Introducción
“Este sistema MATA”, sentenciaba el Papa Francisco en 2023, en el marco del décimo aniversario de Evangelii Gaudium. No era una hipérbole retórica, sino una lectura de la época: un llamado a la resistencia frente a una mentalidad que aísla, aliena y clausura la vida en favor de intereses mercantiles. En la Argentina de 2026, bajo el experimento ultra de Javier Milei, esa sentencia ha dejado de ser una advertencia ética para transformarse en una cruda y mortífera realidad tanato-política.
Asistimos a una gestión gubernamental que, en el trimestre comprendido entre diciembre de 2025 y este febrero de 2026, ha decidido aprovechar el clima relajado y el repliegue ciudadano propio de las vacaciones de verano para colar leyes muy controversiales mediante la convocatoria a sesiones extraordinarias (donde el temario está restringido por el Poder Ejecutivo). De este modo articula su propuesta de poder sobre el binomio vida-muerte, sancionando leyes complejas de manera tan veloz como expeditiva, por vía de excepcionalidad, sin un debate profundo y sin contemplar proyectos alternativos (una vez más).
Al respecto, este artículo se propone pasar revista a los principales tópicos legislativos —la reforma educativa, el presupuesto de desfinanciamiento, la baja de imputabilidad y la precarización laboral— en los que el gobierno nacional nos ha sumergido durante este receso.
Nos interesa poner el foco en cómo estas leyes se dirigen de manera muy directa a hacer posible que los sectores económicamente poderosos puedan gozar de su posición social disponiendo para eso de la vida misma de los ciudadanos. En este entramado de vampíricas reformas «estivales», la infancia, la niñez, la adolescencia y la juventud han dejado de ser el futuro que proteger y cuidar para convertirse en el objeto de un goce predatorio por parte del Amo, revelando una mentalidad y un sistema que no busca el desarrollo del sujeto, sino su administración como material descartable. De hecho, así como para lo fue para Epstein y su club privado de millonarios, también para Milei la vida humana real no es más que un “capital” (¿humano?) administrable.
I. Educación y futuro
Las reformas impulsadas bajo la “Ley de Libertad Educativa”, la “Ley de Financiamiento Universitario” y el “Presupuesto 2026” no deben leerse como una búsqueda de eficiencia administrativa, sino como un dispositivo de formateo subjetivo. Al eliminar la garantía del 6% del PBI para educación y desfinanciar la formación técnica (a pesar de que el discurso oficial dice estar interesado por fomentar la cultura del trabajo), el Estado argentino ejecuta una renuncia histórica: abandona su función de transmisión cultural para abrazar la lógica instrumental del mercado.
- La escuela como terminal de la reforma laboral:
Es cierto que existe una genealogía necesaria entre el aula y el mercado, en virtud de la cual: sin reforma educativa no hay reforma laboral. Pero lo que sucede en este gobierno es que, para imponer un escenario laboral precarizado y «uberizado», el sistema requiere un sujeto que haya sido «precalentado» en la docilidad. No se busca un ciudadano capaz de interpelar la realidad, sino un engranaje intercambiable. Al vaciar el espacio público de contenidos críticos, la escuela se convierte en un centro de entrenamiento de habilidades efímeras. El objetivo es moldear un trabajador que acepte la inestabilidad no como una injusticia, sino como una condición «natural» de la existencia.
- La subjetividad de la precariedad:
El gobierno actual ha unido su horizonte en materia de política educativa a la carencia y la fragmentación. Al proponer el homeschooling y la «autonomía escolar», el Estado privatiza el derecho a la educación. Es la máscara de la desprotección: si el proceso pedagógico falla o la infraestructura colapsa, la responsabilidad se desplaza a la «elección» individual, encubriendo la deserción del Estado.
- El ataque al pensamiento crítico y la Universidad:
La universidad pública es percibida como una amenaza para mentalidades elitistas (aun cuando no sean más que “aspiracionales”) porque es el lugar donde el pensamiento no se rinde ante la rentabilidad inmediata. El desfinanciamiento —disimulado tras paritarias de ajuste o leyes de financiamiento que apenas corren detrás de la inflación— busca quebrar el ascenso social, ese orgullo argentino que permitía que el hijo del obrero fuera doctor. Bajo esta nueva cartografía, se intenta reemplazar la formación integral por una capacitación técnica despojada de humanismo. Es una mutilación antropológica: se le quita al joven la palabra para reducirlo a no ser más que fuerza de trabajo, entregada sin resistencia.
- La falacia de la libertad educativa:
El marco legal que promueve el gobierno ignora problemas urgentes como la salud mental adolescente o la brecha tecnológica. Lo que hace es imponer una ideología de la desvinculación. En última instancia, el objetivo gubernamental es producir una subjetividad dócil al capital. Los libertarios, que en su literalidad no comprenden la metáfora ni la ironía, fuerzan a que los pibes acepten, como si fuera el único horizonte posible, un mercado laboral donde les paguen la mitad del sueldo si se enferman.
II. Tánatos en el Congreso: la baja de imputabilidad
El escenario legislativo se ha transformado en un teatro de lo siniestro. El debate sobre la baja de la edad de punibilidad a los 13 años no responde a una demanda de seguridad real, sino a una puesta en escena de la pulsión de muerte operando desde las instituciones. Se proyecta una ingeniería penal que prioriza los barrotes de las celdas sobre el mobiliario de las aulas.
- El maridaje entre Kant y Sade:
Este ensañamiento con la niñez y la adolescencia revela una estructura perversa. En su ensayo Kant con Sade, Lacan advierte cómo la ley moral se puede deslizar hacia el goce sádico. En tal sentido, podemos observar que el discurso oficial utiliza imperativos de corte kantiano —“el que las hace, las paga”, “delito de adulto, pena de adulto”— como fachada ética para encubrir su propio goce sadeano: el regodeo de ver al niño reducido a objeto sacrificable bajo el peso de un sistema que lo anula. Es, sin miramientos, un circuito de crueldad: primero se le quita el plato de comida y el horizonte educativo para luego capturarlo mediante la prisionalización, sin tomar en consideración que emerge como consecuencia de esa marginalidad en la que antes se lo desamparó.
- La estadística frente al marketing punitivo:
Los datos de la Corte Suprema de Justicia son demoledores para el relato oficial: los delitos gravísimos cometidos por menores de 16 años representan apenas el 1% del total nacional. Es decir que no asistimos a una crisis de inseguridad generada por niños; enfrentamos una crisis de seguridad jurídica provocada por un Estado que se retira de sus funciones de cuidado para reaparecer únicamente bajo su forma policial. La baja de la imputabilidad es un «marketing de la crueldad» diseñado para un sector que busca la satisfacción imaginaria de ver a un niño tras las rejas.
- El fantasma de Videla:
El propósito del gobierno de Milei es el disciplinamiento por el terror. El antecedente ineludible es la reforma de Videla en 1976. Aquella legislación de «mano dura» contra los menores de edad no sirvió para reducir el delito, sino para disciplinar por el terror y quebrar el deseo de futuro. Hoy la historia se repite como farsa. Como ocurrió, por ejemplo, en Chile tras la reforma de 2007, estos cambios solo aumentan la judicialización sin impacto real en la criminalidad. Queda claro, entonces, que el Estado de Milei no busca ciudadanos; busca presidiarios o engranajes que alimenten la maquinaria de control.
III. Salud y mortalidad infantil
En 2024, la tasa de mortalidad infantil ascendió a 8,5 por cada 1.000 nacidos vivos, un incremento del 6,25% que rompe una tendencia histórica de descenso. Esta cifra expone el desmantelamiento de redes vitales como el Plan ENIA, el programa Sueño Seguro y el desfinanciamiento de hospitales como el Garrahan. Esto significa que cuando el Estado retacea surfactante pulmonar para prematuros, vacunas o medicación oncológica, ejerce una forma de necro-administración: decide, por omisión activa, quién tiene derecho a seguir respirando. Dicho en otras palabras: decide que hay argentinos de segunda, matables desde la cuna. En especial si son pobres.
- La enfermedad como «costo»:
Esta misma lógica cruel de desprecio por la vida se corrobora al extenderse al mundo laboral con la reforma del Artículo 208 de la Ley de Contrato de Trabajo, que habilita recortes salariales ante enfermedades. Aquí el sistema revela a las claras su rostro profundamente inequitativo: la vida del trabajador solo es valorable como instrumento para el enriquecimiento del patrón; al enfermar, se convierte en un «gasto» que el capital rechaza absorber. El planteo oficialista es tan obsceno, desalmado e intelectualmente chato, que en la estrategia comunicacional del gobierno se banaliza el dolor humano con ejemplos triviales nada más que para ocultar la desprotección de familias enteras en momentos de máxima fragilidad.
- Cronos y el robo ontológico:
El tan sabio político y pensador rioplatense, Pepe Mujica, señalaba que el verdadero costo de las cosas es el “tiempo de vida invertido” para obtener el dinero con el que comprarlas. En el modelo de Milei, el tiempo de la vida del trabajador es tratado como un recurso extractivo que se exprime hasta el agotamiento y el quiebre de la salud, física y mental. En efecto, el gobierno de Milei arrebata el tiempo a los trabajadores a través de la precarización y a los niños a través de la negligencia sanitaria. Así, el mercado se transforma en un ídolo Moloc que exige sacrificios constantes bajo una promesa de libertad que solo se encuentra en la fosa.
IV. Reforma laboral: La elite predatoria
Allí donde la economía se revela como una tecnología de consumo de cuerpos vivos, el comportamiento de las elites se vuelve puramente predatorio. Por eso legislan para hacerse dueños de la vida de la gente. Digámoslo: la lectura de los recientemente difundidos «Epstein files» evoca a Hanna Arendt y provoca el mismo espanto que el «Nunca Más». Desfachatadamente, la reforma laboral de Milei va en esa línea que fagocita el cuerpo de los trabajadores.
- Del terror de Estado al terror del Mercado:
Si en la dictadura el terror era ejercido por un Estado usurpador, hoy constatamos que el terror es ejercido directamente por el propio mercado, ya sin intermediarios, sobre la humanidad de las víctimas: las y los trabajadores. Milei, en su captura del Estado, emula la impunidad de estas elites dominantes que utilizan cualquier medio para saciar un ansia de poder indecible. Precisamente, desde su tumba, Epstein nos confirma que este comportamiento es el carné de socio de quienes, como Milei, detestan los bienes públicos y abominan la justicia social.
- La voracidad y el descarte del futuro:
La pintura de Goya, Cronos devorando a sus hijos, es la representación perfecta de este festín tenebroso y titánico. Al desfinanciar la salud y la educación mientras se encarcela a la adolescencia, el sistema se vuelve antropófago: se «come» su porvenir. Estamos ante un capitalismo de extracción de valor sobre los cuerpos vivos, donde los niños, los adolescentes y los jóvenes, son material disponible para la explotación o el abandono. Aquí se verifica lo que decía Marx: el capital «chorrea sangre y lodo por todos los poros». Lo cual, hoy en día, no siempre luce tan burdo. Por el contrario, suele lucir muy refinado en apariencia. El sofisticadísimo Jeffrey Epstein y sus “amigotes”, los artesanos del nuevo orden mundial tecnofeudal, son el más claro ejemplo… y casualmente, resulta que también son las figuras referentes de Milei, a quienes no duda en llamar “héroes”.
- La banalidad del mal:
Siguiendo a Arendt, si Eichmann fue el hombrecito gris y burócrata de una masacre a gran escala, en la isla de Little Saint James encontramos a los «financistas» del mal global. Gente de bien, costeando lo bien que se la pasan, chupándole la vida a los demás. Se la pasan bien a costa de otros. Pero los argento no nos quedamos atrás; por estos lares, el gusto infame del hombrecito Milei por relamerse imaginando a los niños «envaselinados» resume el descaro de una era que ya no se molesta en embellecer el rostro del capitalismo. Por eso sus voceros se exhiben sin vergüenza como unos auténticos descarados. Así, ser un violador impune se convierte en la marca de nivel para pertenecer a una casta de poderosos que se cree divina. En sus mentes el mercado opera como un dispositivo de captura subjetiva donde la impunidad equivale a la ilusión de inmortalidad de los amos del mercado.
V. El derecho a la rebelión existe
Milei gobierna ya sea por DNU o, como en este verano, mediante “excepcionalidades”. Al respecto, cabe señalar que en momentos de excepción, el derecho constitucional y la filosofía política coinciden en un punto: es lícito ejercer la resistencia, incluso hasta la rebelión, por medios que la norma vigente tildaría de ilegales. Como bien señala el filósofo Giorgio Agamben —cuya tesis sobre el «Estado de Excepción» resuena en cada DNU de esta gestión—, la necesidad no tiene ley. Cuando un gobierno justifica su accionar exclusivamente en la «crisis», no está gestionando la emergencia; está instalando un “estado de excepción técnico” (léase “dictadura”) como fundamento del orden social.
- La degradación de la forma jurídica:
Se suele argumentar que, por el mero hecho de haber ganado unas elecciones, ya no hay nada que discutirle al oficialismo y que se debe acatar lo que determine el gobierno hasta tanto la oposición logre una victoria futura. Pero la convivencia democrática no se agota en el acto de votar; no se trata aquí de la «alternancia» electoral como un valor per se. Para el caso, valga señalar que la democracia moderna fue creada justamente contra el absolutismo, para que las minorías tengan voz.
El planteo de Agamben va por otro lado: no importa quién gane una elección desde un punto de vista meramente formal si el resultado es la degradación de la forma jurídica. El «Estado de Excepción» en una democracia formal no ocurre necesariamente cuando se clausura el Congreso, sino cuando el Ejecutivo gobierna mediante Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU) o facultades extraordinarias, convirtiendo la anomalía en la norma cotidiana. Esta deriva se agrava, de modo terminal, cuando se prohíbe y reprime la manifestación de las disidencias en la prensa o en las calles.
