Resumen:
Querido lector, este artículo interroga la persistencia de los dogmas del fundamentalismo de mercado frente a la evidencia empírica contradictoria que presenta el ascenso económico de China. Partiendo de la pregunta epistemológica sobre si un caso contrario es suficiente para refutar una teoría, analizamos el trilema lógico que China impone al liberalismo económico. Finalmente, proponemos que la supervivencia de la teoría neoliberal no responde a una supuesta solidez científica, sino a un mecanismo de defensa psíquico análogo a la Verleugnung (desmentida) freudiana: una inmunización ideológica ante lo Real.
Introducción: El ideal popperiano y la realidad científica
En las corrientes contemporáneas de la filosofía de la ciencia mucho se ha investigado en torno a una tensión fundacional, que consiste en una brecha insalvable entre el «deber ser» lógico y el «ser» histórico.
Desde una perspectiva estrictamente popperiana, la ciencia avanza —o debería avanzar— mediante un proceso de purga constante: el falsacionismo.
La noción de “falsacionismo”, enunciada por el epistemólogo austríaco-británico Karl Popper, propone la falsabilidad como criterio para distinguir la ciencia de la pseudociencia. Es decir que una teoría se aceptará como científica si puede ser refutada (falsada) por la experiencia, incluso aunque todavía no haya podido ser falsada, pero basta con que se defina de antemano qué tendría que suceder en contrario para considerarla falsa. De ese modo, el avance científico se da al intentar refutar las teorías existentes, reemplazándolas por otras mejores, y no al empecinarse en buscar las verdaderas, ya que el conocimiento nunca es definitivo, sino siempre provisional.
Gracias a esa noción, Popper nos legó una imagen heroica del investigador como aquella persona siempre dispuesta a abandonar su teoría más querida en el instante preciso en que un «cisne negro» aparece en el horizonte.
Es una noción coherente con la formalidad lógica. En efecto, bajo la lógica del Modus Tollens (del latín: «modo que al negar niega»), si una teoría predice que todo sistema económico con fuerte intervención estatal fracasará inevitablemente, y observamos un caso donde esto no ocurre, la conclusión lógica es la refutación de la teoría. En otras palabras, se trata de una regla de inferencia lógica que establece que si una implicación («Si P, entonces Q») es verdadera y su consecuente (Q) es falso (no Q), entonces el antecedente (P) también debe ser falso (no P). Esa es, desde un punto de vista lógico, una forma válida de razonamiento deductivo para refutar una hipótesis, negando una consecuencia necesaria para demostrar que la causa original no ocurrió.
Sin embargo, la historia de las ciencias y, sobre todo, la historia de las doctrinas económicas, nos demuestran que la comunidad científica rara vez opera con esta higiene lógica. Lo que podemos ver es que cuando el dato contradice al dogma, no es el dogma el que cae, sino que es la percepción de la realidad la que se ajusta. Ya lo decía Freud: “se renuncia más fácil a la realidad que a las ilusiones”.
Por eso, en este artículo les propongo analizar un caso contemporáneo de resistencia epistémica, que resulta paradigmático: la coexistencia del discurso del «fundamentalismo de mercado» con la realidad fáctica del modelo chino.
A ver… ¿Cómo es posible que, tras décadas de crecimiento sostenido de una economía planificada o mixta bajo un régimen de partido único, el núcleo teórico que asocia exclusivamente el éxito al liberalismo político y económico siga intacto? Para responder, transitaremos desde la epistemología de Imre Lakatos hasta el concepto psicoanalítico de Verleugnung.
1.- El «Cisne Rojo»: China como refutación lógica
Comencemos señalando que si aplicáramos el criterio de demarcación popperiano a la teoría económica neoliberal dominante —entendida aquí como aquella que postula que la desregulación, la propiedad privada irrestricta y la democracia liberal son condiciones sine qua non para el desarrollo— entonces China debería funcionar como el falsador definitivo. Es, en términos lógicos, el caso contrario que deshace la regla universal.
Partamos de una síntesis del problema mediante un “trilema” que expone las contradicciones internas del discurso hegemónico neoliberal y tecnocrático. Este trilema nos permitirá visualizar cómo el «Cisne Rojo» chino acorrala al teórico liberal, independientemente de la categoría taxonómica que se le asigne al gigante asiático.
Desglosemos este nudo gordiano:
- Si se acepta que China es Comunista:
El teórico se ve obligado a conceder que el comunismo, lejos de ser una máquina de generar pobreza (como reza el axioma histórico), ha sido capaz de orquestar el boom económico más espectacular de las últimas dos décadas. Esto refuta la premisa de la ineficacia intrínseca de la planificación centralizada.
