Escuela en tiempos históricos de crueldad.

Escuela en tiempos históricos de crueldad.

Pensar el cuidado como el educar la mirada compasiva, samaritana y solidaria por la otra y el otro.

Bolton Patricio, Mayo 2026

1. De términos y sentidos crueldad

Hace ya algún tiempo que venimos usando la palabra CRUELDAD en las Ciencias Sociales, en las Ciencias de la Educación, de la Comunicación, las Ciencias Políticas, otras ciencias y en el lenguaje cotidiano, para referirnos a algo nuevo que viene pasando en el orden de las vivencias del día a día. Libros, conferencias, textos, artículos, cursos, utilizan la palabra CRUELDAD en su título o en sus planteos. Muchas de las presentaciones en las redes sociales usan la palabra CRUELDAD para hablar de nuestro tiempo

¿Pero de qué hablamos cuando hablamos de CRUELDAD los que vivimos en el mundo de la escuela? Aquí ya empezamos a demarcar un escenario desde el que pensar la CRUELDAD: la escuela, nuestra escuela, la de todos los días y nuestras prácticas y relaciones educativas. Lo hacemos desde ahí, porque queremos definir CRUELDAD, desde lo “situado”, desde lo “nuestro”, desde el “quehacer” (o no hacer) de cada día en la escuela, en Argentina 2026, tiempo caracterizado como de mayor CRUELDADES.

Para referirnos a crueldad en la escuela nos vamos a referir a esas prácticas, dinámicas, lenguajes, gestos, estilos vinculares, que producen un sufrimiento en una persona o grupo de personas, y que, en cierta medida, son disfrutables o indiferente por quien/es la/s provoca/n o al menos permiten que acontezcan. Decimos disfrutable para referirnos a un amplio abanico de afectos y sentimientos que van desde el gozo, la indiferencia, la justificación, el propio provecho y beneficio, la satisfacción personal o grupal, y hasta el no registro de lo que acontece en la vida de quien/es padece/n y sufre/n.

Uno podría decir que indiferencia y disfrutable no se asemejan. Pero en cierto sentido, el “borramiento del otro”, la “indiferencia ante el otro”, su eliminación en tanto “otro” para conmigo, produce la satisfacción de la autocomplacencia, de la autosatisfacción, del encierro en el “propio mundo y la propia verdad”. Porque el sufrimiento del otro, y más cuando tengo que ver con sus causas o con su posible “solución”, provoca generalmente una cierta alteración en el “yo” de estos tiempos (mis horarios, mis responsabilidades, mis obligaciones, mis comodidades, mis logros, mis recompensas, mi mérito, mi tranquilidad, mi armonía, mis bienes, mi dinero…).

Y eso es lo nuevo de este tiempo, que se viene gestando desde hace mucho: la baja empatía, el individualismo y encierro ensimismado del yo, la dificultad de percepción de la otredad. Quizás podríamos decirlo al revés: no hay solidaridad hacia el otro. Su dolor, su sufrimiento, no produce nada en mí: hasta puede ser parte de un espectáculo, o algo de lo cual tomar distancia para no identificarse uno con lo que sufre el otro, y ponerse entonces del lado de quienes disfrutan y “son felices” en nuestra sociedad. También hay cierta conexión entre el ejercicio de la selfie que se publica en las redes sociales (mostrando cuánto se come, cuánto se viaja, cuánto se compra), y el ejercicio de subir a las propias redes, disfrutando, situaciones que provocan dolor en el otro. Se está del lado de los “triunfadores”.

Algo así planteaba Silvia Bleichman hace ya un tiempo atrás: “La crueldad no es solo el ejercicio malvado sobre el otro; es también la indiferencia ante el sufrimiento del otro”. Por lo tanto, crueldad no es solo violencia o dolor. Crueldad se inscribe en un plano de lo vincular y de la relación para con ese dolor o violencia que acontece en la vida de otro/a. Crueldad es violencia disfrutada, permitida, justificada y/o hasta festejada. “Crueldad entre los humanos es una falta de imaginación, porque para ser cruel es necesario no ser capaz de imaginarse a uno mismo como otro” (Antonio Scurati, 2026). Y las redes digitales están matando la imaginación. Y ya no es sólo la imaginación “del artista”, de la creatividad, de “lo novedoso”. Es la imaginación para concebir un mundo más allá del propio, lo que implicaría concebir a Otro.

crueldad, escuela,…

 ¿Pero hay una escuela cruel? Y quizás formulado así, tengamos que decir que no.

