Por Xavi Nuñez
Seguramente a muchos de nosotros, alguna vez, se nos cortó el agua caliente del calefón, y supimos que es lo que siente, ese cuerpo desnudo, paseándose en toallón, por el comedor, sin tener a quien escribirle canciones de amor, algo patético, portando una especie de bata sin corona, con las gotas frías en el torso, en busca de algo que nos abrace, que cubra todo ese pudor de nuestro falso andar seguro, que nos enmascara en la vida cotidiana.
Clics Modernos, es lo más parecido a esa desnudez, interpela al cuerpo, su polirritmia, sus pasos de baile suenan algo provocador, sensuales y sarcásticos a la vez, tan complejo y simple como la anatomía humana digno de una genial obra de arte conceptual.
Son los años 80s en Buenos Aires, García propone, y la ciudad dispone, es el puto amo, su música sugiere la ambigüedad de su bigote bicolor, en el aire porteño se respiran los jazmines previos a esa primavera democrática, con la leve sospecha y critica que siempre traen «las buenas noticias” haciendo sonar esos acordes tensos, llenos de intervalos musicales que no resuelven la armonía, sino que indagan, algo bisexuales (o acordes sin sexo), que nos incomodan y nos invitan a reflexionar.
Desafiante, Charly lleva puesto un traje blanco, posa con su provocador pelo corto de un «ex hippie», y luce su atenta mirada de ojos de videotape, tan narcótica y sensible como aquellos años salvajes.
Su obra es el sueño de cualquier artista, es una habitación vacía que tensiona con la imaginación y con la cabeza del receptor, sin perder conexión alguna, con la realidad concreta, ofreciendo una verdadera síntesis, vestida a la nueva moda. Los sonidos sugieren, con la contundencia de los samplers y las máquinas de ritmos, una la extrema lucidez con sus liricas y su sensibilidad para «estar comunicado con todo lo demás». La magia sucede y la comunicación está al servicio del arte y las buenas canciones, una vez más.
El humor y la diversión conviven muy bien con la «mirada social» en Clics Modernos, momentos lisérgicos se suceden y conectan, alucinaciones, cosas que desaparecen y dinosaurios que nos transportan a la dictadura saliente de la Argentina de aquellos años. García toma el pincel, retrata, observa e imprime. Construye imágenes salidas de un policial negro neoyorquino, y dice que no se siente un extraño, sabiendo fumar para despistar, enseñándonos que (como dice otro poeta) «viendo a la gente beber en los bares comprendo que el mundo es un solo lugar».
Clics Modernos es una Masterpiece, universal, trasciende fronteras, inhala tensión, moviliza y exhala libertad, es elegante y salvaje a la vez. Como aquellas noches de Buenos Aires en los años 80s, Charly siempre es un boleto de ida, atrapante y seductor, patrimonio nacional de nuestra brillante y compleja identidad.