Por Santiago Albaytero.
Lic. en Trabajo Social.
Ciudad de Mar del Plata
Cuando tenga la tierra,
la tendrán los que luchan
Los maestros, los hacheros, los obreros
Ariel Petrocelli-Daniel Toro
Hace unos 500 años atrás Erasmo de Rotterdam escribió “Elogio de la locura”. El humanismo, movimiento intelectual-político al que perteneció y enriqueció Erasmo, recuperó la centralidad de la vitalidad -de la primacía de la vida- por sobre la permanencia del orden institucional. Después de siglos en los que los que se encorsetaron las preguntas y las instituciones en la estructura jerárquica eclesiástica de la cristiandad. Más allá de la importancia de muchos movimientos emancipatorios que acontecieron en toda la edad media, todos ellos fueron neutralizados por la crisitiandad a través de la represión o de la asimilación de sus miembros sin la potencia liberadora que los originó. Los franciscanos son una expresión de esta dinámica. Aquellas y aquellos que no permitieron ningún tipo de asimilación fueron reprimidos, excomulgados o asesinados. Erasmo será excomulgado. En la obra que cité recupera la potencia humanizante y emancipatoria de las vidas encarnadas de aquellos que fueron considerados locos por sus escritos y obras por sobre el boato académico de los teólogos de la crisitiandad ya que lo que ellos -todos varones- construyeron fueron estructuras lógicas-filosóficas para justificar el modelo imperial de la iglesia católica de Roma en la cristiandad. La locura es para él en este escrito la expresión de la vida que busca encarnarse y expresarse más allá de los límites o condicionamientos de la dinámica estructural. Todo puede parecer estar en contra, pero siempre es posible que acontezcan dinámicas emancipatorias. Como resonancia de aquel escrito, de nuestro presente y las organizaciones que engendramos quiero compartir algunas reflexiones sobre la radicalidad como posicionamiento vital.
Antes de seguir quiero explicitar qué entiendo por radicalidad en este escrito. El sentido común le atribuye una connotación negativa asociándola con posiciones extremistas y fundamentalistas. Radical es aquella o aquél que actúa movido por postulados que tienen valor para cualquier tiempo y lugar, y por eso, por sobre todo tiempo y lugar. Como parte de la dinámica del sistema mundo capitalista ellos nunca son radicales los fundamentalistas del mercado sino simplemente intelectuales, financistas, economistas … .simplemente, realistas. Esta dinámica es la que quiero discutir. No pretendo recurrir a un sentido etimológico de la palabra radical, sino que quiero recuperar la potencia vital que ella nos provee para nombrar los posicionamientos y prácticas necesarias que deben tener nuestras encarnaciones para oponerse a la injusticia, violencia e inhumanidad del capitalismo al tiempo que ponemos el cuerpo para encarnar andares otros, andares más humanos.
En tiempos de expansión de los ciclos capitalistas su dinámica estructuralmente extractiva del valor producido socialmente a través del fetiche absolutista de la propiedad privada se materializa buscando generar adhesión por medio de consenso del sentido común y focalizando la violencia explícita en aquellos sectores sociales que sostienen una perspectiva crítica más allá de la aparente bonanza económica. En tiempos como el presente, en el que el ciclo es contractivo, la violencia se materializa en forma masiva dado que los límites de las promesas mentirosas del sistema mundo capitalista muestran su falsedad propia. En todos los calendarios y en todas las geografías la radicalidad materializa dinámicas comunitarias e institucionales nuevas que tensionan la violencia e injusticia de los sistemas opresores.
La respuesta desde el sentido común a la violencia es el ejercicio de la misma violencia en sentido contrario. Desde muchos sectores, grupos e instituciones se ha construido marcos teóricos y prácticas para justificar el uso de otras violencias que se planten frente a las violencias de los diferentes sistemas opresores que dominaron en diferentes calendarios. Podríamos ir hasta Santo Tomás de Aquino para recuperar su desarrollo de la guerra legítima que atravesó y se reinventó a lo largo de los siglos. Lo encontramos en la Populorum Progressio de Pablo VI, en las cartas de Perón desde Madrid a la juventud peronista, en los escritos del Che… está presente en todas y todos aquellos que piensan-sienten profundamente la violencia que ejercen los sistemas opresores sobre las mayorías populares solo para garantizar bonanza en minorías y cómo esta se naturaliza-silencia desde las instituciones. En este punto quiero recuperar un escrito imprescindible de un hombre imprescindible. Espiral de violencia de Helder Câmara nos convoca a no eludir la cuestión de la violencia en la materialización de procesos transformadores-emancipatorios en la historia, como tiempo-espacio de lo humano. Pensarla y sentirla profundamente para no dar respuestas superficiales y simplistas. El ya basta de tantos pueblos latinoamericanos tiene esta potencia. Intentaré dar razón de su profundidad.
La violencia del sistema mundo capitalista es asesina desde sus entrañas. La producción ideológica hegemónica ha sido muy prolífica en la construcción-difusión de múltiples eufemismos que esconden la potencia destructiva-concentradora-represiva con la que la dinámica capitalista se apropia de lo producido colectivamente. El discurso sobre la meritocracia, el sacrificio presente para una bonanza futura, la promoción de la sospecha hacia los sectores populares -sobre todo hacia los jóvenes- son algunos de los recursos difundidos por los medios de comunicación, las redes sociales y replicado en las charlas cotidianas, en las instituciones. En este marco es comprensible el rechazo que producen los movimientos anticapitalistas cuando asumen los mismos mecanismos de violencia del sistema hegemónico para destruirlo. La violencia asesina no engendra nada nuevo, solo puede cambiar los sectores dominantes pero no el sistema de dominio. Por eso es fundamental pensar qué tipo de violencia es necesaria para la materialización de andares nuevos, humanizantes. La respuesta no es fácil y, estructuralmente, es inacabada porque la vamos reescribiendo en nuestros andares, pensando-sintiendo críticamente la dinámica de lo real. Vuelvo a Helder Câmara, en el libro que cité sostiene que el ejercicio de violencia es necesario para transformar la dinámica estructural de la realidad. A la pregunta de qué tipo de violencia su respuesta se nutre de la experiencia histórica de Jesús; en la cercanía temporal comulga con los posicionamientos de Mahatma Ghandi y Martin Luther King Jr. Acá aparece una primera respuesta. El libro está escrito en 1970 y Câmara es un obispo católico en el nordeste brasilero -no es fundamentalmente un académica- por lo que está atravesado -también- por la discusión sobre la legitimidad de la violencia y la existencia de grupos armados que se enfrentaban a los gobiernos dictatoriales en casi todos los países latinoamericanos.
En este contexto afirma y defiende que la violencia que se enfrenta al corazón de la estructura de opresión se materializa en la organización colectiva que pone en palabras lo que el sistema mundo capitalista esconde bajo eufemismos; que viabiliza dinámicas que cuidan y promueven la vida, la diversidad, la crítica, la participación… Al asumir la palabra y la organización para dar encarnadura al ya basta se ponen de pie y en ese instante acontece la visibilidad de un tipo de disidencia que el sistema mundo no tolera porque no tiene respuestas para dar y, por lo tanto, necesita deshumanizar a aquellas y aquellos que han osado no solo soñar con otros mundos posibles sino que han puesto manos a la obra y han comenzado su construcción. Es así como la calificación de comunista, roja o rojo, zurda o zurdo de mierda, roñosos o roñosas, etc. se multiplican poniendo un blanco sobre aquellas y aquellos a los que va dirigido. La proporcionalidad es directa entre la profundidad y extensión de la organización popular y la violencia que ejercen los grupos concentrados que son los principales beneficiarios de la continuidad y profundización del robo y asesinato masivo difrazado de sistema económico-politico llamado capitalismo hoy; en otras tuvo otras modalidades, dinámcias, justificaciones y nombres pero el mismo propósito, garantizar que lo producido por las mayorías vaya a las manos de las minorías que se lo arrogan como propio por derecho divino, natural o meritocrático -según las épocas-. No es casualidad que Jesús, Gandhi y Martin Luther King Jr fueran asesinados.