 ¿Pero hay en una escuela prácticas, discursos, lenguajes, relaciones que son crueles, producen dolor, malestar, sufrimiento y/o daño en otras y otros, y que son vividos desde el disfrute, la justificación y/o la indiferencia? Y ahí hay que

decir que sí.

 Lo mismo para pensar el tema de los sujetos educativos: ¿hay sujetos educativos crueles en la escuela? Y así formulado, quizás tengamos que decir

que no.

 Pero, ¿hay sujetos que en la escuela producen (producimos) por sus (nuestras)

palabras, acciones, estilos vinculares, decisiones, dolor, malestar y sufrimiento en otras y otros, y son vividos desde el disfrute, la justificación y la indiferencia? Formulado así tenemos que decir que sí.

Por lo tanto, la crueldad tiene sujetos. A veces pareciera que hablamos de la crueldad como hablar de la humedad. Y no. La crueldad tiene sujetos que la producen (producimos) y sujetos que la padecen (padecemos), aunque en distintos momentos no sean siempre los mismos sujetos, o se intercambien roles, o no lo sean todo el tiempo. Pero la crueldad es el accionar de los sujetos y el efecto en los sujetos.

En otras palabras, crueldad es “el placer originario de ejercer poder sobre otro. Es energía destructiva hacia el otro o hacia sí mismo. Sobre todo, es goce ligado a la destrucción. El anarco tecno-neoliberalistmo (…) es el goce por la destrucción de los colectivos” (Puiggos Adriana, 2025). Pero, y ¿qué podríamos hacer en la escuela en relación a este nuevo “ethos” cultural? “La educación no puede reeducar con un discurso moral o con recursos didácticos a quien ejerce la crueldad. Sólo puede mostrar (que no es lo mismo que enseñar) que existe otro” (idem). “La crueldad es la manifestación más aguda de la pulsión de muerte y que en este caso, el goce está ligado a la destrucción” (idem). Luego volvemos sobre esto.

crueldad, estructura social, actoscindividuales,…

Es importante enmarcar, de que, más allá de que todas y todos podamos vivir situaciones de crueldad, hay ciertos grupos o sectores sociales, que, por sus

condiciones sociohistóricas, culturales, económicas, políticas, por su lugar en las relaciones de poder, “están siendo” más sujetos receptores de prácticas de crueldad, que otras y otros. Porque hay un sistema social, económico, político, que produce crueldad, que es sostenido y perpetuado por determinados sectores, y sufrido por otros. También hay que decir, que hay sujetos que por su conformación subjetiva ética, sus opciones y sus posiciones vitales, no producen crueldad y tienden a mitigar todo acto de crueldad. Y también lo contrario: posiciones de poder y posiciones éticas, más propensos a los actos de crueldad.

Formulado así, tenemos que aclarar que no se trata de establecer una línea divisoria entre buenos y malos, entre ellos y nosotros, entre unos y otros, porque eso siempre nos colocaría del lado de los buenos, y siempre tendríamos un enemigo a quien señalar, alguien contra quien ir, o a quien bloquear, quitar la palabra, desacreditar, hablar mal, estigmatizar, denigrar, Y ahí, hay/puede haber, una práctica de crueldad. No se puede establecer esa línea divisoria entre sujetos (al menos en el mundo de la escuela), aunque sí hay que tomar distancia de ciertos discursos, prácticas, estilos relacionales que algunos sujetos sostienen reiteradas veces, o con convicciones, y de eso sí podemos decir, no transamos, no estamos con eso, no queremos ser así.

Hay situaciones puntuales: Ian, el adolescente de 13 años muerto en San Cristobal, Santa Fé, en una escuela, en marzo de este año. Hay situaciones que proliferan en las estadísticas y en el percibir cotidiano: “El 70% de los y las adolescentes sufrió o conoce a alguien que fue víctima de discriminación o acoso. Además, 7 de cada 10 consideran que el bullying es una problemática que requiere mayor atención por parte de las familias” (Reporte, Unicef Argentina, 2024). Hay un crecimiento de las situaciones cotidianas de violencias en las escuelas, judicialización de muchas de las mismas, incremento en las redes sociales, etc. La problemática del suicidio adolescente crece, de la mano de las situaciones de angustia, malestar, padecimiento subjetivo, problemas de salud mental en infancias y adolescencias. Todo esto, sin entrar también en las consideraciones de malestar de los adultos, tanto educadores, como familias. En las escuelas, hay sufrimiento, violencia y crueldad.

