La patria se debate entre intereses y machetes
{"aigc_info":{"aigc_label_type":0,"source_info":"dreamina"},"data":{"os":"web","product":"dreamina","exportType":"generation","pictureId":"0"},"trace_info":{"originItemId":"7525506070547074365"}}

La patria se debate entre intereses y machetes

Historia argentina Capítulo 2:

Mientras los comerciantes del puerto celebraban los tratados de libre comercio con Gran Bretaña, los trabajadores rurales del interior y los artesanos urbanos veían cómo se desmoronaba el mundo que conocían. La “libertad de comercio” era la libertad para que Inglaterra colocara sus productos en el país sin obstáculos, pero para la mayoría del pueblo del interior eso significaba el cierre de talleres artesanales y la consiguiente pérdida de empleos , la concentración de riqueza en los intereses del pueblo.

Los caudillos provinciales —como Artigas, Güemes, Ramírez o Quiroga— eran simples “jefes bárbaros”, para la elite ilustrada porteña. Sin embargo para el interior profundo eran líderes políticos y militares con una base social real, formados en el fragor de las guerras de independencia y en defensa de una economía regional que no sobrevivía a la lógica librecambista impuesta desde Buenos Aires. Defendían un federalismo que no era sólo una bandera política, sino una forma de defender las economías locales, la producción artesanal y la posibilidad de una vida digna para los sectores populares.

Artigas por ejemplo fue uno de los primeros en comprender la necesidad de una reforma agraria: su Reglamento de Tierras de 1815 fue un intento concreto de distribuir tierras a los más desfavorecidos, incluyendo negros libertos, indígenas y viudas de guerra. Pero este fue perseguido por Buenos Aires y por los portugueses, y finalmente exiliado en Paraguay. Su proyecto fue considerado peligroso por las oligarquías locales: no por su violencia, sino por su justicia.

Mientras tanto, en el puerto, los gobiernos centrales impulsaban constituciones y leyes al servicio de su modelo libre cambista pecuarioexportador y comercial. La presidencia de Rivadavia es un claro ejemplo: centralismo, endeudamiento con capitales extranjeros, entrega de recursos y desinterés por las necesidades del interior. Las provincias rechazaron su Constitución unitaria de 1826 y la guerra civil volvió a estallar.

Las masas populares no fueron meros espectadores de estas disputas. En las provincias, los paisanos, los indios sometidos, los esclavos libertos y los peones se sumaban a los ejércitos de los caudillos. No siempre por convicción ideológica, pero sí por supervivencia, identidad o hartazgo. Eran ellos los que ponían el cuerpo mientras los unitarios y federales jugaban al ajedrez desde las ciudades.

El acto de Lavalle, al fusilar a Dorrego en 1828, fue un punto de quiebre. Dorrego representaba una versión moderada del federalismo, con respaldo popular en la campaña bonaerense. Su asesinato dejó el camino libre para un nuevo orden que supo combinar el lenguaje popular con la astucia política: Juan Manuel de Rosas.

Rosas emergió como el hombre fuerte de la provincia de Buenos Aires. Estanciero y administrador, pero también hábil para captar el apoyo de los sectores bajos: peones, gauchos, orilleros y hasta esclavos. Utilizó el orden, la religión y la concentración de poderes. Este convino rasgos de nacionalismo que evitó que se siga desmembrando el territorio con representación de los intereses de los estancieros bonaerences
pero también utilizó la violencia política organizada a través de la Mazorca cuando lo consideró oportuno. Su ascenso marcó una nueva etapa: la del federalismo porteño, pero que desde Buenos Aires seguía controlando la Aduana, los ingresos y las decisiones clave y retrasando la constitución que algunos federales pedían a gritos como Facundo Quiroga. Rosas defendía la autonomía hasta que estas se auto-ordenen

Mientras tanto, las provincias seguían sufriendo los reveces del libre comercio.

1 comentario

  1. Romina

    Excelente el capítulo 2 de la historia Argentina. Se entiende claramente el proceso político y económico. Saludos

Responder a Romina Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *