La escuela de los dictadores: una novedad a 50 años del golpe

La escuela de los dictadores: una novedad a 50 años del golpe

En marzo de 2026 se cumplirán cincuenta años del inicio de la última dictadura de civiles, eclesiásticos y militares.

A medio siglo de aquel horror, nuestras bibliotecas rebosan —necesaria y afortunadamente— de investigaciones sobre el terrorismo de Estado, las víctimas y las resistencias. Sin embargo, en ese mapa de la memoria detecto un punto ciego, un territorio silvestre que, hasta hoy y curiosamente, ha permanecido inexplorado desde una perspectiva crítica: los Liceos Militares.

Sabemos mucho sobre lo que hicieron los dictadores, sus mandantes, sus confesores y sus cómplices, pero muy poco —o, mejor dicho, casi nada— sobre sus propios dispositivos educativos.

Por eso escribí un ensayo testimonial titulado Contramarcha (de próxima aparición por Prohistoria Ediciones, en marzo de 2026). Porque entre lo mucho que se ha escrito sobre aquellos años, el de los liceos es un tema absolutamente inédito. Para ello elegí un periodo histórico que es una verdadera bisagra: entre 1981 y 1985.

Mi intención no es hablar de las escuelas durante la dictadura, sino diseccionar la escuela de los dictadores. La de ellos: antes, durante y aun después del golpe. Me refiero a ese espacio donde convergían, en una alianza muy apretada, el poder militar, la complicidad civil y la legitimación eclesiástica.

El libro es una invitación a mirar por la cerradura de uno de los más tradicionales e inaccesibles dispositivos de producción de subjetividad. El liceo no era solo un colegio secundario: era un laboratorio de “mentalización”. Allí, puertas adentro, se fraguaba algo más que oficiales reservistas; se construía una forma de ver el mundo y de estar en él desde una perspectiva neoliberal. Toda una pedagogía castrense había sido diseñada para estar al servicio de ese propósito formativo. Por otra parte, desde una perspectiva de género, ese dispositivo de formación operaba como una maquinaria eficaz para moldear una masculinidad machista, verticalista y homofóbica, donde la sensibilidad era vista como debilidad y la diferencia como una amenaza.

¿Por qué volver sobre esto ahora?

La oportunidad no la da solo la efeméride redonda del medio siglo y la originalidad de la temática. La verdadera urgencia la dicta el escenario político actual, las recientes disposiciones gubernamentales sobre los liceos y la reforma educativa en cierne.

Esto sucede justamente hoy, cuando asistimos al furioso avance de ultraderechas que, ligadas a una visión neoliberal del mundo, reciclan aquellos viejos discursos que engloban al supremacismo, el racismo, la xenofobia e incluso la justificación de la tortura y del genocidio. En nuestro país, este fenómeno encarna en la figura de Javier Milei, un presidente que no solo aplica un programa económico de exclusión, sino que se posiciona abiertamente como negacionista, reivindicando la violencia estatal que nos desangró. Se trata de una dinámica gubernamental que funciona tal y cual lo ha indicado su admirada referente Margaret Thatcher mediante dos frases tristemente célebres: “No hay alternativa” y “La economía es el método, pero el objetivo es cambiar el alma”.

Podemos observar, entonces, que los supuestos «valores» que se enseñaban a los adolescentes en los claustros liceístas de los años 80 no quedaron encerrados en el pasado; surtieron efecto en la sociedad, permanecieron agazapados esperando el momento propicio y hoy vuelven a hacerse presentes con toda su potencia autoritaria y antidemocrática.

Interrogar el «secundario de los milicos» es, entonces, una tarea política indispensable. Necesitamos entender desde adentro, para desactivarla afuera, cómo la microfísica del poder va fabricando la mentalidad autoritaria en el cuerpo de los adolescentes.

Contramarcha es mi intento de desandar ese camino, ofreciendo un testimonio claro, directo, reflexivo y crítico. Porque para que el «Nunca Más» sea una realidad efectiva y no solo una consigna, tenemos que atrevernos a correr el velo de silencio que cuelga sobre los liceos militares y asomarnos a mirar, por primera vez, el lugar que los dictadores dispusieron para forjar una élite afín a sus ideas. Afortunadamente, no siempre lo lograron. Pero hoy vuelven a insistir, y no sin furia.