- Si se afirma que China es Capitalista:
El teórico salva la eficacia del mercado, pero a un costo ético y político devastador. Porque se estaría admitiendo que si China es un éxito capitalista, como dicen los liberales, entonces el capitalismo no requiere de la democracia, ni de las libertades civiles, ni de la república para prosperar. Y entonces ese teórico liberal se vería forzado a admitir que las reformas de mercado tienen una «afinidad electiva» funcional con las dictaduras de partido único. Lo cual destruye el tan cacareado relato que hermana capitalismo y libertad.
- Si se postula una economía mixta:
Si se intenta una salida intermedia argumentando que China es un híbrido, se reconoce implícitamente que una férrea conducción estatal de la organización económica no produce necesariamente las distorsiones, crisis e ineficiencias que la teoría neoclásica ha predicado durante cuarenta años. Se valida, por tanto, la intervención estatal como motor de crecimiento.
En cualquiera de los tres escenarios, el dogma del «fundamentalismo de mercado» resulta herido de muerte. La evidencia empírica (el crecimiento del PIB, la reducción de la pobreza, el incremento de los puestos de trabajo y el avance tecnológico chino) actúa como ese caso contrario que, en el laboratorio popperiano, obligaría a desechar la hipótesis. Y, sin embargo, la hipótesis sobrevive. ¿Por qué?
2.- Cinturones protectores y programas de investigación
Para entender esta supervivencia, tenemos que abandonar a Popper y recurrir al epistemólogo húngaro Imre Lakatos. Hacemos ese corrimiento porque Lakatos entendió que las teorías científicas no son proposiciones aisladas, sino «Programas de Investigación» estructurados en dos niveles: un núcleo duro y un cinturón protector de hipótesis auxiliares.
El núcleo duro es la zona sagrada del programa, aquello que sus defensores han decidido que es irrefutable por convención (en nuestro caso: «el mercado libre es el único asignador eficiente de recursos»). Cuando la realidad (China) golpea al programa, el impacto no se permite llegar al núcleo. En su lugar, los teóricos movilizan el cinturón protector para absorber el golpe. Y así la “mansión de los dichos” liberales permanece inexpugnable.
Frente al trilema expuesto, la respuesta académica y mediática del mainstream económico ha sido la generación constante de hipótesis ad hoc tales como, por ejemplo:
- «China crece porque está transitando hacia el capitalismo, pero colapsará pronto si no se democratiza»… de ese modo, se patea la refutación hacia un futuro indefinido.
- «Las cifras de China son falsas»… así se ataca la base empírica para no tener que gastarse en revisar la propia teoría.
- «China es una excepción cultural irrepetible»… lo cual es una artera maniobra discursiva que se orienta a aislar el caso para que no contamine la ley universal.
Estos manierismos discursivos son lo que Lakatos llamaría una «heurística negativa»; es decir, una serie de enunciados que prohíben que se cuestione el núcleo. Así, inmunizan al núcleo duro.
Pero si se lo observa con detenimiento, se podrá apreciar que el programa de investigación neoliberal se ha vuelto, ante la evidencia china, un programa degenerativo, porque ya no predice hechos nuevos, sino que gasta toda su energía intelectual en fabricar excusas para explicar por qué su modelo no encaja con la realidad.
3.- De la Epistemología al Psicoanálisis: La estructura de la Desmentida
Hasta aquí, hemos visto que la epistemología nos explica cómo se protege la teoría (mediante hipótesis auxiliares). Pero no termina de explicar por qué existe una adhesión tan pasional a un dogma que hace agua por sus agujeros, aunque sus defensores se empeñen vez tras vez en emparcharlos con denuedo.
Aquí es donde, desde una perspectiva psicoanalítica, podemos aportar una vuelta de rosca necesaria. Lo que observamos en la negación de la experiencia china no es un simple error cognitivo, sino una maniobra de “desmentida” (Verleugnung, en alemán).
Fue Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, quien introdujo la noción de Verleugnung para explicar una actitud paradójica frente a la realidad. Una actitud que consiste en que el sujeto percibe una escena traumática que, en términos lacanianos, introduce una anomalía que fragmenta la consistencia imaginaria. Y que en nuestro caso refiere a la eficacia del Estado o la disociación entre mercado y democracia. Pero el sujeto la desmiente; es decir que tapona el agujero rehusándose a aceptar las consecuencias de esa percepción. Lo que se produce es una escisión del Yo que blinda al sujeto, en el preciso modo de desmentir la realidad objetiva de la falta (la niega) a la vez que mantiene una parte del yo que sabe de ella, a través del fetiche, conservando así el goce de su presunta completud sin tener que afrontar el conflicto neurótico que le haría dudar de su certeza.
La fórmula canónica de este mecanismo la dio el psicoanalista Octave Mannoni: «Je sais bien, mais quand même…» («Ya lo sé, pero aun así…»).
