplegaron alrededor de la casa, cincuenta efectivos uniformados de la Infantería de Marina. El presbítero Richiardelli (sic) se acercó a uno de los soldados y éste le dijo que pertenecían a la Escuela de Mecánica de la Armada. Finalizada la misa, los efectivos revisaron toda la casa tirando abajo los techos y levantando los pisos. Luego de la requisa, se llevaron detenidos a los padres Yorio y Jalics y a unos ocho jóvenes catequistas que se encontraban en el lugar. Dada la repercusión y noticia sobre las detenciones, y la vinculación familiar de alguno de los detenidos, y la responsabilidad de su convocatoria a difundir catequesis en el lugar que había asumido la Sra. Elena A. de Mayorga, esposa del Capitán de Navío Francisco Mayorga, los ocho catequistas fueron liberados.

La Iglesia Católica del Bajo Flores y toda la Comunidad, mis “Hermanos Villeros de la 1-11-14”, fueron golpeados una y otra vez. Todavía recuerdo entre lágrimas el caso de Don Oscar Saavedra, gran amigo y coordinador de Catequesis; que primero fue “erradicado” de la Villa de Emergencia de Colegiales (vivía cerca de la canchita del Club Atlético Fénix, también “erradicada”), y luego desaparecido en el Bajo Flores. Sus recuerdos, eran los del terror, llevado adelante por los agentes del Estado: fue mantenido en un lugar que nunca supo bien cual era, colgado en un baño con duchas, desnudo, y golpeado noche y día con un trozo de manguera gruesa, mientras lo picaneaban, le pasaban electricidad por su cuerpo. Fue liberado meses después, desnudo y pichicateado (inyectado), adormecido en un descampado en el medio de la nada. Pese a todo el dolor, siguió casi hasta su muerte por cáncer, hace unos años; brindándose por entero en Madre del Pueblo, la mítica primer Parroquia Villera de América.

A veces me pregunto, casi retóricamente, si fue realmente casualidad, mi llegada a Santa María Madre del Pueblo en 1995, casi veinte años después, cuando volví a tener fe, años después de un grave accidente que me había dejado en coma. O si realmente Dios me regaló está Fe, está Teología Popular, profundamente villera, sin que yo supiera nada de lo que había pasado, ni nasa de los Padre Mugica, Ricciardelli o de Madre del Pueblo, la Escuelita Belén, y casi nada de la Justica Social, el Peronismo o la Doctrina Social de la Iglesia.

Los antecedentes

Los tumultuosos ’60 y ’70. La Élite contra Estado de Bienestar y la Iglesia Católica

A mediados de los años ´70 el mundo, era un lugar convulsionado y con noticias nada buenas para USA: en una década y media se había asesinado a un presidente (JFK), a su hermano candidato presidencial (RFK), al líder de los derechos civiles (Martin Luther King); un presidente había sido renunciado (Nixon) por espiar a sus rivales, y su vice Gerald Ford tuvo que firmar por primera vez en la historia, la derrota de USA en una guerra (la traumática derrota en Vietnam), mietras la juventud desconfiaba cada vez más de sus líderes políticos. Y encima, ¡Llegó La Crisis del Petróleo!, que se sintió en todo el mundo.

Las reservas de oro de USA ya no fueron suficientes para avalar al dólar, y la Élite del 1% más podoroso del planeta tuvo que pactar con Arabia Saudita para que sus odiados árabes respaldaran al dólar con el petróleo saudí; a cambio de defender a la monarquía de aquel lugar, sin importar si era una dictadura que prohibía la democracia, el cristianismo, y si las mujeres no tenían casi derechos. Pero aquello los puso en guardia. ¿Qué pasaría si necesitaran más petróleo u otros minerales de países “menos dóciles” que Arabia? ¿Vivirían en guerras interminables?

Eran los ’60 y ’70, los años del cambio social, político y económico; tiempos de descolonización y de caída de imperialismos. Por primera vez, la élite del 1% sintió el golpe. Y eso no debía volver a pasar. No fuera que el 99% restante se revelara y lograse concebir otros líderes como Patrice Lumumba, Gamal Nasser, Tomás Sankara, Juan Domingo Perón o Evita Duarte de Perón, entre tantos otros; y así, pudieran disputarles el poder.

