Guillermo Castro
Después del 45, terminada la guerra, Estados Unidos y la Unión Soviética, aliados durante el conflicto, se convirtieron en enemigos e inauguraron un mundo bipolar. Durante la llamada Guerra Fría (1947-1991) se reconocieron dos bloques: el capitalista, representado por Estados Unidos, y el bloque comunista, identificado con la Unión Soviética. El sistema llevó a los otros países a elegir un lado u otro en la nueva conformación estratégica e ideológica global. Sin embargo, los integrantes del Movimiento de Países no Alineados desestimaron este encuadramiento obligado y rechazan el conflicto Este-Oeste como representante de división en el mundo. El grupo de no Alineados presentó como principal eje de ruptura la división entre Norte y Sur.
El Movimiento de los Países No Alineados fue una organización internacional que defendió los intereses de los países del Tercer Mundo. Estos países pelearon por lograr su independencia política durante el proceso de descolonización que siguió a la Segunda Guerra Mundial. También buscaron terminar con la dependencia económica.
Por iniciativa de los cinco primeros países descolonizados en Asia: Pakistán, India, Indonesia, Ceilán y Birmania, se convocó a una conferencia internacional que se llevó a cabo en la ciudad de Bandung en 1955. La figura impulsora fue Nehru Jawaharlal, el líder de la India y participaron 29 países de África y Asia. En la Conferencia se condenó al colonialismo y al sistema racista del apartheid. Se estableció el compromiso de luchar contra el subdesarrollo y la pobreza de los países del Tercer Mundo, de aliarse entre ellos y de abstenerse de quedar bajo la influencia de las dos grandes potencias, a las que cuestionaron su accionar imperialista. En la Conferencia de Belgrado, en septiembre de 1961 se fundó de manera oficial el Movimiento de los Países No Alineados. A pesar de su existencia, el poder del mundo quedaba concentrado entre dos potencias con capacidad nuclear para destruir la tierra.
La Guerra Fría finalizó con la caída del muro de Berlín en 1989 y con la desaparición de la Unión Soviética en 1991, Estados Unidos emergió como la única superpotencia. El escenario internacional se transformó en unipolar.
Sin embargo, los realistas clásicos de las relaciones internacionales, como Henry Kissinger, estimaron que la distribución unipolar era circunstancial. “El ex secretario de Estado preveía en 1996 que las relaciones entre los Estados en el siglo XXI volverían a ser como eran las relaciones europeas de los siglos XVIII y XIX, y anticipaba el surgimiento de un sistema multipolar con al menos seis grandes potencias: Estados Unidos, Europa, China, Japón, Rusia e India. La noción de que el escenario internacional sería crecientemente multipolar implicaba que varios Estados con fuerzas comparables o equivalentes deberían cooperar y competir a la vez en patrones cambiantes.”[1]
Pero para los neoconservadores estadounidenses la mirada era otra: “… Se creyó que la cooperación con otros Estados no era necesaria para implementar políticas de alcance global, ya que la superpotencia podría actuar por sí sola de manera unilateral. Fue ganando lugar la idea de que la superioridad del poder militar norteamericano sería la garantía automática de adhesión otros países. (…) confían menos en las alianzas y en la cooperación multilateral que en el ejercicio autónomo del poder. Con diferentes énfasis, esta caracterización se manifestaba en el uso de términos como ‘momento unipolar’, ‘primacía’ del poder norteamericano.”[2]
El panorama internacional a principios del siglo XXI está enmarcado en la dicotomía unipolar-multipolar. Dentro del sistema internacional, existe una cantidad limitada de cuotas de poder. Si se fue acentuando el poder de países de economías emergentes como los que conformarían los BRICS, es necesariamente a expensas de la supremacía del poder norteamericano. He aquí entonces la importancia para revisar el surgimiento y el desarrollo de los BRICS en estas primeras décadas del siglo XXI.
Los BRICS es una asociación económica, comercial y política conformada inicialmente por Brasil, Rusia, India, China, cuya creación se dio en junio del 2009. Estos cuatros países compartían a principio del siglo XXI características que los ubicaron a la vanguardia de las economías emergentes.
