…”y ataca a los más villanos sin más armas en la mano, que un diez en la camiseta”. Así dice la impresionante introducción de ese increíble, exuberante y movilizante tema musical de Los Piojos”, que aún hoy nos hace erizar la piel y emocionarnos, a decenas de millones de argentinos, cada vez que se lo escucha.
“Vir´ Napule e pó muor” (Ver Napoli y después morir)
Cómo muchos argentinos, la mitad de mi familia es italiana. En mi caso, empezando por Mi Vieja, La Mía Mamma. De grande, a los cuarenta y pico de años, pude cumplir el sueño de toda la vida: visitar su casa de Italia; desde donde salió de pequeña junto a su familia (tras la Segunda Guerra Mundial), para hacer grande a esta hermosa Patria Argentina. Luego de ese viaje pude volver tres veces más, pero el primero, siempre es el más especial, ¿No?
La vivienda, se encuentra en la Comuna Di Casoria, una especie de Conurbano Bonaerense de Nápoles, algo así cómo Ramos Mejía, si tomáramos a Nápoli cómo la Ciudad de Buenos Aires. Todos allí se identifican cómo Napolitanos. Cuando hicimos el viaje, a fines de 2017, no conocíamos a nadie de la familia. Tan sólo habíamos visto a mis tíos italianos de pasada alguna vez, décadas atrás; en un viaje que hicieron a nuestro país. Pero eso importaba poco y nada: Nápoles es mágica, y todo lo que pasa allí, también.
Por empezar, decidimos quedarnos en el Hotel Royal Continental, que si bien es de 4 estrellas, frente al Mar Tirreno, estaba muy barato. Y ¡para qué!… Cuando dijimos que éramos argentinos, las atenciones comenzaron a llegar por doquier: cambio de habitación por otra más grande con balcón de cara al mar, trato maravilloso, casi familiar y muy intenso; y nos contarnos la historia de que aquel hotel, había sido la primer residencia en Nápoles, de quien era el real causante de todo ese cariño: DIEGO ARMANDO MARADONA.
Nuestro primer día por las calles napolitanas, lo hice con la remera de Argentina… ¡Y mi Señora casi se divorcia! Al caer la noche, tuve que guardar la casaca en la valija, y no volverla a sacar en todo el sur de Italia: ¡70 personas nos habían pedido sacarse fotos con nosotros, tras escucharnos hablar en argentino y vernos con la celeste y blanco! Los primeros pedidos de fotografías fueron halagadores. Pero al número 70, queríamos romper todo, por más que pusiéramos una forzada cara de amabilidad. Jamás nos había pasado eso en la vida, porque no somos personas públicas. Pero de nuevo todo aquello tenía el mismo nombre y apellido grabado cómo causante: DIEGO ARMANDO MARADONA.
Al ser argentinos, casi por carácter transitivo, pasábamos a ser parte de la estirpe maradoniana, y amados por todos.
Recuerdo a una chica punk, con menos pinta de fútbol que un senador de USA, y que nos dijo que no le gustaba el fútbol, qué no lo entendía ni seguía, pero que amaba a Maradona, porque “Diego e Dignitá” (Diego es dignidad). Y en todas partes, había cientos de imágenes, murales, camisetas, bufanda, posters, etc; con la imagen del Diego, cómo si todavía estuviera jugando allí. Un kiosquero de un puesto de diarios, me lo explicó con sólo una frase: “Chi ama non dimentica” (“El que ama, no olvida”) y me cobró la mitad por una bufanda con esa frase, cuando se enteró de que era compatriota de Diego.
La casa de la Mia Mamma
Cuando llegamos a la casa de mi madre, un palazzo de dos pisos con un arco en el medio que tiene un hermoso jardín central y seis viviendas (donde todavía vive mi familia); pensamos que sólo íbamos a sacarnos una foto y saludar protocolarmente a algún pariente lejano, pero enseguida nos reonocieron y en cinco minutos habían armado una gran mesa a la que no paraba de llegar gente que hasta aquel entonces, no teníamos ni idea de quienes eran.