El Plan Kissinger

El 1%, la oligarquía de los milmillonarios (los que hasta pusieron a uno de los suyos -Donald Trump- en La Casa Blanca, y a otro, el contador de los Rothschild -Emanuelle Macrón-, al mando de Francia), lograron en aquel entonces, comenzar a imponer la idea de que el mundo estaba “superpoblado”; y refritando lo más desquiciado del neo maltusianismo, instalaron la idea de que había que disminuir la población por la supuesta escases de bienes en el futuro, y que aquello implicaría lo peor para USA (léase, para ellos, para la seguridad de controlarlos) De compartir las invalorables y muchas veces poco bien habidas riquezas del 1% o disminuir la terrible desigualdad social… ¡Bien gracias!, ni un comentario hicieron.

Sí o sí, para quienes se consideraban “Los amos del mundo” (y aún lo hacen)la imposición del neoliberalismo político y económico, era vital para sus planes. La publicación que testificó todo este trastornado propósito fue el “Memorándum 200” del Depto. de Estado de USA del año 1974, que lleva la firma del secretario republicano Henry Kissinger. EL PLAN KISSINGER.

Pero no sólo era el control poblacional lo suyo. Debían lograr imponerlo socialmente. Y así, la elite comenzó a hacer eventos, conferencias, foros, grupos depresión, organismos, etc; y a comprar medios. Por derecha y por izquierda. Desde el Foro de Davos hasta AIPAC (quizás, la asociación lobbysta pro israelí más importante de USA), desde Musk y el FMI, hasta la Open Society de Soros, el Club Bildelberg, el Foro de Munich, etc.

El Plan Rockefeller

Todavía quedaba un enemigo fuerte a demoler: LA IGLESIA CATÓLICA, que desde el Concilio Vaticano II, y más aún desde los documentos de Puebla y Medellín, se había puesto decididamente del lado de los más necesitados y a favor de un cambio estructural de la sociedad. Parece teoría conspirativa, pero es básicamente lo que se enuncia en EL PLAN ROCKEFELLER de 1969. Hoy, a un clic de distancia, para poder leerlo tranquilamente en la red.

La elite estaba tan preocupada, que sus hombres pasaron a tomar la acción y colocarse muy cerca de los presidentes de USA, con nombres como los de Kissinger y Rockefeller, grupos de presión y cabildeo que pasaron a conformar “El Estado Profundo”. La diferencia, es que eran mucho menos poderosos que hoy, y ahora el terminó está tan mal visto. Ahora, cada tanto, sus propios integrantes culpan a otros de ser parte de él, con el objetivo de camuflarse, ganar prensa, ocupar lugares de poder político y seguir acaparando.

Todo esto en pos de meter con fórceps el modelo de dominación más funesto el neoliberalismo, a base de injusticia social y desigualdad, y por supuesto, controlado por ellos: la elite del 1% hoy reconocida como Elite o Clase Epstein, en ¿honor? A uno de sus más conspicuos integrantes, el depredador sexual, pedófilo y mata niños, Jeffrey Epstein.

Lo cotidiano, en la Argentina de la proscripción hasta el ´76

Cuando al almirante rojas y sus títeres del ejército derrocaron al gobierno democrático del General Perón en 1955, no sólo asesinaron a cientos de personas con los bombardeos de la aviación naval, sino iniciaron el odio visceral en el poder, al que llamaron: LA PROSCRIPCIÓN del PERONISMO.

Un esbirro de aquel entonces hace muchos años me lo explicó con una sola frase: “¿Qué querés que hiciéramos, si los negros votaban a Perón?” Así, sin vueltas. Sin importar si suena o si directamente es racismo. El Peronismo no podía participar de las elecciones. Y esto sucedió hasta 1973. Fueron 18 años de prohibición o de “Democracia tutelada” donde los gobiernos civiles (Frondizi, Guido e Illía) debieron tratar de no enojar a la cúpula militar; y cuando lo hicieron…fueron derribados.

Claro está, esto trajo consecuencias. El alzamiento Peronista de 1956 fue castigado atrozmente, con la acción que le dio el nombre a aquella dictadura: La Revolución Fusiladora; que gobernó el país entre 1955 y 1958. Obreros y militares peronistas fueron fusilados, y Rodolfo Walsh lo dejó sentado en la Obra cumbre de la literatura del siglo XX de Argentina: “Operación Masacre”.

Aquello fue intentar apagar el fuego, con Kerosene. Encima a los militares “les salió el tiro por la culata”, porque no sólo los negros, sino que cientos de jóvenes de las familias más ricas y patricias del país, se hicieron profundamente Peronistas. Entre ellos, Carlos Mugica. Y comenzaron a militar con todo su alma.