2. De clima epocal, ethos cultural, matriz civilizatoria

Pensando en términos de lo cultural, de los sentidos profundos, de las lógicas sociales que venimos construyendo, sosteniendo y reproduciendo como sociedad, pero desde la escuela, cabe preguntarse: ¿antes no hubo situaciones que en las escuelas producían dolor y sufrimiento? Pues sí, y quizás hasta más que ahora. Pero el marco epocal en el que se daba aquello era distinto. Hoy la vivencia subjetiva de la violencia vivida, permitida y ejercida por sujetos sobre otros, se da un marco de aislamiento y resquebrajamiento del tejido social. La lucha por pertenecer, ser parte, saberse incluido es más acuciante hoy en día. Las situaciones de crueldad son asumidas desde esa soledad, extranjería, ausencia de posibilidades de defensa: es algo así como un “¿Algo habrán hecho?”, “se lo merece”, “se la buscó”, “no es como nosotros”, “no es de los nuestros”, etc, repetido y coreado por el otro, por uno mismo (el que sufre), por los testigos y contemporáneos.

Vamos por parte. Y empecemos de nuevo por lo situado (la escuela, los sujetos de la escuela) atándolo a lo epocal, a la matriz civilizatoria de nuestro tiempo, a nuestro venir siendo como sujetos culturales de esta primera mitad del siglo XXI.

Hay un crecimiento significativo del individualismo, como resultado de los modos de relaciones que venimos estableciendo en estos tiempos y de la estructura socioeconómica que se profundiza: sensación de temor a salir fuera de casa, búsqueda de confort en los espacios privados, reducción de los espacios y ofertas públicas, desconfianza generalizada hacia el otro, dificultades para el establecimiento de vínculos sociales,.. Las nuevas tecnologías tienen mucho que decir en la construcción de estos estilos vinculares, lo mismo que las redes sociales y los medios de comunicación. Angustia, ansiedad, sufrimientos subjetivos son muchos de los resultados de este devenir aislado y solitario, y de estos modos de relaciones de nuestro tiempo. Pero nada es casual, ni nada acontece fuera del barro de la historia.

El capitalismo 4.0 y su modelo de acumulación, viene produciendo la conciencia del todo como mercancía, del mérito y la competencia como valores supremos, de la libertad individual y la propiedad privada por encima del bien común y el bien público. La carrera por el éxito, por la felicidad individual, por la imagen lograda y mejor ante los demás, ha creado una “sociedad del cansancio” (cf. Byung Chul Han), en donde individuos agotados corremos todo el tiempo detrás de las propias seguridades, beneficios, rentas y comodidades. Pero esto a costa de un encierro individual, de una desconfianza generalizada y de una pérdida significativa de las competencias para la vida social, la vida común, las relaciones íntimas y profundas.

La cosificación de la vida, el predominio de las cosas, la búsqueda de la felicidad en la acumulación de las mismas (cf. Rita Segato) va haciendo perder la valoración profunda que tiempos atrás se podía tener por lo social, lo público, lo común, lo comunitario. Es la crisis de las instituciones de la modernidad y la crisis de las promesas de la modernidad: fraternidad, igualdad, solidaridad. El ser humano de este primer cuarto del siglo XXI es un individuo enojado, decepcionado, frustrado que se prende ante cualquier promesa de ruptura total de lo conocido para que acontezca “lo nuevo”. Hay un resurgir de pensamientos de derecha, fascistas, autoritarios que vuelven a creer ciegamente en la necesidad de romper con todo lo conocido y con todo lo que tenga que ver con las promesas y construcciones de la modernidad: el Estado, lo público, lo comunitario, lo estatal (cf. Eric Sadin). Lo que antes era considerado derechos sociales son nombrados como ventajas o gastos. Lo que antes era nombrado como bien público es visto como emprendimiento privado. Lo que antes era reconocido como garantía de vida para todos ahora es visto como estrategia de corrupción (curro) para algunos. Hubo y hay un cambio significativo en los lenguajes y en los sentidos de las palabras, que llevaron a fortalecer nuevas representaciones sociales.

En este marco, evidentemente hay baja empatía generalizada. Y sin el reconocimiento del otro, como igual, como límite (no es mi extensión o la satisfacción de mis deseos), como marca infranqueable, como aliado, como compañero, como semejante, como conciudadano todo se diluye en un yo absurdo. De ahí a la ansiedad, la angustia, el malestar, los problemas de salud mental y el suicidio, hay solo pasos.

“Llamo pedagogías de la crueldad a todos los actos y prácticas que enseñan, habitúan y programan a los sujetos a transmutar lo vivo y su vitalidad en cosas” (….) “Cuando hablo de una pedagogía de la crueldad me refiero a algo muy preciso, como es la captura de algo que fluía errante e imprevisible, como es la vida, para instalar allí la inercia y la esterilidad de la cosa, mensurable, vendible, comprable y obsolescente, como conviene al consumo en esta fase apocalíptica

del capital” (….) “La repetición de la violencia produce un efecto de normalización de un paisaje de crueldad y, con esto, promueve en la gente los bajos umbrales de empatía indispensables para la empresa predadora. La crueldad habitual es directamente proporcional a formas de gozo narcisístico y consumista, y al aislamiento de los ciudadanos mediante su desensibilización al sufrimiento de los otros. Un proyecto histórico dirigido por la meta del vínculo como realización de la felicidad muta hacia un proyecto histórico dirigido por la meta de las cosas como forma de satisfacción” (Rita Segato, 2018).

Escribimos esto en tiempos de guerra, en marzo/abril de 2026. La guerra es la expresión de este tiempo cultural. No sería posible la guerra sin este tiempo cultural: la construcción de un enemigo, la búsqueda ilimitada de recursos, la eliminación del otro, su demonización, la concentración del poder. Tampoco sería posible tanta violencia institucional, tanta quita de derechos sociales, tanto atropello a los derechos humanos en estos tiempos, sin este clima cultural. La cultura individualista, de baja empatía, de consumismo, que venimos abonando, es tierra de cultivo para estas situaciones de crueldad. Pero también para las resistencias. Nada crece sin sus condiciones sociohistóricas y culturales.

Las condiciones laborales de estos tiempos y “la sujeción de las personas a la condición de mercancía impuesta a las mayorías por el carácter precario del empleo y del salario” (…) “son parte de lo mismo” (Rita Segato, 2018). Territorios, tiempos, bienes culturales, derechos, relaciones, son vividos no desde la gratuidad, el don, lo común, sino desde la predación, la acumulación, la explotación, “creando formas de desprotección y precariedad de la vida”, (…) “de disminución de la empatía de los sujetos”. (…) “El capital hoy depende de que seamos capaces de acostumbrarnos al espectáculo de la crueldad en un sentido muy preciso: que naturalicemos la expropiación de la vida, la predación” (…), que vivamos “la relación entre personas vaciada y transformada en una relación entre funciones, utilidades e intereses”. (Rita Segato 2018).

¿Por qué preferimos la desigualdad?, se preguntaba Dubet Francois, en el título de su libro en 2016. ¿Por qué rechazamos a los pobres?, se preguntaba Adela Cortina Orts, en su libro Aporofobia en 2014. La construcción de poder desde sectores blancos, occidentales, masculinos, conservadores, con ciertos prototipos de belleza y éxito, han generado formas de dominio y explotación, construyendo excluidos, inferioridades, peligrosidades y extranjerías, que produce crueldades. En este marco crecen autoritarismos, fascismos, conservadurismos, que fundamentan toda agresión a quienes son percibidos y vividos como “las otras y los otros”. Agresiones que van desde quita de derechos, pasando por violencias verbales y físicas, hasta exclusiones y expulsiones reales.

Los sistemas democráticos se construyeron sobre la necesidad de consolidación de las burguesías por encima de las aristocracias monárquicas y en medio de los sueños y utopías de las clases trabajadoras y los sectores populares, que buscaban conquistar y consolidar derechos personales y sociales. Entre esos dos polos, nació y se mueven los sistemas democráticos. En el presente, tanto como sistema social y político, y como cultura y vida cotidiana, la democracia está altamente desvalorizada en tanto tal. Es evidente que el poder concentrado, “la élite económica, ha decidido prescindir de la democracia, del consentimiento del pueblo” (Scuratti, 2026).