El economista de Goldman Sachs y el irlandés Jim O’Neill, quien acuñó el nombre BRIC en el año 2001 pronosticaban “… un aumento del crecimiento del peso relativo de los BRICs en la economía global y proponía reorganizar los foros internacionales -puntualmente el G7- para acomodar el nuevo peso de los representantes de los BRICs. Brasil, Rusia, India y China combinados aumentaron entre 2000 y 2010 su producción en el producto global más rápidamente que el conjunto de los emergentes. Los BRICs no solamente crecieron más que el promedio de la economía entre 1990 y 2010 (casi 6% anual frente al 2,5% de la economía mundial), sino que además mostraron mayor resistencia en los momentos de la crisis económica de 2008.”[3]
En el año 2010 se incorpora Sudáfrica y pasa a llamarse BRICS. Después se han asociado otros cinco países: Arabia Saudita, Egipto, Emiratos Árabes, Etiopía e Irán. Desde el 2024 se han sumado 13 países asociados: Argelia, Bielorrusia, Bolivia, Cuba, Indonesia, Kazajistán, Malasia, Nigeria, Tailandia, Turquía, Uganda, Uzbekistán y Vietnam. Los BRICS representan más del 42% de la población mundial, el 30% del territorio mundial, el 23% del PIB y el 18% del comercio mundial.
Objetivos y relevancia de los BRICS
La cooperación en los BRICS se basa en tres pilares fundamentales que guían sus esfuerzos hacia un mundo más inclusivo, equitativo y sostenible:
1. Cooperación política y de seguridad
Los BRICS promueven un enfoque coordinado en temas de seguridad global y gobernanza multilateral. Este pilar se centra en:
- Fortalecer las instituciones internacionales: Como miembros activos de la ONU, el G20, la OMC y otras organizaciones regionales y globales, los BRICS buscan una reforma del sistema multilateral para hacerlo más representativo y equilibrado.
Diálogo en seguridad: Los líderes de los BRICS se reúnen regularmente, junto con ministros de Relaciones Exteriores y asesores de seguridad, para abordar cuestiones como el terrorismo, la ciberseguridad, el crimen organizado y la corrupción.
Construcción de consensos: Los principios de respeto mutuo, igualdad soberana y consenso son la base para coordinar posturas en foros internacionales.
2. Cooperación económica y financiera
Este pilar tiene como objetivo impulsar el crecimiento económico sostenible y abordar desafíos globales como la inseguridad alimentaria y energética. Destaca en:
Integración económica: A través de la Estrategia Revisada de Asociación Económica, los BRICS promueven el comercio mutuo, la inversión y la diversificación económica en sectores clave como tecnología, energía verde y agricultura.
Instituciones clave: El Nuevo Banco de Desarrollo (NDB) es un mecanismo central que financia proyectos de infraestructura y desarrollo sostenible en países emergentes.
Colaboración sectorial: Los BRICS trabajan en áreas críticas como ciencia, tecnología, energía y la economía digital, buscando interconectar mercados y fomentar la innovación.
3. Cooperación cultural y entre pueblos
El tercer pilar se centra en fortalecer los lazos culturales y sociales entre las naciones, mejorando el entendimiento mutuo y promoviendo la inclusión. Incluye:
Educación e investigación: Iniciativas como la Red de Universidades BRICS y más de 100 proyectos de investigación multilateral fomentan el intercambio académico y científico.
Cultura y deportes: Eventos como el Festival de Cine BRICS y los Juegos BRICS celebran la diversidad cultural y promueven la unidad entre las naciones.
Desarrollo social: Los BRICS promueven la industrialización sostenible, la participación de mujeres y jóvenes, y la mejora en los estándares de vida de sus ciudadanos.
Anualmente, se celebran alrededor de 150 reuniones en los tres pilares de la cooperación BRICS.[4]
En agosto de 2023, en la XV Cumbre de los BRICS, en la ciudad de Johannesburgo, Sudáfrica, se anunció la entrada para el 1 de enero de 2024 de 6 nuevos países como Estados miembros plenos. Pero el nuevo presidente de Argentina que asumió el 10 de diciembre de 2023, Javier Milei, decidió no ingresar.