Con el correr de los ´60 e inicios de los ’70, a la realidad cotidiana se le sumaron los grupos armados, tanto peronistas como comunistas, siendo los principales las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias), las FAP (Fuerzas Armadas Peronistas), Montoneros y el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo de origen marxista), que buscaban cambiar la realidad, muchas veces cometiendo errores, y horrores…que claro está, nunca podrán justificar el terrorismo llevado a cabo sistemáticamente por el Estado.

Un buen día, en 1972, cansado de toda esta situación, otro de los dictadores en el poder, el General Lanusse (miembro esta vez, de la llamada “Revolución Argentina” que arribó al poder en 1966 tras derrocar a Arturo Humberto Illia), espeto que Perón debía resolver todo este desaguisado, pero que no volvía al país “porque no le daba el cuero”. Acto seguido, Perón fue regresando al país hasta hacerlo definitivamente en junio de 1973.

En el medio de la proclama de Lanusse y su vuelta final, gobernó su delegado, el Doctor Cámpora, pero se sucedieron los pases de factura en internas en el propio Peronismo, entre quienes habrían luchado por el regreso del anciano líder y quienes fueron acusados de “amigos” de los dictadores. Y las guerrillas nunca guardaron las amas, pese al expreso pedido del Padre Mugica y del propio General Perón. Y a ellos se les sumaron los parapoliciales ultraderechistas de la Triple A. Error, horror interno del Movimiento Nacional (y del ERP, guerrilla marxista muy pequeña a la que poco le interesaba la Democracia y el Peronismo), que no hizo más que darles de comer a quienes dentro y fuera del país se relamían por el regreso dictatorial.

Perón falleció en junio de 1974, menos de un mes después de que fuese asesinado el Padre Carlos Mugica, y su tercera esposa Isabelita Perón lo siguió en el poder, intentando solucionar la desbordante situación política del país.

El 24 de marzo de 1976, fue derribada ilegalmente por el golpe de estado más tenebroso y sanguinario que tuvo nuestro amado país, Argentina. Y fue encarcelada 4 años en la Isal Martín García. Las cartas ya estaban echadas desde fines de agosto de 1975, cuando en un golpe de palacio, la cúpula militar se sacó de encima al jefe del Estado Mayor, el General Numa Laplane (partidario de un ejército profesional no político) y lo recambio por el tétrico y maleable General Videla. A quién en el golpe, se le sumarían el macabro Almirante Massera y Brigadier Agosti.

Incluso hubo voces en el propio ejército, pocas pero transcendentes, que se opusieron a la llegada de una nueva dictadura al gobierno del país. Entre las más reconocidas se encuentran las del Teniente Coronel Mohamed Alí Seineldín y el General Jaime Cesio.

Enseñamiento dictatorial con las Villas, Desaparecidos, y la lucha del mítico Padre Ricciardelli

El Padre Richard, había nacido un 29 de mayo de 1939, y desde siempre tuvo una gran devoción por la Virgen de Luján y por el Negro Manuel. De pibe había estudiado en la Casa Salesiana León XIII, en el Barrio de Colegiales, que se encontraba muy cerca de la Villa 30,  erradicada para el Mundial ´78.

De muy joven entró al Seminario y fue ordenado en 1962; y en 1967 trajo a la Argentina el Manifiesto de los Obispos del Tercer Mundo junto a Miguel Ramondetti y Andrés Lanzón. Unos días después, en 1968, fundaron el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (MSTM), al que luego se unirían cientos de sacerdotes, entre ellos quienes serían algunos de sus grandes amigos: los padres Carlos Mugica, Jorge Vernazza y De la Sierra entre otros tantos.

Compartió junto a Mugica el profundo amor por el Movimiento Nacional Justicialista entendiéndolo cómo el depositario de la Justicia Social, emanada de la Doctrina Social de la Iglesia; y estuvo en el vuelo que trajo al General Juan Domingo Perón en su regreso definitivo a la Argentina. Todavía puede verse en las fotos de la época, su cara de feliz cumpleaños en un encuentro que El General tuvo con los sacerdotes tercermundistas en Gaspar Campos, la residencia de Perón en Vicente López tras su regreso. Y junto a toda la Seccional Buenos Aires del MSTM se mantuvieron siempre fieles al General hasta el final, incluso luego de las disidencias internas del Justicialismo, al que trataron de unirlo.