No importaba, todos nos saludaban con abrazos y dos besos, cómo si fueramos los mejores amigos de toda la vida. Mi italiano cocoliche no molestaba a nadie, y todos tiraban alguna frase en castellano, mientras hablabamos moviendo las manos y sin pronunciar la última sílaba, cómo hacen todos los napolitanos. Era como cuando de pibes nos juntabamos todos a comer con La Nonna y el Nonno, en la casa de mis Viejos.. Los mismos olores, los mismos sabores, la misma poesía en el aire.
Mi zía (tía) no dejaba de decirle a mi hijo: ¡Mangia, mangia ragazzo! Cómo lo hacía la Nonna Margherita con nosotros cuando eramos jóvenes. No pude esconder las lágrimas en aquel encuentro, y lo que iba a ser una foto frente a la fachada de la casa, que estaba casi igual que en 1949 (cuando la dejó mi mamá), se convirtió en una cena y sobre mesa de más de cinco horas; en donde el tema principal, cómo no podía ser otro, fue: DIEGO ARMANDO MARADONA.
Ahí pude comenzar a comprernder, quien era Maradona. No sólo un jugador de fútbol. Era un Eroi, el más humano de los Héores. Incluso mi Zio (tío) odontólogo, contó que había operado en norte de Italia, y cuando decía que era de Nápoli, lo miraban con cara extraña y rostros nerviosos, cómo si fuera menos especialista por ser napolitano. Aún hoy, cuando habla de Diego, le brillan los ojos, al igual que toda mi familia. Por supuesto que con mi señora y mi hijo nos hicimos más hinchas de lo que ya eramos del Napoli, a un nivel casi parecido al fanatismo que tenemos por el Racing Club de Avellaneda.
Es que DIEGO habló por los napolitanos, los defendió de las injusticias del norte, de la llamada Italia rica, expuso con su vehemencia, la falta de recursos, infraestructura, y la discriminacióm que vivía el Sur de la península; y no sólo Nápoles, sino toda la mitad deI país, de Roma para abajo, lo siguió a puño cerrado. Era el scugnizzo, el Pibe de la calle irreverente, que levantaba a todo un Pueblo. Y no sólo en Italia.
Otro día, paseando en el mausoleo popular que le levantaron en el Quartiere Spagnoli (Barrio Español) de Nápoles, un vendedor de Bangladesh nos contó que su familia, al igual que la de millones en su país, recién había podido tener una televisión en las vísperas del mundíal de México ´86. Y que cientos de millones de sus compatriotas y él mismo, festejaron a lo loco, los dos goles a los ingleses, cómo una pequeña venganza contra quienes había perpetrado un terrible genocidio de millones de víctimas en su patria, y del que casi nadie habla en el mundo.
Por lo que todos se había hecho fanáticos de ese jugador petiso y mágico, y del país que lo había visto nacer. Y aún hoy, en 2026, cada vez que juega Argentina, millones de personas en Bangladesh, siguen los partidos, y alientan cómo un argentino más.
Cara Napoli, ¡Querido Diego!
La intensidad de Nápoles nos hace volver una y otra vez. Es cierto que los napolitanos son gritones, densos y tumultuosos, pero también son afectuosos, cariñosos, muy familieros y muy leales. Casi una postal de la Argentina. Caminar por sus calles, es ver muchas veces gente y automovilistas incumpliendo las más mínimas reglas de tránsito, y en algún colectivo lleno tener que llevar la mochila adelante como en casa, y cuidando las pertenencías. Pero también, hay millones de napolitanos listos para ayudarte, para darte una mano y un calor humano cómo no existe en otro lugar de toda Europa.
Otro día, mi primo Carmine, nos llevó la “L´Antica Pizza Da Michele”, una especie del Imperio de la Pizza, la célebre pizzería de Chacarita, pero en Italia; y que está catalogada cómo la mejor de todo el país. No sólo eso, sino que Da Michele ha ido abriendo locales por toda Europa. Pero el primero, y único, está en Nápoles, y es medio tugurio, cómo el de Chacarita.
La diferencia es que cuando entrás allá, están las fotos de Michele, su creador, junto a Julia Roberts, Steven Spilberg y el Galdiador Rusell Crowe entre otros; y te cuentan que allí se filmo la célebre película “Comer, rezar y amar”de 2010. Pero sin dudas, el lugar más especial del sitio, es la MESA de DIEGO, donde supuestamente comía El Pelusa, con cartelito conmemorativo incluido; y las imágenes que más atrapan a todos los comensales son las de DIEGO ARMANDO MARADONA.
Cuando se enteraron de que eramos argentinos, no sólo nos reaglaron pizza gratis, sino que los cocineros y mozos nos mostraron sus tatuajes (en brazos, piernas y torsos), del escudo del Napoli junto a banderas de Argentina, remeras de nuestra selección y hasta uno junto al …¡escudo nacional argentino! Ese mismo pizzaiolo, además de quedarse un buen rato hablando con nosotros, nos explicó: “en el mundial, primero alentamos a la Argentina, por Diego, y después, a Italia”
DIEGO, amato per Tutti (amado por todos)
Pero lo más impactate de aquel primer viaje, es vimos a un Diego amado por todos. Ya fueran de clase alta, media o baja. Desde el majestuoso Vomero con sus casas de alta moda internacionales hasta los hiper residenciales quartieres de Pozzuoli y Possilipo, donde vivía Diego, pasando por Scampia con sus torres sovieticas en forma piramidal (que hacen que Lugano 1 y 2 parezcan el Barrio de Recoleta, al lado de ellas); hasta llegar a Seccondigliano, barrio catalogado cómo el más peligroso de toda Europa.
En todos lados una imagen unía (y aún lo hace), a toda la sociedad napolitana: DIEGO ARMANDO MARADONA; a la misma altura que San Genaro.
En otra ocasión, nos juntamos con unos amigos que eran profesores en la prestigiosa “Universidad Federico II de Nápoli” (la primera universidad laica del mundo), y nos explicaro que cuando Diego llegó a Nápoles, la ciudad y todo el sur estaba inmerso en la violencia, la dejadez y la gigantesca distancia social entre el Sur y el norte.
Y que cuando el Nápoli calcio iba al norte, le ponían banderas que decían “Benvenutti Africani” (bienvenidos africanos), que eran muy hirientes y racistas.
Pero que el Pueblo napolitano creyó en Diego desde antes de que pisara por primera vez el campo de juego, y por eso el Estadio San Paolo (hoy llamado Stadio Diego Armando Maradona) se lleno desde el día de su presentación. Y el Pueblo de Nápoles, no se equivocó.
Es más, nos contaron que incluso antes de ganar el primer título, el Primer Scudetto de su Historia, justamente de la mano de Diego, todo el Sur ya lo amaba, y ese inquebrantable amor se selo en un momento en particular: el 18 de marzo de 1985.
Unos días antes de esa fecha, un compañero de equipo, Pietro Puzzone, habitante de Acerra (otro de los pueblitos del conurbano napolitano), le pidió hacer un partido por un niño de la comuna, llamado Luca Quadro y que debía se operado en Suiza de urgencia por una malformación en el paladar.
Una intervención carísima. Imposible de solventar para cualquier familia del humilde lugar. Diego no dudo un instante y le dijo: ¡Contá conmigo!, pero cuando fue a comunicárselo al presidente del Nápoli, Corrado ferlaino, este lo sacó carpiendo.
La Partita nel Fango
El domingo 17 de marzo, el Napoli había vencido a la Atalanta por 1 a 0 en el San Paolo, tras una jornada de copiosas lluvias y un campo de juego imposible, ¡Y Diego quería jugar al día siguiente por un niño pobre! Ferlaino puso el grito en el aire.
Pero lo que no sabía Ferlaino es que estaba hablando con DIEGO ARMANDO MARADONA.
Y ahí surgió el Eroi. Al día siguiente, el lunes 18 de marzo, Diego se rebeló como lo que era: un extraordinario futbolista y extraordinario ser humano.
Napoli acababa de asegurar sus piernas en el Lloyd Bank, por 12 millones de liras, y Ferlaino se negó rotundamente a seguir escuchando su pedido.
Entonces Diego puso en marcha el Plan B. Habló con los jugadores del equipo, uno por uno, y doce de ellos lo acompañaron a jugar en el pequeño Stadio Comunale de Acerra. Jugadores de larga impronta cómo Bruscolotti o Puzzone, y también llevó su hermano Lalo. Fueron en sus autos particulares, llevaron las remeras y pantalones del Napoli en bolsos para cambiarse atrás de los autos, porque la canchita ni siquiera tenía donde hacerlo.
El rival fue Real Santa Lucia, el equipo regional. El partido terminó 9 a 1, y Diego lo jugó cómo la final del mundial. La cancha era un lodazal, y apenas se veían dos matitas de pasto atrás de un arco. Ni un partido de rugby podría haberse jugado allí ese día. Los jugadores terminaron embarrados de pies a cabeza.
En las desvencijadas tribunas de la cancha, entraban unas 5.000 personas, pero todos afirman que había más de 10.000 presentes, y que con cada gol, las gradas temblaban y todos pensaban que en cualquier momento se iban a matar; pero nadie se movió del lugar, hasta mucho después de terminado el amistoso.
Los catedráticos aún recordaban, más de 30 años después, que Diego hizo un gol similar al que en poco más de un año le convertiría a Inglaterra, en México 86. La noticia, fotos y videos, corrieron como reguero de pólvora, y las 24 horas, lo sabía toda Italia. En el encuentro, se juntó el 30% del monto requerido y Diego puso el 70% restante, y el niño pudo operarse.
Hasta pagó una caución por el dichoso seguro de Ferlaino. Faltó que le dijera: “¡Quedate con el vuelto, Corrado!”. Nada importaba ya, sólo que el pibe pudo operarse, y se había salvado.
En los bares napolitanos, la gente lloraba y festejaba cómo si hubiera conseguido un título. En el siguiente partido del Napoli, la cancha se venía abajo, no cabía un alfiler, y todos deliraban por Diego. El Eroi había llegado.
Una periodista, Gabriella Simoni hizo un documental sobre aquel día. Sin ser especialista en fútbol, comprendió que aquella jornada, épica y solidaria, clandestina y extraordinaria, era una síntesis de la vida del Diego. Y le puso, cómo no podía ser de otra manera “La partita nel fango”, cómo se lo recuerda hasta el día de hoy.
Ambos docentes todavía rememoraban ese partido con emoción, y a DIEGO ARMANDO MARADONA, cómo el Eroi al que consideran muy suyo y muy Argentino a la vez.
El que en Argentina, siempre estuvo al lado de los jubilados, La Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, los pibes de las calles, y los más necesitados, dándole un escarnio a los poderosos de la Elite del 1%. El héroe que tuvo excesos, y problemas en su vida personal, pero que cómo bien lo dice el termino, era su vida personal. Hoy varios de los que siguen señalándolo con el dedo acusatorio, parecerían sin embargo perdonarle cosas muchísimo más graves a la Elite Epstein del 1%; con la que se muestran sumisos, lame botas y arrastrados.
Conclusión: ¡Diego es mucho más que fútbol!
Cuando nos despedimos, uno de los profesionales nos dijo: “Hoy hay muchos excelente jugadores de fútbol, Cristiano, Mbappé y Messi, ellos son la frutilla del pastel, pero DIEGO era y es, todo el pastel… ¡Diego es mucho más que fútbol!”
Transitar por las calles, pueblos y autopistas y pueblos de todo el Sur de Italia en 2026, es ver carreteras nuevas, bellos trenes, y muchísimas obras, infinitamente más que en la Década de los ´80. Todo llegó después de que el mundo entero viera, que en el campeonato mundial que Italia organizó en 1990 para mostrar su grandeza al planeta, la mitad del país decidió darle vuelta la cara a Roma, y alentar por Argentina en la semifinal de aquel torneo, entre Italia y el país de Diego. Fue la primera y única vez en le historia que algo así sucedió. El motivo obvio: de nuevo DIEGO ARMANDO MARADONA, el 10 del Nápoli, el hombre que le había abierto los ojos a la mitad del país.
Después de eso todo cambio. Los políticos del Palazzo Quirinale comenzaron a mirar al Sur, y las obras empezaron a llegar. Hoy, pese a que todavía falta, Italia es otra.
Por las calles de Nápoles, de la Boca, de Fiorito o la Paternal, todavía dicen que puede verse, sentirse y palparse el Espíritu del Diego, al igual que en cada Villa de Emergencia, Favela, Cantegrill, Barracci, Bidón Ville o Chabola del mundo donde haya alguien necesitado.
Porque cuando las “papas quemen” y parezca que no hay esperanzas, y que los villanos, los Milmillonarios del mundo y sus lacayos van a salirse con la suya…el grito de MARADO, MARADO, volverá a resurgir fuerte y levantar… ¡A MILES de MILLONES!