El periodista e historiador Néstor Restivo escribe para la revista Acción la desazón que produjo la noticia a principio del año 2024:
“En una decisión lamentable, propia de una política exterior ultraideologizada, el Gobierno decidió no ingresar a los BRICS. Este bloque expresa al mundo emergente que crece, en contraste con el estancamiento relativo de la mayor parte de Occidente y el Norte Global’, twitteó apenas conocida la noticia del No a los BRICS anunciada por el presidente Javier Milei el investigador del Grupo China en el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, del Conicet y de la Universidad Nacional de La Plata, Gabriel Merino, uno de los estudiosos más enfocados en el tema.” [5]
Restivo continúa afirmando: “Merino publicó un sintético cuadro donde se observa cómo en pocos años, los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) superaron desde 2020 al producto interno bruto (PIB) generado por los países del Grupo de los 7, que en su momento fueron las siete mayores economías del mundo pero que ya no lo son. Los BRICS, ahora con cinco socios más, todos ellos grandes productores energéticos y alimenticios, representarán a partir de este 2024 un poder todavía superior. Y Argentina, que era el sexto invitado, se quedó afuera de un armado con más de 40% de la población mundial y una creciente porción de la producción y el comercio planetarios.”[6]
Además, los BRICS cuentan a partir de 2015 con el Nuevo Banco de Desarrollo, con sede en Shanghái como fondos de inversión para el desarrollo, y es una alternativa al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional, controlado por Estados Unidos y la Unión Europea.
Restivo lamenta la oportunidad que pierde Argentina ante el rechazo de formar parte de los BRICS “… Argentina se pierde una gran oportunidad de acceso a préstamos blandos, además de formar parte de un espacio de pares del Sur Global, en lugar de reincidir en una supuesta pertenencia a los países desarrollados que no le aportaron demasiado a la Argentina en toda su historia, más bien lo contrario, o cuando lo hicieron fue a cambio de costos tan elevados, muchas veces propios de un esquema colonial y de centro-periferia.”[7]
En el momento de esta escritura, abril de 2025, nos encontramos ante una situación de incertidumbre mundial frente a la posición unilateral de los Estados Unidos presentado por su presidente Donald Trump como el Día de la Liberación, hecho acontecido el dos de abril del corriente año. Estados Unidos ha iniciado una guerra comercial escalando los aranceles de importación a todo el mundo, luego hizo una pausa por tres meses, pero sostuvo y elevó los aranceles base sobre las importaciones chinas al 145 %. China respondió subiendo los aranceles al 125 de las importaciones estadounidenses y restringió las exportaciones de tierras raras, esenciales para las industrias de alta tecnología. China representa el verdadero destinatario de sus medidas comerciales. Washington se propone no perder su estatus de potencia hegemónica. Su presidente busca rediseñar las reglas del juego del comercio global y de la división internacional del trabajo.
Estados Unidos desestima muchas instituciones como las ONU, la OMC, el FMI, el Banco Mundial, entre otras, que regulaban el mundo desde mediados del siglo XX y hace su juego unilateral. Frente a esto se presentan dos escenarios posibles: “Uno, el de las extremas derechas y las élites oligárquicas globales. … Ese grupo ya eligió romper violentamente el ‘orden liberal’ para imponer otro autoritario, destructivo de toda búsqueda de equidad social y con reglas antidemocráticas para disciplinar sin ahorrar en violencia a las mayorías crecientes de hambrientos, migrantes y zaparrastrosos globales para servir a una minoría hastiada de dinero y poder. Si la democracia liberal o burguesa les sirvió algunas décadas para disfrazar lo brutal del capitalismo así de desnudo, ya no les sirve más.