Rodolfo había llegado a la Villa 1-11-14 un tiempito antes, en 1972, y desde ese 1973 trabajaba allí junto al Padre Jorge Vernazza que había llegado en 1968. Para ese entonces, ya había capillas en las villas, y ambos junto a los vecinos levantaron Madre del Pueblo con sus manos.

Menos de un año después, en mayo de 1974 Carlos Mugica era asesinado, tras ser amenazado desde todos los extremos políticos del país, y la violencia política no hizo más que crecer. Richard estuvo junto al Pueblo dolido, acompañando la despedida de quien fuera uno de sus grandes amigos. Poco más de un mes después, moría también el General Juan Domingo Perón, y la tristeza popular no hizo más que aumentar, al igual que el dolor del Padre Rodolfo.

Pero había que seguir adelante, y para fines de 1975, más exactamente, el 12 de noviembre de ese año, Madre del Pueblo fue consagrada como Parroquia, la primera de todo el continente americano ubicada en una Villa de Emergencia. Hubo dicha y felicidad, aunque duró muy  poco.

Tan sólo un tiempo después llegó la sangrienta  Dictadura del ’76, el llamado Proceso de Reorganización Nacional, y con él las desapariciones de miles de personas. Algunos de los demás Desaparecidos que colaboraban en la zona del Bajo Flores, además de los catequistas Mónica Mignone, Mónica Quinteiro, María Marta Vásquez y Cesar Lugones, Beatriz Carbonell, María Marta Vázquez Ocampo y Horacio Pérez Weiss; fueron Salvador Jorge Gullo, Angela María Aieta de Gullo, Jorge Julio Villar, Emilio De Lorenzo, Manuel Hugo Evequoz Fraga, Daniel Vázquez, Silvia Dameri, Mario Bonino, María Esther Lorusso, Norberto Morresi, Orlando Ruizlos, Oscar Saavedra, los Padres Yorio y Jalics, entre otros. La gran mayoría aún continúan desaparecidos.

El Padre Richard sufrió balaceras y salvó su vida de milagro, pero pese a las amenazas y los ataques, fue uno de los primeros en acompañar a Emilio Mignone y al Canca Dante Gullo, por cuanta dependencia estatal fuera, pidiendo por el paradero y regreso sus familiares, durante aquellos tenebrosos años de la dictadura.

Por aquel entonces, también alzó las banderas pidiendo por los desaparecidos, en cualquier ceremonia religiosa masiva a la que fuese, incluso cuando aquello significaba jugarse la vida. Pero todavía había espacio para más vivencias siniestras…

La erradicación de las Villas

Para el Mundial ’78, las topadoras de la Municipalidad de Buenos Aires con el Brigadier Cacciatore a la cabeza, derribaron las Villas de Emergencia del Bajo Belgrano y la de Colegiales, porque afeaban la imagen que los militares querían dar de país. De la primera, sólo quedó la canchita que estaba dentro de la misma, la del Club Excursionistas, única sobreviviente de las topadoras.

La gente de esos asentamientos, fue literalmente levantada y luego arrojada de los camiones de la municipalidad en el Bajo Flores, y muchos dormían a la intemperie. Y si bien, el Bajo Flores estaba lejos de las sedes mundialistas, después le llegó el turno de la erradicación a la Villa 1-11-14.

Fue un período durísimo, según cuentan los vecinos más antiguos del Bajo Flores; en los que el Padre Richard debía cuidar su vida, pero además acompañaba a los familiares a pedir por el regreso de sus seres queridos desaparecidos; y además, debía hacer frente a las topadoras.

Madre del Pueblo y Richard contra las topadoras de la dictadura

Hacer barrios para la gente de las Villas.

El arrase de la dictadura fue total: de las 5600 casillas que había en la 1-11-14, quedaron 30 en torno a Madre del Pueblo. Hubo momentos dramáticos. Algunos vecinos, cómo Olga, Daniela y otros más se unieron a los curas para parar las topadoras. La imagen de los vecinos y el  Padre Richard frente a aquellas máquinas de hierro debió haber sido increíble y escalofriante. Finalmente, tuvieron que detenerse. Madre del Pueblo y las pocas casillas que quedaban, estaban a salvo…momentáneamente.

Habían ganado tiempo, y eso ya era muchísimo para los tenebrosos tiempos que atravesaban el país, pero nadie sabía cuánto. Fue entonces cuando en medio de todo aquel dramatismo, y en un giro casi heroico, Vernazza y Ricciardelli, pasaron al frente, pusieron manos a la obra y la dictadura, no lo vio venir. A fines del ‘78, convocaron a laicos católicos para conformar la comunidad de apoyo Madre del Pueblo. Empezaron a construir barrios obreros en el Conurbano Bonaerense en septiembre del ’79, para que la gente no quedara en la calle sin nada.