- Democracia sustantiva vs. Dictadura comisarial:
La democracia no es solo el rito de ganar elecciones; es el respeto absoluto a la división de poderes, una arquitectura que el actual proyecto de reforma laboral pretende dinamitar, por ejemplo, al eliminar el Foro de Justicia Nacional del Trabajo. Es una maniobra política del Ejecutivo para desmantelar una parte del Poder Judicial, rompiendo así el equilibrio de frenos y contrapesos que exige la República.
Por este camino, la excepción se vuelve permanente: la ley se convierte en un cascarón vacío que el poder de turno llena a su antojo. Esto requiere advertir que, al normalizar la manipulación de los mecanismos institucionales, lo que queda es una democracia meramente formal que equivale, en los hechos, a una dictadura comisarial con barniz electoral. Es una vara que hoy parece favorecer a unos, pero que mañana —de facto— puede dejar fuera de la ley a cualquiera.
- El análisis del funcionamiento:
Como diría Jacques Lacan, el develamiento de la verdad depende del análisis del funcionamiento y no de la mera captación fenoménica. El punto central no son los instrumentos: los DNU y las sesiones extraordinarias. Lo relevante es su magnitud y su materia. Por ejemplo: no todo DNU es igual. Constitucionalmente, un decreto es una herramienta de emergencia puntual ante hechos que no admiten la demora del Legislativo (un incendio, un terremoto, una pandemia). Sin embargo, no hay ninguna necesidad y urgencia real para que Milei gobierne por decreto, más que el abuso del instrumento; como tampoco hay premura legítima para tratar una reforma laboral brutal en sesiones extraordinarias, salvo el deseo de eludir la deliberación democrática.
- La suma del poder público:
Si analizamos la diferencia técnica, el acotamiento es clave. Un DNU para una emergencia sanitaria, por ejemplo, no guarda simetría alguna con un decreto que deroga cientos de leyes de fondo y modifica el contrato social de una nación. Lo segundo no es gestión: es asumir la suma del poder público. Si aceptamos que se puede reformar la estructura entera de un país «porque ganamos», estamos validando que la Constitución es opcional. No es una cuestión de «color político», es la defensa ontológica de la forma republicana frente a la arbitrariedad de cualquier autoritario con un cheque en blanco. Al final, vuelve a resonar el antiquísimo adagio: la letra mata, solo el espíritu da vida.
VI. Por una revolución de la sensibilidad
El desafío de la época que transitamos consiste en que enfrentamos un neoliberalismo posdemocrático (neofascistoide) que utiliza la deuda, la amenaza y el insulto como métodos para quebrar la cultura social e intelectual argentina. Se podría decir que nos vinieron a colonizar desde el planeta de los simios.
- La encrucijada y la autodestrucción:
¿Es la Argentina un país que va hacia su desaparición como nación soberana para entregarse a no ser más que una colonia o aún cobija la capacidad de frenar su autodestrucción? Las nuevas ultraderechas buscan que el sujeto termine por desear su propia servidumbre. Frente a este comportamiento depredador y destructivo del sector social que predomina en el autopercibido “Mundo Libre”, la unidad debe ser una coalición de todos aquellos que sienten que la vida humana merece revestirse de una política que no sea cruel.
- Recuperar el derecho a vivir bien:
Es hora de desplazar el eje hacia una revolución de la sensibilidad. No podemos aceptar la degradación como un destino natural. ¡Tenemos derecho a organizarnos juntos para vivir bien! El bienestar colectivo es la condición mínima del contrato social. Un gobierno como el de Milei, que aceita la ingeniería penal para niños mientras les recorta alimentos y vacunas y desmantela sus escuelas y universidades, ha decidido devorar su propia posibilidad de existir.
- El cuidado como resistencia:
La educación y la salud públicas son las condiciones materiales que permiten que un niño de la periferia aprenda un oficio o vaya a la universidad y que con eso se inserte en un mundo laboral con horizonte. Romper ese puente es un crimen de lesa posteridad. Por eso, contra el goce del Amo y la voracidad de Cronos, debemos oponer una ética de la dignidad. Si la Argentina ha de sobrevivir, será a través de un pueblo movilizado porque aún cree que a la infancia se la protege, el conocimiento se comparte y por el trabajo digno se lucha.
Excelente Claudio. Un alegato audaz y vibrante. Comparto.
Comparto una reflexión publicada por el psicoanalista Jorge Alemán, que va en línea con lo que expresé en el artículo.
https://jorgealeman.substack.com/p/el-goce-del-estado-de-excepcion-jorge?utm_source=post-email-title&publication_id=3129134&post_id=188744695&utm_campaign=email-post-title&isFreemail=true&r=28o4mk&triedRedirect=true&utm_medium=email