El otro es el que empuja desde el Sur Global con China como vanguardia, y que tiene su núcleo directriz en los BRICS. El bloque tiene sus contradicciones, debilidades, problemas graves por resolver dentro de cada uno de sus países miembros. Igual que el primer grupo, también asume que el orden global está roto. Pero con una alternativa superadora. Lo hace desde la idea de la cooperación, la multilateralidad, la diversidad y la multipolaridad. También sobre la base de la paz, en tanto en el primer grupo van ganando las posiciones de la guerra, sea la comercial de Trump o los delirios belicistas de la Unión Europea y lo que sea que es la OTAN hoy.”[8]
A modo de síntesis mencionamos la contribución de Merino, GE, Tianjiao, J. BRICS+ y la transición energética global: “…los BRICS representan el ascenso y la ‘insubordinación’ política de los países semiperiféricos, a menudo denominados naciones en desarrollo, impulsados por potencias medias y regionales de escala continental que operan dentro de un escenario global. Esta dinámica expresa una profunda transformación del sistema mundial y refleja el surgimiento de nuevas fuerzas sociales que articulan un nuevo ‘bloque histórico’ Además, la expansión de los BRICS en BRICS+ extiende este proceso a otras regiones del Sur Global, con importantes implicaciones políticas y geopolíticas. … . Al democratizar el orden mundial y fomentar el surgimiento de estructuras alternativas, los BRICS se posicionan cada vez más como una fuerza constructiva para promover el crecimiento económico mundial y mejorar la gobernanza global. Este estudio busca contribuir a los debates actuales sobre la transición de poder y las potencias emergentes, la crisis del orden global, la creciente relevancia de los BRICS+ en el Sur Global y los desafíos internos y los riesgos externos que enfrenta este espacio multilateral en un mundo emergente.”[9]
La hora de los Pueblos
El peronismo se desarrolló en un mundo bipolar. En ese mundo, Perón busca posicionarse de forma equidistante del imperialismo capitalista y comunista, fijando una tercera posición que preserve el desarrollo autónomo de la Argentina. Para esto, tiene muy claro que necesita de la integración, primero con sus vecinos, luego con el resto de América Latina, los Estados Unidos de Latinoamérica. A partir de la experiencia de su propio gobierno, Perón analiza la política intervencionista de los Estados Unidos en América Latina y lo hace responsable junto con los intereses oligárquicos locales, de la imposibilidad del desarrollo de los pueblos latinoamericanos. El golpe militar del 55 en la Argentina alternó con democracias vigiladas y nuevos golpes que se expandieron por toda la región con el sostenimiento de la CIA norteamericana. De este modo se imposibilitó la autonomía de los países latinoamericanos.
Por lo tanto, la tercera posición planteada en el 46 durante su primer gobierno, se reactualiza con el surgimiento del Movimiento de los Países No Alineados en los 60 en defensa del Tercer Mundo.
Mientras la concepción política internacional de Perón y su tercera posición respondieron a un mundo bipolar. En la actualidad el mundo se debate entre el poder hegemónico unipolar de Estados Unidos y un poder multipolar en que los BRICS juegan un papel importante. Es así como su pensamiento antimperialista y la construcción de alianzas estratégicas a escala mundial también juegan un papel importantísimo en la coyuntura actual. Perón se anticipó a la necesidad de generar una integración latinoamericana primero y luego a nivel continental que impulse el desarrollo industrial y tecnológico. La evolución política de las sociedades contemporáneas impulsa a los países en vivir en comunidad dejando de un lado el individualismo propio del capitalismo liberal.
El estudio del antimperialismo nos lleva a poner el foco en los poderes que se debaten en la Argentina y la posición hegemónica de la oligarquía. Aquí también el pensamiento de Perón ilumina el análisis y la relectura de La hora de los pueblos se hace imprescindible.
Cabe destacar que se percibe a lo largo de la historia argentina una línea de conducta de una clase dirigente que responde a los intereses de una minoría que considera a la Argentina como de su propia exclusividad. Este sector explota y entrega sus recursos naturales a los intereses de las potencias dominantes. Aclaramos que no sólo se trata de no entregar los recursos a Estados Unidos e Inglaterra. Conferir recursos estratégicos a China también puede ser parte de nuestra condena al subdesarrollo. Criticamos tanto al sector agro financiero aliado a las potencias occidentales como al supuesto progresismo que ve en China a un pretendido salvador. Los recursos argentinos son argentinos y los debe manejar el Estado argentino. Las sociedades mixtas pueden permitirse en tanto y en cuanto no atenten contra el interés industrial de nuestro país ni contra nuestra biodiversidad. Los 14 millones de litros de agua que la provincia de Catamarca pierde cada día en la extracción de litio es un acto que merece nuestro repudio. Las próximas generaciones verán la desertificación del territorio patrio como consecuencia de políticas laxas en la cuestión minera. No podemos asistir impávidos al ecocidio provocado por empresas privadas y dirigencias provinciales que son la esencia del entreguismo. La vieja excusa de la generación de divisas y empleos queda desestimada. Estas actividades no generan trabajo y arruinan la agricultura familiar que sí puede ser una opción válida para recuperar producción y calidad de vida.
La vigencia de Perón perdura, entre otras cosas, por la existencia de una minoría vendepatria, racista, clasista, represiva y antidemocrática.
Vamos a exponer, a modo de ejemplo, algunos fragmentos de los que se encuentran en La hora de los pueblos.