Los militares, descolocados volvieron a retroceder, y les dieron diez meses de plazo, pero recién terminaron en diciembre del ‘81. Comenzaron con dos barrios levantados con autoconstrucción. “Trabajábamos los fines de semana y los días feriados, sin descanso –recuerda Martín Alberna, poblador del barrio Madre del Pueblo, de Merlo–, pero no lo hacíamos solamente porque teníamos la punta de las bayonetas empujándonos, todos teníamos el sueño de la casita de material. El que más trabajaba, tenía derecho a elegir primero.” (Venían topadoras y nació un barrio, Página 12, 2006)

Miles de viviendas fueron levantadas y miles de familias tuvieron acceso a una casa de material, gracias a ese impresionante arrojo. Tras ese primer gran esfuerzo los barrios populares siguieron levantándose por todos lados: entre ellos Nuestra Señora de Luján, en San Justo; Madre del Pueblo, en Merlo; San José Obrero, en Laferrere; San Cayetano 1 y San Cayetano 2, en Rafael Castillo, y  por último, el barrio Padre Jorge Vernazza, en Virrey del Pino. Varios de esos barrios continuaron levantándose durante el regreso de la Democracia. Porque las necesidades de los villeros, seguían siendo apremiantes. Es que en todo el mundo se había instalado el modelo económico neoliberal (y en la Argentina, había llegado con la siniestra dictadura)

Los gurúes económicos explicaban los supuestos beneficios de “la teoría del derrame”: darle más a los más ricos porque estos iban a ir derramando prosperidad hacia los demás niveles sociales. No eran más que patrañas que finalmente decantaron en…más pobreza y necesidades para el Pueblo. Y como consecuencia en los años ’90 los barrios de emergencia, se fueron multiplicando. Fue cuando terminó de consolidarse neoliberalismo, mientras se multiplicaba la desigualdad. Kissinger y Rockefeller, entre otros pocos, festejaban al ver su Leviatán consolidado, hecho realidad.

Conclusión: La importancia de construir y vivir el legado

Cuando me plantearon escribir sobre el cincuentenario del arribo de la última y más nefasta dictadura militar al poder en nuestro país, llamada eufemísticamente “proceso de reorganización nacional”, enseguida volvieron a mí mente, estas y muchas más escenas de dolor, desgarro, crímenes inauditos y sádicos vividos, por parte de quienes la sufrieron. Y una gran pregunta: ¿Por qué remover tanto dolor? ¿Por qué mirar al pasado?

Pero al recordar a quienes ya no están, a los desaparecidos, personas de carne y hueso que fueron arrancadas macabramente de este mundo…nos damos cuenta de que en este aniversario, además del dolor, había que rememorar no sólo su sufrimiento, sino por lo que vivieron: su legado.

Las nuevas generaciones necesitan saber cuál fue ese legado. Muchos no comprenden términos casi técnicos como “negacionismo” o qué significa “crímenes de lesa humanidad”, pero si saben sobre el dolor, la pérdida, y jugarse por el otro. Incluso con el correr de los tiempos hasta se le ha puesto nombres hasta rimbombantes al período: “dictadura cívico eclesiástico militar”, y más allá de los investigadores, los sobrevivientes y algunos partidos de izquierda, tanto nombre pegado y complicado, confunde a la juventud, que en un gran número compró el discurso neoliberal y cínico del actual gobierno.

Me pasó dando clase en las villas hace muchos años, que recién cuando le conté a los jóvenes lo qué había sido la erradicación forzada, con topadoras y camiones llenos de uniformados, derribando hogares similares a donde vivían ellos, que sus rostros se transformaron por completo llenándose de inquietud.

Y ni que hablar cuando charlamos sobre la Iglesia Católica de las Villas, luchando contra la dictadura, y de las desapariciones de los catequistas del Bajo Flores, o del asesinato de Monseñor Angelelli y sus colaboradores; de las Monjas Francesas, de los Padres Palotinos, del Obispo Ponce de León…o de las luchas del Heroico Padre Rodolfo Ricciardelli y Madre del Pueblo, del Cura Vernazza, Daniel de la Sierra, etc… ¡Entonces, hay curas buenos Profe!, exclamaron varios muchachos… ¿No eran todos turros o come pibes, Profe?!…No, claro que no.