Verdad, hasta no hace poco, significaba el resultado de un proceso científico, una construcción comunitaria, algo acordado como sistema de referencias o aquello que proporcionaba emancipación y liberación (cf. Habermas, Freire). Hoy es el tiempo de la Post-verdad. No importa si una afirmación es verdadera o no, sino los efectos que

producen en quienes la escuchan, producen, adhieren y consumen. “La vulgaridad es el síntoma de época” (Pablo Tigani, 2025). “La vulgaridad no constituye un exceso retórico accidental, sino un instrumento estratégico de dominación, despolitización y violencia simbólica. Su uso sistemático, la agresión performativa y la jerga económica opaca, produce un régimen de creencia antes que de conocimiento, sustituyendo la validación empírica por la adhesión afectiva” (Tigani, 2025). Esta es la retórica del autoritarismo neoliberal y del poder financiero global. “Obscenidad verbal, insulto sistemático, agresión performativa” (…) son parte de un régimen discursivo que desprecia el conocimiento, la argumentación, el debate democrático y ridiculiza la evidencia. “El discurso vulgar se legitima por su capacidad de humillar, agredir y desorganizar cognitivamente al interlocutor” (idem). Así como acontece en la vida cotidiana, o en las redes sociales, también en las relaciones políticas: “el odio, el desprecio y la burla se convierten en formas ordinarias de relación” (idem). “La economía política del odio no produce politización, sino su contrario. Al reducir el conflicto social a batallas morales simplificadas, se ocultan las estructuras materiales de desigualdad y poder financiero.” (idem). (…) “La vulgaridad se presenta como autenticidad; la agresión como coraje; la ignorancia, como prueba de independencia frente a las élites culturales” (idem).

La caída real del consumo, la pérdida de los puestos de trabajo, la reducción de derechos sociales y personales, el endeudamiento de las familias, la implantación del miedo a perderlo todo (y hasta de ser expulsado del país como lo es en EEUU o de ser reprimido, como lo es aquí), la acumulación desmedida, la creciente desigualdad socioeconómico y la falta y disminución de mecanismos de distribución de la riqueza, el poder concentrado, la acumulación y depredación de los recursos naturales, el desprecio a las minorías, la baja participación política en la vida democrática, el crecimiento o resurgimiento de nuevas y viejas xenofobias, y el crecimiento de los movimientos de derecha en Occidente con su correlato de deslegitimación/desvaloraización a las instituciones democrática, constituyen algunas de las notas de este escenario presente. Se implanta una visión meritocrática y jerárquica de la sociedad. Mercantilización, desregulación, flexibilización y retirada del Estado son las claves de las políticas de derecha en este y muchos países hoy en día. Informalidad laboral, narcotráfico y crimen organizado son aditivos a esta situación. “El enojo social se dirige mucho más fácilmente hacia abajo y el costado que hacia arriba, lo cual favorece las opciones de derecha y dificulta la aparición de partidos socialdemócratas” (Casullo, 2025)

Tal como lo fue en los comienzos del siglo XX, los neofascismos son posibles en este cuarto del siglo XXI, no sólo por la voluntad de los líderes, sino por las transformaciones culturales de la sociedad. El miedo moviliza más que la esperanza. Miedo a perder un lugar, miedo a perder posición, miedo a ser invadido, miedo al extranjero, miedo a “la calle” (en todos los sentidos), miedo a no ser parte, miedo al robo callejero y al robo de “los que curran”. Miedo que hace estar alerta, miedo que hace reaccionar, miedo que pone a la defensiva, miedo que desata violencias y engendra enemigos y fantasías de respuestas rápidas y radicales, “de raíz”. No hace falta discernimiento, instituciones, debates, políticas, escuchas: solo un lider que encarne la defensa contra los miedos.

La enorme concentración del poder económico es concentración del poder comunicacional.

ethos cultural, escuela

En esta matriz civilizatoria la escuela se desenvuelve. Cuando decimos escuela, no nos referimos en primer lugar a un edificio, o a una institución generalizada. Al pensar en escuela hacemos referencia en primer lugar al grupo de los educadores que tienen o deberían tener la capacidad de marcar el rumbo de cada institución, en el marco de la herencia, el contexto, las políticas públicas, sus propios recursos. Cada grupo de educadores, estudiantes, familias (la escuela) puede no detenerse a pensar en esto que vamos viendo como matriz civilizatoria, y llevar adelante sus tareas como si fuese hace 20 o 30 años atrás, con algunos artilugios tecnológicos modernos.