Ya a principio de su primer gobierno, Perón elaboró el concepto de la tercera posición. Planteaba un alineamiento con aquellos países que no estuvieran bajo la órbita del imperialismo de los Estados Unidos ni de la Unión Soviética. Con el surgimiento del movimiento de los Países no Alineados, asoció la idea de la tercera posición con este movimiento y la necesidad de la unión de los pueblos del Tercer Mundo para conformar un polo que permita el crecimiento autónomo de los países sin la injerencia extranjera.
“…Las ideologías han sido superadas y el dilema ha dejado de ser comunismo o capitalismo para pasar a ser liberación o neocolonialismo. Cuando los imperialismos capitalista y comunista se repartieron el mundo, nacía en el mundo el mismo germen de la liberación por la que hoy se lucha en todas partes. La lucha por la liberación es igual en Polonia, Hungría o Bulgaria que en la Argentina, Brasil o Francia, no interesa el signo bajo el cual se la realiza.
Como Mao encabeza el Asia, Nasser el África y De Gaulle a la vieja Europa y la lucha de Castro en Latinoamérica, millones hombres de todas las latitudes luchan en la actualidad por su liberación y la de sus patrias. Este ‘Tercer Mundo’ naciente, busca integrarse porque comprende ya que la liberación frente al imperialismo necesita convertirse en una acción de conjunto: éste, como ya hemos dicho, es el destino de los pueblos. Así lo enseña la Historia en el devenir incesante de los imperialismos que, a lo largo de todos los tiempos, azotaron a la Humanidad. Hace ya veinte años el Justicialismo anunciaba una ‘tercera posición’ que aparentemente caía en el vacío, pero han pasado los años que no han hecho sino demostrar que estábamos en la verdad, aunque hayamos tenido que pagar el precio de los precursores.”[10]
“Cuando se habla del mundo libre se miente a sabiendas porque, tanto en Occidente como en Oriente, la libertad es un mito en los pueblos sometidos al imperialismo yanqui como al imperialismo soviético. No puede haber un hombre libre en una nación esclava. La liberación que nace con una ‘tercera posición’, tan distante de uno como de otro de los imperialismos, lucha por la verdadera libertad de los pueblos y de los hombres, y constituye el imperativo de la juventud del mundo que aspira a disfrutar de un futuro libre de acechanzas, de la explotación y la esclavitud, que son los únicos frutos que han podido ofrecer hasta ahora los imperialismos de izquierda o de derecha.”[11]
“En el mundo actual, no sólo en nuestro país sino en los cinco continentes, los bandos están claramente definidos: los que anhelan liberar a sus países y los que sirven la causa imperialista del neocolonialismo.”[12]
Durante sus primeros gobiernos (1946-1955), la idea de Perón era establecer alianzas estratégicas, primero regionales y luego continentales frente a la intervención de los Estados Unidos, que por todos los medios se proponía controlar todo el continente americano. Esto lo llevó a plantear una alianza con Brasil y Chile (ABC) y otros países latinoamericanos. Al principio Brasil aceptó, pero por problemas internos sólo pudo firmar con Chile. Luego se le fueron sumando otros países. Es recomendable la lectura detenida de su discurso del 11 de noviembre de 1953, en la Escuela Superior de Guerra, que tuvo carácter secreto y donde explica con detalles todos los pormenores de estas alianzas.
“Así entramos en el siglo XX; bajo el signo de la famosa ‘Doctrina Monroe’ se intenta permanentemente, siempre con los mismos resultados, la integración americana, en la que Latinoamérica sería el caballo y USA el jinete. Ello es precisamente lo que ha impedido la realización de toda integración continental. La existencia de la ‘Organización de los Estados Americanos’ ha sido una permanente campaña por los viejos designios, si bien con resultados bastante limitados en lo que a integración se refiere, porque todos los países de la América Trigueña han tratado de evitar, de una manera u otra, la absorción del Norte. Durante la Primera y Segunda Guerra mundiales se acentuaron los intentos de uniones económicas. Así, en 1939 se constituye el Consejo Interamericano Económico y Financiero; y, terminada la Segunda Guerra Mundial, en 1948, en la primera sesión de la Comisión Económica de la ONU para América Latina, se tratan los problemas comerciales de Latinoamérica; y en la CEPAL, en 1949, se trata la creación de un sistema de clearing interamericano, a lo que se opuso EE. UU.
