Los ojos de Berni,  Federico Klemm y la camisa de Versace

Los ojos de Berni,  Federico Klemm y la camisa de Versace

Por Xavi Nuñez
Cuentos breves

Posiblemente sus ojos lleven tres días sin cerrarse. celestes brillan como el mar de  una playa de Cancún,  un all inclusive emocional con barra libre para el desacato,  pero nada de eso sucede hoy; solo en su cuarto,  suena Opera, María Callas le da sonido al ambiente y el piensa en su Polonia natal, y aunque su camisa huele al humo y a todo lo que se respira  en el aire del boliche  Bunker, su mirada, que parece perdida, se posa fijamente en una pieza de arte de su colección, y se arrastra elegantemente hacia ella, como una especie de perro siberiano entre la nieve que se perdió en una fiesta de la espuma de los años 90s.
En el borde de la pared, casi como una reserva moral del cuarto, entre los brillos de la habitación, luce el cuadro de Antonio Berni, estoico entre la confusión, trayéndolo la realidad.
 La tristeza y la picardía de Juanito Laguna (personaje de niño humilde de la obra de Berni), manifiesta en sus ojos,  con círculos llenos de agua y fuego,  una melancolía profunda, como los de su dueño, el coleccionista de arte,  y  en este caso observador, Federico Klemm, en su banquete telemático, donde conviven fielmente, esa «psicodélica star de la mística de los pobres» con los excesos y la libertad que el arte propone.
En la otra punta de la habitación, Un póster de Maradona con las pupilas ardidas,  luciendo una camisa de Giani Versace (una especie de homenaje al arte Kitsch) cuyo dorado cruje y se integra orgánicamente con esa  tristeza que sugiere la obra de Berni.  
El oro brilla por todos lados,  en la imaginación de Klemm y  también en los cuellos de los pibes en los barrios populares de algún Juanito Laguna contemporáneo, el dorada se impone,  como  en su piel y como en la camisa que luce «el diez».  
Todo late y convive sin culpa, la mirada de Berni,  los abraza a todos con empatía y cariño en esa habitación,  susurra al oído palabras de amor, dedicadas a esa infancia perdida y todo parece volver a la calma. Una vez mas, el arte hace su trabajo, nos iguala en los márgenes y nos invita a sentir
Quizás, estos sean tiempos para buscar la verdadera libertad en lo que nos distingue, pero nos iguala universalmente, donde el odio y la inquisición es cada vez mas insoportable, el arte siempre estará allí para abrazarnos y reflexionar.

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