Desde esta perspectiva abierta por el psicoanálisis, podríamos reescribir el discurso del fundamentalista de mercado frente a China con esta misma fórmula:
«Ya lo sé (veo que la comunidad China crece, veo que el Estado interviene como regulador de la economía, veo que no hay democracia liberal), pero aun así… (sigo menospreciando al Estado y actuando individualistamente, creyendo que el libre mercado irrestricto es la única verdad posible).»
Esta configuración subjetiva (discursiva) en torno a una representación fetichista permite que convivan dos corrientes de pensamiento incompatibles sin cancelarse mutuamente. Por un lado, el reconocimiento intelectual de los datos (ningún economista serio niega hoy el peso de China); por el otro, la creencia cerradísima en la utopía de mercado.
Así, el “dogma” liberal deja de funcionar como una teoría científica explicativa y pasa a funcionar como un “fetiche”; esto es, como un objeto que tapa la falta, que sutura los agujeros y calma la angustia de tener que repensar el mundo en el que uno creía estar seguro.
Lo que pasa, entonces, es que aceptar que China funciona implica animarse a atravesar una angustia teórica fundamental, que consiste en aceptar que el «Padre» (la Ley de Mercado como regulador del Gran Otro) no garantiza nada. Ni libertad, ni democracia, ni siquiera el monopolio del éxito.
4.- Para ir concluyendo…
Volvamos a la pregunta inicial que nos hicimos, sobre si basta un caso contrario para deshacer una hipótesis. La respuesta es que en la ciencia «normal», como diría el epistemólogo Thomas Kuhn —y especialmente en las ciencias sociales atravesadas por intereses políticos, como es la economía—, la lógica cede ante la estructura libidinal de los investigadores y los intereses de las comunidades, pero sobre todo empresas, en y para las que trabajan.
El caso de China y su relación con la teoría neoliberal es una flagrante demostración epistemológica de que al edificio teórico del fundamentalismo de mercado no lo mantiene en pie su capacidad predictiva, ni su robustez lógica (que el trilema planteado desmonta con elegancia), sino una mera operación defensiva.
China no es solo una anomalía estadística, sino que funciona como un síntoma que insiste.
En tal (sin)-sentido, mientras la doxa económica siga respondiendo con la desmentida, tratando de encajar a la fuerza el hexágono chino en el círculo neoliberal (único, perfecto, sin aristas), no estaremos ante una ciencia en crisis, sino ante una religión secular protegiendo sus textos sagrados.
La tarea crítica, entonces, no es solo presentar más datos (más «cisnes rojos»), sino analizar la resistencia del sujeto a abandonar la fantasía religiosa que se vale de la economía para subtender una pseudo teología neoliberal, que nos promete el acceso futuro a un edénico paraíso de goce sin fisuras.
Muy buen artículo Claudio. Una lógica impecable. La pregunta que me surge es el cuestionamiento a la propia lógica aristotélica/concepción heredada pensándola como eurocéntrica y al servicio de la hegemonía. Saludos
Estimado Ricardo, muchas gracias por tu lectura y por el agudo cuestionamiento que planteás. En verdad te lo agradezco.
Tocás un punto fundamental: ¿es la lógica deductiva —y la epistemología de Popper o Lakatos— un instrumento válido o es, en sí misma, parte de una «concepción heredada» que sostiene la hegemonía occidental?
Mi intención al utilizar el modus tollens y el trilema lógico no fue validar la universalidad de la lógica aristotélica como verdad última, sino realizar una crítica «inmanente» (digamos). Es que me parece que es posible utilizar las propias herramientas del pensamiento occidental y liberal (que se pretende racional y científico) para poner en evidencia sus propias contradicciones internas.
Si el neoliberalismo se presenta como una teoría científica basada en la evidencia, entonces se debe someter a sus propios estándares de falsación. Al no hacerlo, revelamos que no es ciencia, sino una «religión secular» o un fetiche.
Sin embargo, tu observación sobre el eurocentrismo abre una puerta muy interesante… porque el éxito de China no solo rompe la regla económica neoliberal, sino que también desafía la estructura de pensamiento binaria (A o no-A) que es tan típica de Occidente.
China nos obliga a pensar en una «economía mixta» o en un modelo que la lógica tradicional intenta forzar (sin éxito) en categorías preexistentes. O sea, los neoliberales empujan a la realidad para que les quepa en el molde mental.
Estoy de acuerdo con vos en que la tarea pendiente, es construir una epistemología que no solo detecte la «anomalía», sino que sea capaz de conceptualizar sin los anteojos de la hegemonía europea. Sin embargo, no es que todo eso esté por hacerse… de hecho, en Latinoamérica el pensamiento decolonial se viene trabajando desde hace ya unas cuantas décadas.
Un cordial saludo y gracias por enriquecer el debate.