En estas circunstancias, el Gobierno Argentino promueve la integración latinoamericana mediante el Tratado de Complementación Económica firmado en Santiago de Chile, entre este país y la Argentina, pero que quedó abierto a la adhesión de los demás países con la finalidad de intentar una comunidad económica sudamericana. A este tratado se adhirieron sucesivamente Bolivia, Paraguay, Ecuador, Colombia y Venezuela. Se estaba en los trabajos de extender la firma a los demás países, dentro de los cuales, ya sea por influencia ajena o por suspicacias propias, existían dificultades notorias. En ese Tratado de Complementación Económica se perseguía inicialmente interesar a los países hermanos del continente en una acción económica común de mutua defensa, como punto de partida para una integración ulterior de mayores alcances …”[13]
Este Tratado de Complementación Económica perseguía los siguientes objetivos:
- Un mercado ampliado, sin fronteras.
- Evitar las divisiones.
- Mejorar el nivel de vida de los habitantes latinoamericanos.
- Dar a Latinoamérica el puesto que debe corresponderle en los asuntos mundiales
- Los futuros Estados Unidos de Sudamérica.
Todo queda en la nada después de la caída del gobierno peronista en 1955. Ya en el exilio y habiendo transcurrido más de doce años, Perón revisó el concepto de la tercera posición frente a las alianzas que pretendía enhebrar Estados Unidos en la reunión de Punta del Este en 1961. Allí se presentó la Alianza para el Progreso. Este fue un programa de ayuda económica, política y social de Estados Unidos para América Latina, efectuado entre 1961 y 1970 como respuesta a la revolución cubana. Tres conceptos básicos se manifiestan en Perón: el antiimperialismo, la integración latinoamericana y la necesidad imperiosa de la liberación de los pueblos.
“… Cuando, obedeciendo a los imperativos de la evolución de la humanidad, despiertan los continentes y vemos a Europa, Asia, África, unirse firmemente, nosotros, los latinoamericanos, no podemos contemplar sin dolor el espectáculo de Punta del Este, donde dieciocho presidentes hispanoamericanos se reúnen de la mano del de los Estados Unidos para establecer una asociación ambigua y limitada, sin otro alcance que obtener una ayuda que les obligará a someterse. Por eso, este ‘Mercado Común Latinoamericano’, nace con su cordón umbilical que lo somete a la Organización de los Estados Americanos, a sus diversas y sospechosas convenciones, a la ayuda para el progreso y, por ende, a los Estados Unidos de Norteamérica. Todas estas esperanzas de ayuda parecen convertirles en mendicantes incapaces de labrar su propio destino, sin la independencia ni la soberanía, que son los atributos de la verdadera grandeza de los pueblos que, como los hombres, son grandes por su dignidad y no por su riqueza.”[14]
Perón analizó cuáles eran las consecuencias históricas de este acercamiento con los Estados Unidos que Argentina repitió inexorablemente a lo largo de su historia reciente, profundizando aún más la dependencia, la pérdida total de su soberanía y con ello las posibilidades de un desarrollo y de un futuro que permitiera el bienestar de sus habitantes. El camino elegido es todo lo contrario de lo que sostenía Perón y tantos pensadores argentinos y latinoamericanos.
“… nuestros países no son “subdesarrollados”, como se llama ahora a las naciones sindicadas como incivilizadas, sino que, como consecuencia de confiar en esas ‘ayudas’, hemos sido descapitalizados primero y endeudados luego, porque los americanos del Norte hicieron primero los países pobres y luego inventaron la ayuda para el progreso, que no es tal ayuda, sino una especulación más para seguir sumiéndonos en la pobreza, como muy bien lo había ya afirmado Bolívar hace un siglo y medio.”[15]
“… Nuestros países, faltos de capital, no pueden impulsar su desarrollo porque en el negocio de los países pasa lo que en todos los demás negocios: el desarrollo se impulsa a base de inversión. Siendo ello así, nuestra solución estaba en capitalizar al país. Un país se capitaliza de una sola manera: trabajando, porque nadie se hace rico pidiendo prestado o siendo objeto de la explotación ajena.”[16]
“…Hoy muchos argentinos se preguntan: ¿qué hay que hacer? La respuesta es muy simple: corregir de alguna manera tamaños desatinos y volver nuevamente a empezar, imponiendo nuevas estructuras financieras y económicas, a fin de evitar que este proceso de descapitalización se siga pronunciando, levantar la economía popular y crear confianza mediante un procedimiento serio y efectivo que vuelva a organizar y defender a la economía argentina.”[17]
Estas transcripciones fueron expuestas hace cincuenta y siete años y parecen haber sido escritas hoy. No podemos referirnos a la genialidad de Perón, sino a la triste línea entreguista que subyace en la historia de los pueblos latinoamericanos y del argentino en particular. Estas ideas han permeado en amplias capas de la sociedad, por lo que dificulta la toma de conciencia en la que estamos sumergidos. Pero, frente a estas raíces de nuestra historia, también corren las venas que han luchado y luchan por la liberación de los pueblos, por el reconocimiento del derecho a una existencia plena y por el buen vivir como nos enseñan nuestros ancestros americanos.
“Los pretextos para la entrega han sido muchos y muy variados: algunas veces se la cubre con el desarrollo, otras con la ayuda para el progreso, también con la privatización de las empresas estatales, a veces con el aporte de capitales o las inversiones extranjeras, etc. Pero, aunque los pretextos pueden ser muchos, nadie se engaña sobre la verdadera causa y si la abyección no está en el imperialismo que, al fin y al cabo, cumple sus objetivos, recae infamantemente, en los que, teniendo la responsabilidad de los destinos nacionales, son capaces de traicionarlos. No digamos tampoco que esto es nuevo: se lo viene practicando hace ya más de veinte años, en todas partes, con los mismos trucos, ante la pasividad culpable y consciente de los responsables y la ruina progresiva de las naciones que llegan a caer en las redes de la conquista y en las trapisondas delictivas de los que la hacen posible.”[18]
La integración de Latinoamérica es condición para la liberación de los pueblos: sin unidad regional es imposible hacer frente a la intervención estadounidense.
“El año dos mil nos encontrará unidos o dominados, la mayor lucha de este mundo superpoblado y superindustrializado será por la comida y la materia prima. El mejor destino futuro estará en manos de los que tengan la mayor reserva de ambas. Pero la historia prueba que, cuando los ‘grandes’ han necesitado ambas cosas, las han tomado de donde existían, por las buenas o por las malas. Nosotros, los latinoamericanos, disponemos de las mayores reservas, porque nuestros países están todavía vírgenes en la explotación, pero también por eso el futuro se nos presenta más amenazador. Si no nos unimos para constituir una comunidad que nos ponga a cubierto de semejante amenaza, el futuro ha de hacernos pagar caro tal desaprensión, porque los pueblos que no quieren luchar por su libertad, merecen la esclavitud.”[19]
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Turzi, Mariano: Mundo BRICS: las potencias emergentes. 1ª ed. Buenos Aires. Capital Intelectual, 2011 p. 37 ↑
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Ibídem, pág 37. ↑
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Ibídem, pág. 18. ↑
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www.bankinter.com/blog/economia/brics-paises#: ↑
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Restivo, Néstor Política/Posicionamiento Internacional. Adiós a los BRICS. 05/01/2024. En https://accion.coop/pais/politica/adios-a-los-brics/ ↑
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Restivo, Néstor Restivo, Néstor Política/Posicionamiento Internacional. Adiós a los BRICS. 05/01/2024. en https://accion.coop/pais/politica/adios-a-los-brics/ ↑
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Restivo, Néstor Restivo, Néstor Política/Posicionamiento Internacional. Adiós a los BRICS. 05/01/2024. https://accion.coop/pais/politica/adios-a-los-brics/ ↑
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Restivo, Néstor Mundo/Estados Unidos/China. Guerra comercial, golpe a golpe. en https://accion.coop/mundo/guerra-comercial-golpe-a-golpe/ ↑
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Merino, GE, Tianjiao, J. BRICS+ y la transición energética global. Chin. Polit. Sci. Rev. (2025). https://doi.org/10.1007/s41111-025-00291-5 ↑
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Perón, Juan Domingo: La hora de los pueblos (1968); Latinoamérica: ahora o nunca (1967) / Perón. – Buenos Aires: Biblioteca del Congreso de la Nación, 2017. pág. 152.
Las negritas son nuestras ↑
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Ibídem, pág 162. ↑
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Ibídem, pág. 183. ↑
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Ibídem, pág. 234-235. Las negritas son nuestras ↑
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Ibídem, pág. 241 ↑
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Ibídem, pág. 243 ↑
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Ibídem, pág.145 ↑
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Ibídem, pág.148 ↑
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Ibídem, pág. 170 ↑
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Ibídem, pág. 242 ↑