O también, estos sujetos que conforman “la escuela” pueden resistirse a todo esto, y hacer de cuenta que no pasa nada, y creer que en nada afecta lo que se vive en “la escuela”.

O, por el contrario, reconocerse en tanto grupo de educadores, agentes de la cultura, gente de esta tierra y de este tiempo, mediadores en el pasaje de lo más valioso de la cultura y por tanto de su transmisión y recreación crítica.

La posición de la escuela, es decir de su gente, de su grupo de educadores, junto a sus estudiantes, familias y organizaciones, de cara a esta matriz civilizatoria de la que todos somos parte, puede ser de ignorancia, de complicidad, de resistencia ingenua o de transformación crítica.

En medio de eso, muchas posibilidades y tensiones.

3. De los desafíos epocales en el mundo de la escuela. Hacer de la escuela la comunidad del cuidado.

Que la crueldad no se haga norma

Al final, la libertad

sólo era una coartada para abandonar al más frágil.

Habilitar el lazo sádico como virtud.

La crueldad como norma. Abandonar todo intento de cuidado a la debilidad común.

Revista Sudestada

“El mundo de dueños que habitamos necesita de personalidades no empáticas, de sujetos incapaces de experimentar la conmutabilidad de las posiciones, es decir, de ponerse en el lugar del otro”

(Rita Segato, 2018)

escuela, común

La escuela es por definición, (aunque eso está siendo trastocado hoy en sus sentidos más profundos), el espacio de lo común, donde lo reconocido valioso por la

sociedad, es entregado, para la iniciación y la conservación de lo común, y para su propia transformación. La escuela nace como proyecto común, para la vida común.

escuela, comunidad

“Educar no tiene que ver tanto con preparar a individuos particulares para que sobrevivan, sino con crear una comunidad distinta de las comunidades vigentes en este mundo. El lugar y el tiempo trascendente de la educación y de sus instituciones sería el de la creación de conocimientos, de lecturas, de juegos, de artes, de filosofías, de pensamientos, de escrituras, de conversaciones, de historias y memorias, de narraciones.” (Carlos Skliar, 2025)

escuela, conocimiento

Lo propio de la escuela, en tanto comunidad de educadores traspasadores y cuidadores de lo valioso de la cultura común, es el conocimiento, y lo propio del maestro, es su sabiduría y su arte de transmitirla, es decir ayudar a construir una sabiduría personal y del pueblo, que otorgue sentidos plenos y esperanza. La escuela tiene la misión, la tarea, la capacidad de pensar (y diseñar/rediseñar) el conocimiento que ofrece. Y no solo los ofrece en materias. Lo ofrece en sus espacios, por su organización del tiempo, por las relaciones que ofrece y se viven en su cotidiano, por las “materias” que se imparten y por las motivaciones y las didácticas que se proponen para que estas sean aprendidas. Todo lo que se dice y se hace, y el modo en que se dice y hace, y los sentidos de eso que se dice y hace, constituye un conocimiento que se ofrece, se enseña, se construye, se aprende. La comunidad educadora ayuda a construir sentidos culturales significativos, vitales, transformadores, en el seno de cada cultura.

escuela, sentidos contraculturales

La escuela no tendría sentido en un más de lo mismo. Tampoco lo tendría en un pasaje de “tradiciones de antaño y en desuso”. Fue y es, en su sentido más genuino, el instrumento, la experiencia, el espacio/tiempo, de traspaso de lo fundamental, para la transformación de lo presente, en función de un mundo común que debe ser más justo y fraterno para todos, tal como lo dice Hannah Arendt.

“La educación es el lugar en que decidirnos si amarnos al mundo lo bastante como para asumir su responsabilidad y, por la misma razón, salvarlo de esa ruina que, de no ser por este renovarse, de no ser por la llegada de lo nuevo y lo joven, sería inevitable. Y la educación también es donde decidirnos si amarnos a nuestros hijos lo bastante como para no expulsarlos de nuestro mundo y dejarlos a merced de sus propios recursos, para no arrebatarles su oportunidad de emprender algo nuevo, algo que no hemos previsto, sino prepararles con antelación para la tarea de renovar un mundo común”. (Hannah Arendt, 1959)

escuela, comunidad educadora y su proyecto cultural contra la crueldad como proyecto cultural de comunidad de reconocimiento y cuidado

El proyecto de la crueldad es un proyecto de la cultura dominante, hegemónica, conservadora, fascista, neoliberal, de derecha. El proyecto contracultural contra la crueldad, debe también ser un proyecto cultural encarnado por sujetos, agentes hacedores de cultura, intelectuales de la cultura, es decir docentes, comunidad de educadores. El proyecto cultural contra la crueldad es un proyecto que se concibe, se sueña, se hace utopía, se milita, se organiza, se curriculariza, se encarna, se enseña, se aprende. Así como el proyecto cultural de civilización contra barbarie se hizo curriculum (y edificios, efemérides, uniformes, rituales, etc), el proyecto de una pedagogía contra la crueldad, se hace curriculum. Implica desde una clara lectura del tiempo presente y una posición personal y comunitaria contracultural, hasta una ética y una mística que se milita con el cuerpo, con los sentidos, con la propia vida. No son contenidos que se agregan o gestos que “se tienen en cuenta, o programas nuevos que se adosan”. Se trata de una escuela, es decir de su gente, de sus educadores, que lideran un proyecto contracultural contra la crueldad.

Se trata de:

 concebir el poder adulto, el poder educativo, la autoridad pedagógica, en tanto capacidad para la organización de lo común y lo comunitario, en tanto habilitación al otro y a la otra, en tanto promoción de los derechos y las voces de las infancias y las adolescencias (contra el patriarcado y los mandatos de la masculinidad dominante, el machismo, el autoritarismo, la tecnocracia y la burocratización);

 desarrollar la capacidad empática en todas sus dimensiones y ámbitos de la vida (escucha y sensibilidad para con el otro, para con la naturaleza, la historia, los distintos grupos, las distintas problemáticas, todas las causas y luchas, cualquier sufrimiento humano y de cualquier ser vivo);

 potenciar la imaginación y la creatividad como capacidades para pensar y diseñar otros mundos posibles, otro proyecto histórico, otras formas de relación, de organización, de vida, de pensamiento, de sensibilidades, otras metas de felicidad;

 construir un pensamiento crítico, sólido, argumentado, sistémico, de mirada integral, interdisciplinario, multi y transdisciplinario, de muchos saberes, organizados en preguntas vitales, históricas, contextualizadas, en problemáticas epocales, en desafíos cognitivos, en propuestas colectivas, articulado a organizaciones e instituciones del territorio, que recoja la propia historia y lance hacia la esperanza colectiva, que parta de la defensa de los intereses de las minorías, que transversalice las problemáticas de desigualdades, de género, del capitalismo actual, de las nuevas tecnologías y sus usos, del medioambiente, de la agenda de la justicia global, con arraigo espacial y temporal (contra la colonialidad y la occidentalización del pensamiento, la universalización, la vulgarización, la generalización, el “enciclopedismo” inerte);

 agenciar y cuidar culturas institucionales educativas democráticas y de cuidado por la vida, de mayor ternura, bienestar común, empatía, expresividades, escucha, diálogo, vincularidad, comunitariedad, acogida y respeto de las diversidades (en contra de las institucionalizaciones, la

tecnocracia, la despersonalización, la homogeneización, la vivencia individualizante de las experiencias comunes como la escuela);

 militar y alimentar una ética y una estética de la comunitariedad y el respeto al Otro, “abriéndose a la incomodidad del otro, con su diferencia y su demanda, en ese gesto expansivo, acogedor, anfitrión,” que permite la expansión de la inteligencia y del sentido de la vida” (cf. Rita Segato, 2018). De la “razón competitiva, la razón modernizadora, la razón desarrollista, la razón calculadora, la razón acumuladora y la razón concentradora” (idem) a una razón comunitaria y centrada en la vincularidad;