Una vez, una amiga que las pasó durísimas durante la dictadura, Susana “La Negra” Caride me dijo: “¡Juanma, al que es de este palo, hay que exigirle el doble, porque cuando te quedás con un alfiler de más, ya pasás a ser considerado un chorro hijo de put… en cambio, si sos de la Derecha, parece que te podés currar el mundo, porque se da por cumplido que vas a ser un hijo de put…” Con esa frase, y ese lenguaje de carnero, explicó el ABC de lo que tendría que ser el Peronismo.

El fuerte compromiso político, social y pastoral

Aquellos jóvenes de la Escuelita Belén tenían un fuerte compromiso político (eran todos muy Peronistas), social y pastoral. Si varios trataban de acercar partes en el entre lo que quedaba de montoneros y su muy deteriorada relación los Curas del Tercer mundo, cómo varias fuentes intelectuales aseveran, quedará para otro análisis, y por supuesto ni por asomo puede representar un atisbo de supuesta justificación de lo que sufrieron. Pero también es doloroso que no se recuerde su legado. Entonces, cuando uno empieza a hablar de a poco, con los sobrevivientes o con sus y ve un fortísimo compromiso pastoral, y con el Movimiento Nacional Justicialista, y puede ver el amor de ellos y su ayuda a los más necesitados, el querer cambiar la realidad social del país y trabajar para ello, entendiendo al Justicialismo como depositario de la Doctrina Social de la Iglesia, comienza a ver ese legado.

Richardelli y Vernazza siguieron juntos hasta que este falleció en 1995. El Padre Richard, con toda su espiritualidad terrenal, y ese inmenso amor por la Virgen y el Negro Manuel, tuvo su Pascua en 2008. Para ese entonces varios sacerdotes habían tomado su posta: Ernesto Narcisis, Adolfo Benassi, Firu, Nicky, Paco, Pepe, Jorge Tomé, el Chueco, Dieguito, Gustavo Carrara, el Tano, etc.

También decenas de Catequistas en todas las Villas, que cuando lo supimos, tratamos de seguir el legado de aquellos Jóvenes de la Escuelita Belén, Y miles de vecinos que nos enseñaron lo que es la palabra Comunidad.

En lo particular, llevaré siempre el orgullo y regalo de Dios de haber sido Catequista junto al Richard, como Mónica y todos ellos, en mi caso durante 15 años, y de haber sido elegidos junto a mi Señora cómo los primeros pasantes (custodios) de la Virgen de Copacabana que venían de afuera de la Villa en 2003. Y de que ella hiciera todos sus sacramentos en Madre del Pueblo con el Padre Richardelli además de que nuestro compromiso, y que bautizara a nuestro amado hijo. Y también que el Chueco nos casara en Madre del Pueblo, de que el Papa Francisco les diera la Confirmación a mis ahijadas y que una de ellas se casara en el Barrio Charrúa pegadito a la Villa.

En cada sacramento, en cada Misa, en cada casa pibe que salía adelante, en cada fiesta de la Virgen, en cada peregrinación, la felicidad de aquellos jóvenes catequistas desaparecidos era única, y contagiaba por la fe y espiritualidad de gente cómo el Padre Richard los hacía sentir en plenitud…y que estaban cambiando el mundo. Así lo expresaba Mónica Mignone en su diario:

La Villa: “Belén”

Cuando hace frío aquí hace más frío todavía; y cuando hace calor es más caluroso que en otras partes de Bs. As.
Qué lindo es! Los sábados a la tarde, toda la gente en la a calle, los chicos jugando, se escucha la música que sale de todas partes. Hay ambiente de fiesta. Uno camina por Riestra y mil caras saludan desde sus casas, desde la canilla, desde sus negocios.
Los pasos parecen escucharse desde lejos o la que los chicos tienen una risa increíble; de todos lados aparecen. Me tiran del cuello para darme un beso.
Por esta calle raro que pasen autos, los chicos descalzos juegan en el barro o tiran cosas a la zanja que asoma en Belén.
La cancha está siempre ocupada, es la cancha de Belén. Llueva o no, el equipo se presenta y la hinchada también aunque a veces fallamos.
Belén cambia con el tiempo
.

Es imposible no sentir ese mismo amor aún hoy en cada esquina. Ese ascender al Pueblo. Es nuestra tarea vivir ese legado. Por todos ellos, siempre… ¡PRESENTES!

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