7 comentarios

  1. Irma

    Qué oportuna la aparición de este libro a los 50 años del golpe cívico, militar y eclesiástico. Con un enfoque original y necesario para entender nuestro pasado reciente, nuestro presente y el del mundo de hoy.

  2. viviana

    Muy interesante tu propuesta que como vos mismo mencionas, nos ayuda a comprender la importancia de la educación como un andamiaje ideológico listo para ser utilizado cuando las circunstancias históricas lo requieran.

    • Rafael Milillo

      Cuanto resentimiento e información desdibujada por la ideología habrá en el libro? Los liceos militares nada tienen que ver con la dictadura. Son parte de nuestro sistema educativo democrático desde su creación. Una temática sesgada a causa algún mal recuerdo por «decisiones inmaduras de un adolescente incendiario » podría ser el título . Entre la Libertad o el anarquismo y entre la Libertad o el terrorismo subversivo los licencias bien paridos o al menos su gran mayoría nos quedamos con la Libertad.

    • Juan Manuel Duarte

      ESPEREMOS el LIBRO y ojalá NO HAYA SESGO ideológico!!!… DECENAS de CUADROS que confirmaron las CONDUCCIONES de GUERRILLAS u ORGANIZACIONES ARMADAS salieron de los LICEOS MILITARES y NAVALES, lo sé porque soy graduado de un liceo.
      ALGUNOS NOMBRES?
      LICEOS MILITARES:
      * Fernando VACA NARVAJA
      *Ignacio VELEZ.
      *Emilio MAZA.
      *Envar «CACHO» EL KADRI.
      *Roberto QUIETO (Colegio Militar)
      *Jorge Carlos MOLINA TALEB.
      *José María MOLINA TALEB.

      LICEOS NAVALES:
      *Dardo BENAVIDEZ
      *Eduardo HERNÁNDEZ.
      *José María DONDA ( Papá de Vicky Donda)
      *Horacio CORTELLETTI.
      *Claudio LOGARES.
      *»Pato» NORIEGA.
      *Rodolfo CRESPO.
      *Julio URIEN.

      Hay un folleto muy interesante subido a internet que se llama «HIJOS DEL BROWN», que habla de muchos de los jóvenes del LICEO NAVAL ALTE. BROWN de los años 70, se incorporaron a las filas de las guerrillas, y la mayoría de ellos fueron muertos o se encuentran desaparecidos. Incluso CORTELLETTI que fue torturado en la ESMA participó del juicio contra ex marinos como Astiz.

      Un saludo grande, y como dice el dicho «Hay de todo en la viña del Señor», yo soy LICEANO, y hace 30 años soy DOCENTE en Villas de Emergencia y durante 13 años, tuve el honor de laburar junto al LEGENDARIO PADRE RICHARDELLI, uno de los fundadores del MSTM ( MOV. De Sacerdotes para el Tercer Mundo), que además bendijo mí compromiso, bautizo a mí hijo y le dio todos los Sacramentos a mí esposa.

  3. La historia tiene muchas narrativas, cada una cuenta lo que sus narradores quieren dar a conocer, otras lo que los grupos de poder quieren hacer creer y esta que nos ofrece una mirada crítica, reflexiva e interpelante para mirar la historia desde nuestro retrovisor individual-social. Tuve la fortuna de conocer a Claudio y espero ilusionado poder leer más de sus escritos

    • Celeste Montechiarini Montechiarini

      En los liceos se inculcó siempre el odio de clase, el odio al peronismo. Es cierto que por las rebeldías y conciencia en los 70 hubieron cuadros políticos que resistieron a todas las dictaduras anteriores y a la última que impuso la desaparición forzada , robo de bebés, opeeativo cóndor para el cono sur, para imponer el neoliberalismo ordenado desde estados unidos . Gracias por esta revista digital.

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