 establecer formas de construcción del conocimiento como bien común, como derecho social, como construcción comunitaria, planeando trayectos educativos, propuestas y didácticas que permitan lo colaborativo y lo cooperativo en la construcción de preguntas y respuestas, que fomente la argumentación y el diálogo, que fortalezca capacidades de socialización y sobre todo un estilo de concebir el pensamiento, el lenguaje, la inteligencia y el saber como bienes comunes, para el bien común (salidas pedagógicas, integración de cursos, proyectos didácticos, didácticas grupales, ateneos, articulación de instituciones). Alfabetizarnos integralmente, juntos, en todos los sentidos, para entender, leer, interpretar, saber, incluirse y transformar nuestro mundo común; (en contra del pensamiento simplista, individualista, no argumentado, del sentido común, concebido en velocidades y prisas, de modo acumulativo, fragmentado, desarticulado);

 diseñar trayectos educativos integrales en tanto experiencias formativas, conformadoras de identidad, constructoras de sentidos de vidas personales y comunitarias, integrando el hacer y el ser, el sentir y el expresar, las tecnologías y el silencio, la contemplación y la expresión, el deporte y lo artístico, lo personal y lo comunitario, lo afectivo y lo intelectual, lo celebrativo y lo festivo, la familia y la escuela, el mundo del trabajo y el mundo de la cultura, lo lúdico y lo trabajoso. Todo lo que acontece en la escuela es contenido, es experiencia, es capacidad subjetivante en pro de los sentidos que habilitan o no habilitan el conjunto de los adultos educadores. Con el saber que entregan y construyen, con las relaciones que establecen, con la didáctica que proponen y las experiencias que acompañan, están construyendo, para la subjetividad de las y los otros (y la propia) una teoría del mundo, una mirada del mundo, un sentir sobre el mundo. “Quien teoriza formatea la realidad. Formular categorías es dar forma al cosmos, modelar el mundo y encaminar la historia. La capacidad teórica, la imaginación teórica es la más poderosa de todas las actividades humanas.” (R. Segato 2018)

Cierre abierto

Si otro mundo es posible, es porque es posible otro pensar, otro actuar, otra relación, otra docencia, otra comunidad educativa, otra escuela, otro centro educativo. A mayor crueldad es necesaria mayor mirada crítica, mayor unidad, mayor claridad y radicalidad en las decisiones, sobre todo cuando tienen que ver con la vida de todas y todos. Esperarlo de todo del afuera es la ingenuidad que hemos aprendido para sostenernos en el proyecto de la cosa, del consumo, de la acumulación, de la meritocracia, del individualismo, que siempre pareciera ser más cómodo que el proyecto de la comunidad. En el primero sabemos que sembramos crueldad. En el segundo, ciertamente hay esperanzas.

Bibliografía

Bleichman, Silvia (2007) Conferencia en la Universidad de Rosario sobre «La construcción de legalidades como principio educativo» – Conferencia Bleichman – Disponible en Youtube

Scurati, Antonio (2026) El paso de la violencia simbólica a la violencia física ya ha ocurrido en Reportaje ANATOMÍA DEL FASCISMO, Diario Perfil, 1 de marzo de 2026

Puiggros, Adriana (2025) Reimaginar las tramas: políticas y pedagogías contra la crueldad Conferencia en congreso de SAHIE, Universidad Nacional de Córdoba,

Octubre de 2025

Byung-Chul Han (2023) La sociedad del cansancio. Herder. Buenos Aires. Segato, Rita (2018) Contrapedagogías de la crueldad. Prometeo Libros. Buenos

Aires.

Sadin, Eric (2020) La era del individuo tirano. El fin de un mundo común. La caja negra, ediciones. Buenos Aires

Tigani, Pablo (2026) La vulgaridad como síntoma de épcoa. en Página 12. 15 de

marzo de 2026.

Skliar, Carlos (2025) Narrar, pensar, escribir y educar en este mundo. La artesanía del recomienzo. Noveduc. Buenos Aires.

2 comentarios

  1. Claudio Altisen

    ¡Impresionante el artículo! Me impactó mucho cómo retrata ese clima de la resistencia en el 56 y la dignidad de los laburantes frente a la crueldad de los fusilamientos. Es muy potente esa idea de que la identidad no se borra por decreto y que la doctrina se forja en la calle, con el aguante. Un pedazo de historia necesario para no olvidar.

  2. Claudio Altisen

    ¡Impresionante el artículo! Me impactó mucho cómo retrata ese clima de la resistencia en el 56 y la dignidad de los laburantes frente a la crueldad de los fusilamientos. Es muy potente esa idea de que la identidad no se borra por decreto y que la doctrina se forja en la calle, con el aguante. Un pedazo de historia necesario para no olvidar.

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