A partir de estas consideraciones hago dos puntualizaciones nada originales. La primera es que la organización comunitaria-colectiva es fundante y sustantiva porque en ella toma consistencia -en la praxis encarnada que engendra dinámicas y vínculos que acogen-cuidan-fortalecen las diversidades, los intercambios justos, los gobiernos construidos y sostenidos en y desde la participación- y potencia generativa-confrontativa. En y desde esta dinámica colectiva es que los nombre personales de aquellos y aquellas que coordinan-animan toman visibilidad para los que defienden y se benefician del mantenimiento del status quo. En segundo lugar, solo en una dimensión analítica, está el posicionamiento crítico frente a las injusticias, violencias y represiones del sistema capitalista. La indignación es el punto de partida, lo que nos permite romper la inercia de lo cotidiano y focalizar nuestras miradas-corazones-manos-pies en lo que está aconteciendo para pensar-sentir cómo intervenimos para transformarlo alumbrando dinámicas emancipatorias. Este segundo momento trasciende la indignación y da encarnadura a la conmoción; hacemos algo con lo que nos pasa, con lo que pasa comprometiéndonos en su transformación. Inmediatamente tomamos visibilidad y quedamos en la mira. Esta dinámica, tan fundamental para que lo nuevo más humano acontezca, es el núcleo de la parábola del Buen Samaritano. Tan profunda y subversiva. En otros escritos expresé algo sobre ella, que el protagonista que se hace prójimo es extranjero es impresionante. Este tipo de posicionamiento y organización es el que Câmara defiende como violencia que alumbra lo nuevo.
La radicalidad, como posicionamiento humanizante, halla en este encuadre su importancia ética y política. La moderación -enormemente valorada- es otro de los nombres detrás de los que se esconde el sistema mundo capitalista para extender sus tentáculos de explotación y muerte hasta dónde le sea posible. Marx sentenció que el capitalismo tiene vocación universalista y al mismo tiempo que tiene la capacidad tecnológica para materializarlo… 150 años después la vocación está intacta y la capacidad tecnológica se ha multiplicado casi al infinito. La moderación es hermana de la ambigüedad y las dos cómplices de la violencia. Plantarse, posicionarse y engendrar otros andares es la violencia necesaria porque no se puede engendrar lo nuevo sin romper -todo lo que podamos- la inercia del capitalismo. La moderación se esconde también cuando cree que es posible transformar la realidad calificando al sistema capitalista, señalando la existencia de uno salvaje al que es posible cambiar por uno con rostro humano. Todos estos caminos conducen a que sigan ganando los mismos pocos de siempre. No como ejemplo sino como expresión de la materialización de la violencia disciplinadora del capitalismo es lo que está sufriendo la investigadora del Conicet Virginia Aparicio. Ella, junto a un equipo de investigadoras e investigadores, han recabado muestras biológicas de productores que trabajan con agrotóxicos, vecinos cercanos a los campos donde se aplican y vecinos que habitan zonas alejadas a estos campos. En todos han descubierto la presencia de agrotóxicos. La reacción del sistema fue sumariarla para silenciarla y ahora cerrar este proceso expulsandola del sistema científico argentino. Ella es parte de una lista larguísima. Admiro la radicalidad de aquellas y aquellos -sobre todo miembros de pueblos originarios- que se plantan frente a las topadoras de las megamineras que pretenden desalojarlos; la hermosa terquedad radical de las jubiladas y jubilados que marchan todos los miércoles; la potencia radical de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo que nos ha rescatado de las profundidades de inhumanidad del terrorismo de estado instrumento de la económica-politica capitalista; la radicalidad de los movimientos feministas; la radicalidad de la lucha contra todos los genocidios. Todas ellas nos engendran y animan a seguir andando por senderos transformadores emancipatorios.
Encontrémonos en las calles, en los barrios, en la iglesias, en sociedades de fomento… en todos los lugares posibles para dar encarnadura a nuestras radicalidades y que otros mundos sean posibles. ¡Ya basta!